EL OBJETO DEL DESEO

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Hace unos cuántos años que fui al cine a ver una singular película que era una copoducción francoespañola realizada por el estupendo director valenciano José Luis Berlanga llamada TAMAÑO NATURAL.

La historia versaba sobre un adinerado dentista de la capital del país galo que un día adquiere en una importante sexi-shop una muñeca hinchable pero tan bien fabricada que es capaz de emular a la perfección a una mujer de verdad, por lo que su propietario se encapricha de ella enseguida. No tan solo la utiliza para saisfacer sus más recónditas fantasías eróticas y sus sueños románticos sino que además la viste con la indumentaria de una doncella aristocrática del siglo XlX resaltando así su feminidad - que a mí como espectador erotómano que soy también me subyugó bastante; comprendí su sutil sensibilidad- y la presenta a su anciana madre como si de una novia formal se tratase. Por otra parte el sujeto en la habitación de su apartamento le cuenta a su muñeca tanto sus problemas personales como sus opiniones acerca de otros asuntos con la seguridad de que ella no le llevará la contraria y se limitará a escucharlo pasivamente; cosa que en su familia no puede retener la atención de nadie porque que cada uno de los miembros de la misma vive encerrado en su mundo particular.

Se podría pensar que aquella excéntrica actitud del dentista con aquel objeto del deseo era propia de un ocioso hombre rico volcado en la apariencia de las cosas; que se engañaba a sí mismo pero en la película hay una escena en la que un obrero entra en la vivienda del dentista para hacerle un trabajo y al percatarse de la ficticia beldad de la muñeca con su larga cabellera de color castaño cayéndole por encima de los hombros, sus ojos con una mirada de una pícara inocencia y sus rojos labios entreabiertos de un modo incitante, el recién llegado instintivamente se abalanza sobre ella para que le practique una ansiada felación ya que su convencional esposa no está dispuesta a hacer.

El dentista cada vez se va distanciando más tanto de su familia como de su vida profesional, hasta que llega a un punto en que aquella falsa situación se convierte en un callejón sin salida, en una encerrona sin ninguna expectativa de futuro y el hombre acaba  suicidandándose en su coche junto a su muñeca arrojándose a las heladas aguas del rio Sena pero que no obstante la muñeca sale a flote como un símbolo imperecedero  de la mujer soñada por el género masculino. Pues una cosa es cómo se vive y otra cómo se desearía vivir.

A mi parecer esta película era un cuento sobre la soledad del individuo perdido en sus trasnochadas fantasías en la sociedad actual.

Se me podrá objetar que el protagonista de esta historia es  un sujeto machista que utiliza a la mujer como a un simple objeto sexual para su deleite personal sin tener para nada en cuenta su sensibilidad ni su pensamiento que forman parte de su razón de ser. Y se estará en lo cierto. Sin embargo hace unos años que este proceder era moneda corriente en la sociedad y nadie se escandalizaba por ello.

La costumbre en muchos pueblos de la Península Ibérica y también en las ciudades era que en un matrimonio a la hora de hacer el amor, durante el coito solo el hombre podía expresar su satisfacción sin atender al erotismo más retardado de su compañera, por lo que ella la mayoría de las veces se quedaba en blanco sin sentir disfrute alguno. Mientras que el fogoso varón era el ser procreador, la fémina tenía que ser el impasible recipiente de la semilla que vertía su pareja. Mas si por ventura la mujer en la cama sentía un placentero orgasmo, según el puritanismo que imperaba en aquella época ella no lo tenía que demostrar porque a juicio de la misma mujer que se consideraba más decente que nadie aquello sólo era un derecho de las "viciosas" prostitutas callejeras que simulaban el goce sexual en la cama para contentar a sus clientes y que éstos volvieran otra vez con ellas. Tanto el hombre como la mujer tenían que asumir unos viejos roles sociales que estaban por encima de las personas en sí.

Sin duda esta absurda costumbre se desprendía del mito político-religioso que  influía a nivel inconsciente en la sociedad la cual no nos engañemos, siempre se ha dejado manipular de una manera irreflexiva por cualquier doctrina o ideología del color que sea que pueda imponer un líder carismático instalado en el poder en razón del sentido de autoridad que éste pueda ostentar.

En base a este mito político- religioso en el que subyacía un ciego sentimiento egocéntrico el hombre que la tradición decía que era una emanación del dios-creador tenía que ser el único protagonista en una relación heterosexual a costa de la mujer, la cual a decir verdad lejos de sentirse una víctima oprimida era la primera en rendir una incondicional pleitesía a dicho mito, y por tanto en fomentar la tradición machista.

Pero afortunadamente en la actualidad esta vieja costumbre sobre la vida sexual en una pareja ha pasado a mejor vida. A partir de una evolución social enmarcada en la lógica del pensamiento cientifico que recalca que deben de disfrutar en la cama  tanto el hombre como la mujer existe un poquito más de realismo en las relaciones de pareja.  En mi caso la vida a pie de calle me ha enseñado que si mi compañera sexual lo pasa bien conmigo haciendo el amor, mi placer aún aumentará más. Pues está claro que el sexo es un diálogo sensitivo entre dos seres humanos, y no un aburrido y demencial monólogo de un ser superior sobre el otro. Esto me lleva a considerar que si deseo adornar mi acto sexual con una fantasía erótica, lo debo de consensuar con ella.

Pero todavía hoy en día hay muchos paises orientales en los que sus habitantes viven dominados por la tradición del mito político-religioso cuya vida sexual sigue los mismos patrones medievales de nuestros antepasados en un lejano ayer. Y como esta santa tradición está tan arraigada en el inonsciente de la gente, el cual suele evoluccionar muy poco a lo largo del tiempo se hace difícil pensar que estos lugares puedan llegar un día a evolucionar.

En estos paises se vive en una contradicción. Mientras que por un lado se puede ser experto en Ciencias o en Tecnología de un modo utilitario, por el otro lado por poco creyente que se sea, se sigue sacralizando a la santa y anticuda tradición que condiciona irremisiblemente la relación de pareja.

Por eso yo pienso que es conveniente tener tanto a un dios como a una ideología a distancia. Porque en caso contrario si esta cosa adquiere preponderancia en nuestras vidas, el ser humano se convierte en el fiel esclavo de la misma. Y entonces adiós libertad.

 


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