¡Qué castigo!

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Amalia llegó a este mundo con un destino maldito; su padre, cuando nació, exclamó: "¡qué castigo!", y ella, ante semejante desprecio del progenitor, creció siendo una niña triste.

Juliana, hermana de Amalia, y como ella también, nació con mal destino; cuando su padre la vio por primera vez exclamó: "¡qué castigo!", y, así tal cual su hermana mayor, también tuvo una infancia triste.

Ethel, hermana de Amalia y Juliana, y como ellas también, nació marcada por la desgracia, porque le contaron sus hermanas que al nacer su padre exclamó: "¡qué castigo!", como había hecho con ellas, entonces las hermanitas le hicieron un lugarcito en su tristeza compartida.

Marta, hermana de Amalia, Juliana y Ethel, tal cual ellas, tampoco tuvo una buena bienvenida al nacer; su padre, no bien la enfermera se la trajo para que la conociera, exclamó: "¡qué castigo!", conque ahora la tristeza abrigaba a las cuatro hermanas marcadas por la desdichada.

Virginia, hermana de Amalia, Juliana, Ethel y Marta, y como todas ellas, al nacer tampoco tuvo una recepción calurosa; porque su nacimiento también provocó que su padre exclamara: "¡qué castigo!", y la tristeza provocada por el desprecio de papá se ensanchó para abrigar a las cinco hermanas en desgracia.

Perla, hermana de todas las anteriores hijas del padre inconforme, y al igual que ellas, al nacer provocó que su padre exclamara una vez más: "¡qué castigo!", de modo tal que la niña pasó a engrosar el plantel de hermanas despreciadas por su propio padre.

Hasta que la esposa del padre despreciador de hembras, finalmente, le parió un varón: Ángel lo llamaron. Su padre, agradeció a Dios por el regalo del cielo e hizo la fiesta más grande que se tenga memoria en el pueblo. Pero unos años más tarde, como un capricho adverso de la vida, el propio hijo le provocó la muerte fulminante. Una tarde, al volver antes que de costumbre del trabajo, el padre entró de sopetón en la casa y vio que tenía no seis sino siete hijas: Ángel jugaba con sus hermanas vestido de mujer. Y dicen las malas lenguas que antes de desplomarse sin vida, las últimas palabras del padre fueron: "¡qué castigo!"


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