Desengaño y nuevo amor. Reflexión.

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        El invierno llegó de un día para otro, sin avisar. Bueno, eso no es totalmente cierto. Digamos que cuando salí a la calle, después de tres días recluido en casa, descubrí que el sol era de mentira y hacía mucho frío, casi tanto frío como el que tenía en mi corazón.

       Se llamaba Susana y era mayor que yo. Ella fue la que se acercó a mí y me relató su vida. Una vida llena de altibajos, con un par de relaciones nada satisfactorias en las que los hombres no se habían portado bien con ella. O al menos fue lo que me contó. Recuerdo que sin ser un bellezón era atractiva y me sonreía. 

      Sí, creo que su sonrisa fue lo que me desarmó. Yo no había estado con ninguna chica antes y era todo ingenuidad. La primera vez que me besó fue algo maravilloso. 

      Un día me contó que no andaba muy bien de "pasta" y me dijo que si podía venir a vivir conmigo. Le ofrecí una habitación en mi casa, comida y dinero para sus gastos. La primera semana todo fue bien, pero luego empezarón a ocurrir cosas. Salidas con amigos hasta altas horas de la noche, gastos en ropa elevados y lo que más me dolió, falta de atención. Ya no había besos, por no haber no había ni palabras de cariño por su parte. Protesté, hablé con ella, le pedí explicaciones. 

      Al día siguiente de nuestra charla Susana volvió a las andadas, sus excusas poco creíbles. Discutí con ella, me enfadé un poco y ella reaccionó dándome un beso, pero no funcionó. La pregunté sobre nuestra relación, sobre sus sentimientos. Quería saber la verdad. Ella me invitó a compartir la cama esa noche y a la mañana siguiente, tal y como lo maquinó, todo estaba resuelto. Pasaron las semanas, se repitieron las salidas, los gastos y las palabras, palabras que ocultaban la verdad... pero todo quedaba en el olvido cuando compartía el calor de su cuerpo y aceptaba sus mentiras.

             Un día llegó a casa y me anunció que había conocido a otro hombre y que le quería. Metió ropa en una maleta y se marchó sin despedirse, sin un beso, sin ni siquiera una palabra de gracias.

     El invierno fue crudo y frío, lleno de desconfianza. Pero toda desdicha llega a su fin. He reflexionado, he madurado y quizás, solo quizás, soy algo más sabio. Una nueva chica ha entrado en mi vida, la he invitado a cenar y hemos paseado por la orilla del mar. Su sonrisa es bonita, su voz amable y sus besos tienen un mezcla de sabor entre dulce y amargo que los hacen adictivos. No sé a dónde conducirá esta historia, no soy de los que lo tienen todo planeado... pase lo que pase no renunciaré al único amor que me mueve... al amor romántico.


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