Fría tierra

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Con el culo dormido de la fría y húmeda tierra despertó, salió del sueño para vivir la 
pesadilla en la que militaba desde hace diez meses en los que todo tiempo pasado 
se sentía mas sueño que recuerdo, sabia que el frio y la humedad no formaban parte
de sus sueños ya que dormía cómodamente en el barracón de primeros oficiales, 
sus estudios administrativos le habían echo subir escalafones a gran velocidad en la
academia militar y aunque tenía buenas aptitudes físicas para el combate cuerpo a 
cuerpo sus supervisores le vieron otras de las cuales no dudo en sacar provecho con
la normalidad de el ser humano.

Otro pinchazo en el culo para dejar atrás el despertar e intentar levantarse pero algo 
no iba bien su cuerpo parecía no pertenecerle y se sentía raro como aquella vez de 
niño en ese frío quirófano de hospital donde unas caras enmascaradas le hablaban
a contraluz para decirle que todo saldría bien solo que esta vez no había ni caras ni luz
solo esa sensación de aletargamiento molesto.


Sin haber levantado la cabeza ni afinado la vista intentó apoyar las manos en la fría 
y húmeda tierra pudo sentir como una de sus manos se deslizaba en su regazo hacia el
y quedaba trabada en algo viscoso que a su vez calmo los pinchazos en el culo, tuvo 
fuerzas para abrir los ojos y sin mover la cabeza pudo ver su mano enredada en sus 
intestinos la adrenalina activo su cuerpo pudo mover la cabeza y visualizar el horror, 
destripado desmembrado en tierra vencida de nadie y con asiento en primera fila para 
ver el ocaso de su propia vida.

 

Ese día solo pude escuchar el viento mis propios lamentos y algún graznido que no 
sabría identificar después de lo que vi, el capitán Tomas yacía a mis pies al
menos la parte por la cual era reconocible pude recordar nuestra discusión sobre 
abandonar el campamento por la expresión de su rostro, entre decepción y miedo  
pensé en que quizás conocía su final cuando aun estaba vivo.
Al otear mi entorno  me di cuenta de que ningún cuerpo estaba vivo excepto yo, 
a pesar de la gravedad de mis heridas mi conciencia quería castigar mis decisiones 
con vida.

Decidí mal y muchos soldados murieron me dieron una medalla por ello.

 

Algunos viven por castigo y yo soy uno de ellos, quiero morir y dejar de sufrir pero ni
con las tripas fuera puedo dejar de ver sus caras de miedo y decepción. 

 

 

 


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