Testigos de un acto de disciplina. Cita en el parque.

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    Finales de diciembre. Hace frío pero el sol brilla invitando a dar una vuelta por el pulmón de la gran ciudad. Los árboles ofrecen una gama de colores de lo más variopinta. Unos se visten de esperanza a juego con el cesped. Otros, caducos, aun sostienen alguna hoja amarillenta con la que a duras penas ocultan su desnudez. Hay puentes de madera y pequeños estanques en los que nadan los patos. 

       Después de caminar una media hora, tratando de evitar los caminos de cemento por los que pasea mucho gente y adentrándome sin rumbo fijo en el parque, me detengo unos minutos frente a una fuente de la que no mana agua. Unos niños juegan mientras sus padres reposan sentados en un banco de metal. Un chico y una chica se alejan sonrientes cogidos de la mano. 

     De pronto oigo una discusión y presto atención. Frente a mi, a escasos metros, pasa una muchacha de unos quince años con cazadora granate. Tiene el ceño fruncido y camina con los brazos cruzados. A unos diez metros la sigue un hombre alto con cazadora azul que tiene pinta de ser su padre. 

- ¡Ven aquí ahora mismo! Este año no hay regalos ni Navidad, ¡me entiendes! -

- Déjame en paz. - responde la chica con cabreo acelerando el paso.

- He dicho que vengas. No me hagas enfadar más. - repite su progenitor caminando más deprisa.

De pronto la muchacha echa a correr y su padre hace lo propio.

    La actitud de la joven no me parece muy inteligente ya que su padre está realmente enojado. Sigo la escena con interés, viendo como la distancia entre ambos se acorta con rapidez.

       A los pocos segundos el padre captura a la hija agarrándola por la cintura y le da tres sonoros azotes en el trasero. Luego, sujetándola por el brazo, la lleva de vuelta a la fuente donde probablemente espera el resto de la familia.

- Yo si fuera ella mostraría un poco más de respeto. - dice una voz a mi espalda.

Me giro y quedo frente a una mujer de mi edad que pasea a un perrito.

- Sí, la cosa no tiene buena pinta. Su padre parece bastante estricto. - observo. 

- Bueno, bueno... estrictos eran antes, no hace tanto. Si yo a mi padre le hago eso acabo con la mejilla roja... y si es mi madre pilla la zapatilla y me pone el culo colorado. -

- Bueno, son otros tiempos. - observo.

- Sí, es verdad y quizás estos son mejores... no me malinterpretes, estoy totalmente en contra de cualquier castigo corporal y adoro a los chavales. Luego en ese sentido todo avance es poco... -

- Si, sí. Te entiendo perfectamente. Una cosa es una cosa y otra es el cabreo del momento y tener cierta autoridad... Por cierto, ¿tienes hijos?

- No, no he tenido oportunidad. Todavía soltera, en busca de mi príncipe azul... suena antiguo ¿verdad?

- Para nada, aunque me sorprende. - digo

- ¿Qué te sorprende? -

- Que una chica tan guapa como tú no este con nadie... quizás eres muy estricta. - digo con una sonrisa. - ¿tú que opinas? - añado acercándome y acariciando a la mascota que ladra contenta.

- Laika opina que eres un chico muy bueno y que le encanta que le rasquen el pelo... por cierto me llamo Ana...¿tú como te llamas?

- Juan. Encantado.

- ¿Vives por aquí? 

- Sí, aquí enfrente... y ya que estamos en ello, por si sirve, también ando en busca de una princesa, una como tú por ejemplo.

- Eres un poquitín directo... Por cierto, ¿corres? digo, ¿sales a correr?

- Sí, bueno a ver, media hora o así. Pero, sí corro.

- Yo también. El domingo corro por aquí, si quieres quedamos y probamos.

- Vale... Te doy mi número.

- Ok, dime y te llamo y así ya te quedas con mi número de móvil.

Tras intercambiar números nos despedimos.

- Nos vemos el domingo a las once entonces.- dice Ana.

- Vale. Aquí estaré.

- Y no llegues tarde... o sabrás lo que es bueno... ¡es broma!

Nos despedimos con un par de besos en las mejillas.

Hace frío pero en mi corazón, de repente hay calor y esperanza.


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