Las enfermeras y el trasero de Juan: Enemas y otras pruebas.

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- Esta es la habitación. - dijo la enfermera abriendo la puerta e invitándome a entrar.

Todo tenía color blanco o parecido al blanco. La cama, las paredes, la ventana.... hasta las cortinas eran blancas.

- Aquí tienes el cuarto de baño y esta es la bata que te tienes que poner. - Dijo entregándome una prenda de color azul que parecía mitad tela mitad plástico.

- Quítate todo excepto los calcetines y póntela dejando la abertura hacia atrás, con la cinta puedes ajustarla. Eras Juan verdad. Mi compañera viene en unos minutos.

Cuando salió la enfermera entré en el cuarto de baño y me desnudé frente al espejo. Había sacado algo de tripa y mi pene colgaba medio escondido entre el vello que cubría gran parte de los genitales. Me giré para contemplar mi trasero, no era tan firme como desearía, pero se veía bien, algún granito aquí y allá, una raja glotona que había engullido con gula la tela de más de un calzoncillo y algo de pelo. Me puse la prenda azul ajustando la cinta. Había algo cómico en como combinaba mi nuevo atuendo con los calcetines.

Volví a la habitación y me metí en la cama bajo la sábana. Estaba nervioso.

********************************
A los veinte minutos o así entró una mujer madura de considerable estatura a la que acompañaba una chica más joven de rostro risueño y con un mechón de pelo rizado que caía sobre su amplia frente. Ambas vestían batas.

- Juan, verdad. Bien Juan, hoy tienes examen rectal. ¿Has hecho de vientre esta mañana? - dijo la enfermera de mayor edad.

- Un... un poco. - dije cohibido.

La chica de menor edad seguía con atención la conversación mirándonos a uno u otro según tomábamos la palabra.

- Esta bien. Entonces te vamos a poner un enema para asegurarnos de que el recto queda limpio. Lucía, puedes traer un enema casen y una gasa por favor.

La chica salió de la habitación volviendo en menos de un minuto con el tubo y la gasa.

- Juan, levántate de la cama por favor.

Lucía puso la gasa extendida sobre la cama como si se tratase de un mantel de picnic mientras la otra enfermera quitaba el capuchón del cilindro de plástico alargado que coronaba el enema. En la mano con que lo sujetaba destacaba un anillo dorado que anunciaba su situación de casada.

- Ahora túmbate de lado y suelta la cinta. Eso es. La pierna flexionada y el culo fuera.

Obedecí. La posición era humillante, enseñando el trasero a dos desconocidas y con el pene medio atrapado entre las piernas.

Con poca delicadeza, la enfermera apartó mis nalgas y metió el cilindro sin miramientos. 

- Auf. Un poco brusco. - dije sin poder contenerme ante la intrusión.

Después noté como la solución líquida se metía en mi cuerpo. Picaba un poco.

- Aprieta los glúteos y aguanta unos minutos. Cuantos más mejor.

Los primeros segundos todo fue bien, pero pasado el minuto me entró la urgencia. Aprete más el culo aguantando y entonces, como en oleadas, noté la presión del líquido, presión a la que reaccioné apretando el esfínter con más determinación. La sensación de querer ir al baño aumentó, mi cuerpo pedía salir corriendo, pero las órdenes recibidas y la presencia de las enfermeras me hacían resistir. Mi pene no era ajeno a este juego y estaba haciéndose más grande. Estaba a disgusto, mi tripa me molestaba, quería mear y hacer popo, pero luchaba contra ello y la reacción era sexual, literalmente me estaban dando por culo y en cualquier momento podría soltar un pedo. Solo que esta ventosidad iba a ser líquida y de fuerte olor.

- No aguanto más. - dije al cuarto minuto.

- Intenta aguantar un minuto más al menos. Nosotras nos vamos para darte un poco de intimidad.

En cuanto dejaron la habitación, a pesar de todo, sentí un pelín de alivio y de algún sitio saqué fuerzas para seguir la lucha. Sin embargo, apenas pude contrarrestar el enésimo apretón y el ano dejó escapar algo de líquido. Haciendo un último esfuerzo y apretando el pompis con determinación, de alguna manera me incorporé y caminé a pasitos hasta el baño. Cerré la puerta, levanté la tapa y me senté agradecido de estar con el culo al aire y no tener ropa que quitar. El líquido salió disparado casi al instante. Luego agarré el miembro y me hice una paja sin importarme que por el agujero de mi trasero siguiesen saliendo aguas malolientes.

Terminado el trance, me lavé en el bidé con agua y jabón y me metí en la cama.

************************

La enfermera que tenía una alianza en la mano volvió a la habitación. 

- ¿Estás bien Juan? - me preguntó.

- Sí, mejor.

- Oye, perdona por lo de antes. Ya sabes, lo de ponerte el enema con brusquedad. No sé... a lo mejor te he hecho daño. 

- No creo. - dije.

- Puedes darte la vuelta y le echo un ojo.

Obedecí poniéndome boca abajo.

Esta vez con delicadeza separó mis nalgas y luego, para mi sorpresa, comenzó a acariciarlas.

- Tienes un culo interesante. - dijo. - ¿Puedo lamerlo?

- Sí. - dije, aunque no entendía nada.

La enfermera sacó la lengua, y separando de nuevo mis "cachetes", comenzó a lamerme el interior del culo haciéndome gemir de placer.

************************

- Juan - dijo una voz.

Abrí los ojos y vi a Lucía. Me encontraba en cama, me había quedado dormido. Por fortuna, en ese momento estaba cubierto por la sábana que disimulaba mi erección, o al menos eso esperaba.

- Lo siento. Me he quedado frito. - dije

- No hay problema. - me sonrió la joven enfermera. 

- La inspección será en unos minutos. 

- ¿Y en qué consiste?

- Bueno, básicamente la doctora meterá una especie de cable a través del ano. Este "cable" contiene una cámara que permitirá observar todo lo que hay ahí.

- Suena apasionante. ¿Y duele?

- No debería. En principio solo se explora el final, recto y poco más. Como mucho puede quedar algo de aire.

- ¿Aire? -

- Sí, aire. Pero no te preocupes. Terminada la prueba se invita al paciente a soltar el aire.

- ¿A tirarse pedos? -

La enfermera volvió a sonreír.

- Sí, a tirarse pedetes. Lo bueno es que como todo está limpio no huelen casi nada. 

- ah... ¿y las enfermeras estáis invitadas a la función?

- Solo si el paciente está bueno. - respondió con ironía

Juan se sonrojó y añadió.

- Me da vergüenza... no os parece suficiente con haber visto el trasero y quien sabe que más...

- Es lo que tiene estar bueno. - respondió la enfermera medio en broma medio en serio.

Juan soñó con ella por la noche. Estaban desnudos, hacían el amor y se tiraban pedos que no olían a nada.

************

A la mañana siguiente todo era confuso y apenas si recordaba algún detalle. Lo único cierto es que había tenido un sueño húmedo como atestiguaba su pene crecido y el hilillo de semen que emanaba de la punta.


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