¡AY, LOS HIJOS! 2

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Rodrigo Vives que se sentía perdido en un túnel afectivo con sus hijos quiso ir a la consulta de un psicólogo especialista en problemas familiare para que le diera alguna orientación sobre su problemática. Pero tuvo dificultades en convencer a su mujer para que le acompañase a dicha consulta, a tenor de su simplicidad campesina. Para ella que se consideraba una mujer muy práctica, las sutilezas de la mente eran creencias, fantasías sin ninguna consistencia tangible  No obstante después de mucho insistir Rodrigo consiguió que ella fuese con él a la consulta.

-  Bien. Ustedes dicen que tienen un problema con sus hijos ¿no? - les instó el psicólogo a hablar cuando ellos estaban en su despacho.

Seguidamente Rodrigo y su mujer le explicaron al especialista con toda suerte de detalles la mala actitud de sus hijos con ellos, sobre todo enfantizando la hostilidad con que les trataban; era como si sus retoños les echasen en cara el hecho de haberlos traído al munco. cosa que por supuesto ellos no comprendían de ninguna manera, cuando precisamente tanto Rodrigo como su mujer desde que nacieron siempre se les había enseñado a respetar a sus padres y a sus abuelos.

- Nosotros, a pesar de que en un momento dado pudiéramos discutir con nuestros familiares, teníamos en consideración su discurso de la vida, a sus experiencias personales. Pero al parecer hoy en día esto ya no vale para nada - le dijo Rodrigo al especialista que era un hombre de medina edad, cuya mirada inspirba confianza; una singularidad que a Rodrigo le dio la sensación de que bien pudiera ser una deformación profesional.

- Exactamente, sí señor. Pero esto no es nada nuevo. Desde la más remota Antigüedad esto siempre ha sido así - les respondió el psicólogo-. Los jóvenes siempre han despoltricado contra los viejos; contra la generación anterior, y es Ley de vida porque en esto se basa el movimiento del mundo. Por otra parte, como en la actualidad en contraste con épocas anteriores en las que predominaba el modelo del venerable señor mayor, se ha idealizado al joven inexperto. Por eso se ha recrudecido la guerra generacional en los hogares. Pero también tenemos que ser conscientes que si nosotros antes estábamos influenciados por el discurso de los padres, de lo que estaba escito en el papel, ahora esto se ha roto totalmente en función de la Informática y de las Redes Sociales. Hay un antes y un después. Podríamos decir que ya no hay continuidad en nuestra historia reciente - agregó él.

- Todo esto está muy bien doctor. Pero a mí este cambio generacional no me soluciona nada. A nosotros lo que nos preocupa es el maltrato de nuestros hijos que lo sufrimos casi todos los días y no sé qué podemos hacer - le dijo Rodrigo a su interlocutor que al parecer éste era un tanto teórico.

- Claro. Por lo que cuentan sus hijos pueden tener un trastorno de personalidad y por desgracia hoy en día a este trastorno de la personalidad se le entiende como una legítima manera de ser a propósito de una mal interpretada libertad de expresión, pero que en realidad es lo más conflictivo que hay porque no respeta nada ni  a nadie. ¿Les han puesto unas normas a sus hijos cuando eran pequeños? ¿Decirles lo  que estaba bien y debían hacer, y lo que estaba mal y no debían hacer? - inquirió el psicólogo-. Piensen que esto muy es importante porque  hoy en día muchos padres pasan por alto dichas normas para que los hijos no los tachen de autoritarios. No obstante sí que es conveniente mostrar a los hijos una postura de autoridad.

- Nosotros hemos hecho lo que hemos podido...- respondió vagamente Rodrigo- Les hemos regañado cuando era necesario. ¿Por qué siempre se responsabiliza a los padres de los errores de los hijos? Hay buenos hijos y malos hijos y muchas veces no se sabe la razón de éso - se quejó Rodrigo-. Estoy harto de que los padres siempre seamos los malos de la película.

- Sí, se sabe. La personalidad del hijo se compone del temperamento que es genético, y del aprendizaje que viene del ambiente que le rodea que puede ser tanto de la familia como de los amigos - dijo el psicólogo.

Entonces Rodrigo cayó en la cuenta, pero se abstuvo de decírselo a su mujer para no engordar el problema familiar más de lo que ya lo estaba. Sus hijos habían heredado el agresivo temperamento de su abuelo materno, que se había agravado al aprender desde sus más tiernas infancia cómo su madre, que era quien les criaba, censuraba continuamente al padre por cualquier nimiedad doméstica,y ahora ellos hacían igual.

- Bueno. ¿Y qué podemos hacer?- preguntó al fin Rodrigo.

- Paciencia, paciencia, y paciencia. Pero  a la vez no dejarse avasallar por ellos. Ponerles las cosas claras. Y si se enfadan con ustedes, que se enfaden. Ya se les pasará. Piensen que ahora son como unos adolescentes crónicos y ya veremos a dónde al final iremos a parar con este ambiente que hay que está fomentado por los partidos políticos.

Cuando terminó la visita y aquel psicólogo se quedó a solas en su despacho, se pasó la mano por la frente sin estar muy seguro de haber aconsejado como era debido a aquel matrimonio.

Pues él también en su casa estaba siendo maltratado por su hijo de veinte y tantos años y no sabía muy bien qué hacer.

 

 

 


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