Una historia sin terminar. Cap II. Ella (3 minutos)

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CAPITULO II. ELLA.

Ella no le gustaba perder el tiempo, cada segundo formaba parte de su tesoro. Su instinto pocas veces se equivocaba, y estaba convencida que, si alguien podía ayudarla, era ese chico. Sabía muchas cosas de él, y lo que le faltaba tendrían que averiguarlo juntos. 

Desleía el azucarillo sin aparente prisa, mientras el chico la observaba sin respirar, lanzándole torpes sonrisas en un intento de llenar el silencio. Para Ella los silencios hablaban más que las palabras, y los provocaba para llegar al alma de los candidatos que entrevistaba. El chico no aparentaba la edad que tenía.  Su rostro -al igual que la ropa que vestía- estaba anclado en el pasado. El pelo le crecía crespo cubriéndole unos rasgos que por separado se podrían considerarse toscos, pero que vistos en su conjunto lograban un difícil equilibrio. Ella sabía reconocer la belleza, al igual sabía reconocer el don del chico...

- Bueno, veo que eres un chico de una sola palabra, o de dos para ser más precisa: “qué y vale”, y eso me gusta – dijo Ella con una sonrisa entre enigmática e irresistible-. Quiero imaginar que a lo largo de nuestra primera cita incorporaras nuevos términos que permitan una comunicación más fluida, aunque por ahora no es necesario. No estoy aquí precisamente por tu oratoria.

- Eh… –dudó sin saber que añadir, esperando que Ella continuara la conversación.

- Verás –prosiguió Ella, tras un primer sorbo de té que alargó hasta la exasperación-…, hace mucho tiempo que me intereso por ti. Eres un chico la mar de curioso. Excéntrico o raro de pelotas para los que te conocen. Viviendo con tu mamita y la tita Águeda, con tus vinilos franceses, y esa ropa que me llevas con olor a alcanfor. Pero no pienses que he venido a insultarte. Nada más lejos de mi intención, he venido a hacerte una propuesta que espero medites y aceptes, porque no habrá segundas oportunidades, ni un número de teléfono dónde localizarme. Pero antes necesito algo de ti.

El chico oía su dulce voz, distinguía donde ponía las inflexiones, y el significado de las palabras por separado, pero simplemente no la escuchaba. Era difícil prestar atención cuando estás degustando dos galletas de mojar, con una mujer así al otro lado de la mesa. Sin duda debía estar soñando. Podía ver revolotear sobre su mesa los acordes de Clarles Trenet, notas musicales que se fundían con el perfume de Ella en un curioso baile que se elevaba y desvanecía como anillos de humo. Estaba tan agustito que no se percató de como Ella sacaba algo de su bolsito y lo depositaba delicadamente sobre la mesa. Si hubiese mirado de pasada habría creído reconocer un sencillo reló de arena, Pero si lo hubiera observado con el detenimiento que precisaba algo tan valioso habría visto mucho más… :)

Continuará.

Jam Louvier 2020


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