CATALINA DE MÉDICIS Y MICHEL DE NOSTRADAMUS

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                                             CATALINA DE MÉDICIS Y MICHEL DE NOSTRADAMUS

 A propósito de los sucesos no tan recientes en la Iglesia de Nuestra Señora de París, seguidores y detractores de Michel de Nostradamus, pusieron como cada cierto tiempo, su nombre en la palestra.

  De las muchas historias que hay alrededor de este enigmático personaje, extraigo esta que me llamó la atención.

Caterina Maria Romula di Lorenzo de Médicis (Catalina de Médicis), llevaba once años de infeliz matrimonio con Enrique II, debido a que no había podido darle hijos y su marido aprovechaba la vaina para acostarse con cuanta cortesana y concubina podía, esto le producía a la reina, reflujo, intensas agrieras, incapacitantes migrañas, y unos terribles calambres abdominales que la dejaban postrada en cama, por días; mientras el “bollón” don Quique, andaba de francachela.

  No se sabe cómo, pero se sabe, que Catalina se enteró de que a su ciudad había llegado Michel de Nostradamus, cuyas ejecutorias en medicina y en el arte de la adivinación eran voz populi.

La reina lo llamó a palacio, entonces Michel “el buenón”, sin preguntar de qué EPS era, abrió un campito en su apretada agenda y acudió presto.

A su mandar mi reina—le dijo Michel, una vez estuvo frente a la dama—

 Los médicos—dijo Cata—, adivinos y hechiceros de mi reino, me salieron ‘agua e’ bollo’, llevan once años dándome caramelo con el cuento de que este mes sí, y ya estoy mamada de que Enrique ande por ahí como el gallo de las Espinosa.

Por supuesto que, Nostradamus ya conocía la situación de la soberana, así que cuando le dijeron que ella lo conminaba a que fuera a verla, no se necesitaba ser adivino para saber el motivo, así que había llegado preparado.

En un matraz de fondo redondo vertió orina de cordero, sangre de liebre, metió la pata izquierda de una comadreja (previamente sumergida en vinagre), agregó cuerno pulverizado de un ciervo en celo, boñiga de vaca recién parida y leche de burra primeriza, mezcló todo con una ramita de arce de los Apeninos y le dio a beber ese delicioso mejunje (menjurje) a la reina.

Dicen las malas lenguas que cuando Nostradamus puso su pie izquierdo fuera de la cámara real, ya la reina se estaba embarazando, y que fue tan efectiva la destapada de las trompas, que Catalina le alivió la verija a Enrique, pariéndole diez hijos.

Presiento que, en alguna de sus proféticas y enigmáticas Centurias, debe haber una referencia al SARS-CoV-2. Algo así como:

 Desde las profundas oquedades

que oscurecen el Oriente

volará sin alas, un chimbilá.

El éter llevará su asolador vaho.

 

 

 


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