DOS PARA MI SOLO

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Había alquilado un chalet adosado en la sierra para pasar el verano, concretamente en Torrelodones a treinta kilómetros de Madrid, lo que me permitiría ir a trabajar desde allí dos días a la semana para cubrir mi turno de guardia en la empresa. Un privilegio solo para los directivos.

Estaba en una calle donde todas las viviendas son iguales, un pequeño porche a la entrada, un jardín bastante grande con una pequeña piscina al fondo, dos pisos con dos habitaciones en el de arriba, ambas con baño propio, y abajo la cocina, el salón y un aseo.

Desde antes de alquilarlo ya había decidido establecer mi puesto de trabajo en el dormitorio que daba al jardín trasero porque tenía una terraza bastante amplia con dos sillas y una mesa, perfecto para tener la cama junto al ordenador.

Me trasladé un sábado por la mañana con poco equipaje, dos trajes para ir a trabajar, dos pantalones cortos, camisas y camisetas. No necesitaba nada más y, siempre podía pasar por el piso de Madrid a por lo que necesitase.

El domingo por la mañana salí al jardín a desayunar y escuché voces femeninas en el chalet de al lado. No suelo ser cotilla, pero hablaban bastante alto y era imposible no oír su conversación en torno a una tal Mirian, la que criticaban por haber dejado a su novio de siempre cuando él había perdonado encontrársela en una reunión de amigos, en casa de los padres del su novio, chupándosela a un tío al que ni siquiera conocía.

La conversación era divertida y me estaba riendo yo solo mientras escuchaba, cuando empezó a derivar a temas más personales de ellas. Marga, una de las dos, empezó a contar cuando se enteró de que su novio se había follado a una tal Teresa y ella le perdonó. La otra contestó que se había pasado con el pobre chico al acostarse con la misma chica y luego contárselo. La tal Marga se justificaba diciendo que ya habían comentado, entre ellos dos, en alguna ocasión lo buena que estaba, aunque entre bromas, y como sería acostarse los dos con Teresa.

Pues no sabes lo mejor – le dijo a su amiga. La otra pidió que contase.

Contó que después de decirle a su novio que se había acostado con ella, quedó una tarde con Teresa en su casa y media hora después con el novio. Delante de las narices del pobre chico empezaron a meterse mano como en broma, al principio, para acabar las dos desnudas en un sesenta y nueve y no pararon hasta que las dos se corrieron. No permitieron siquiera acercarse a ellas y le amenazaron con que como si se tocaba ya se podía marchar.

La verdad es que su conversación me estaba empezando a poner cachondo y decidí ser un poco osado. Subí a mi habitación sabiendo que desde la terraza de mi cuarto se veía su piscina, Me asomé procurando que no se dieran cuenta de mi presencia y las vi al lado de la piscina en top les. Hacía más de dos meses que no echaba un polvo y cualquier cosa me excitaba. Empezó a ponérseme morcillona.

Una de las dos, no sabía cuál se había follado a la tal Teresa, empezó a darse crema solar y cuando llegó el turno de los pechos se recreó en ellos y empezó a masajearlos con la crema. Se le pusieron los pezones duros y de punta y los estiró.

Comentó que siempre que tomaba el sol en las tetas se ponía cachonda. La otra le dijo que parara porque estaba con la regla y no le apetecía nada hacerse una paja con el tampón puesto. Se echaron a reír mientras la otra le decía que siempre se lo podía quitar y luego ponerse otro. Estaba deseando que se masturbaran para imitarlas mientras las observaba desde la terraza.

La que no tenía la regla se levantó de la tumbona y salió de mi campo de visión. Volvió al poco con dos bombones helados y le dio uno a la otra. Quitó en envoltorio y empezó a chuparlo como si fuera un pene. Entre risas la amiga volvió a rogarle que y en vez de hacerla caso empezó a pasárselo por los pechos. Cada vez que se lo pasaba por un pezón daba un respingo al sentir el frío.

La de la regla empezó a imitarla sobre sus dos descomunales globos, posiblemente más hinchados de lo normal. La primera empezó a descender con el helado por el cuerpo hasta el ombligo y se lo frotó con la punta. El helado empezó a chorrear y se le mojo la braguita, una vez manchada metió el helado por dentro. La otra se quedó mirándola al pubis mientras el helado se derretía sobre sus pechos.

Por azar del destino, una de ellas miró hacia arriba y me vio espiándolas con la cabeza pegada al borde del muro de la terraza. Se lo dijo a la amiga y ambas se quedaron mirando a mi terraza. No me moví, hubiera sido hacer el ridículo aún más que dar la cara y asumir mi pecado.

Cuchichearon entre ellas y asintiendo con las cabezas, después me hicieron señas para que bajara y me uniera a ellas. Cortado me incorporé y me señalé con el dedo preguntando si se referían mí. Ambas movieron la cabaza afirmándolo y me hicieron señas para que pasara a su casa por la valla que separaba las dos viviendas, no más de un metro y medio de altura.

Bajé en pantalón corto y salte a la valla. Se levantaron y nos saludamos, me preguntaron si me había gustado la visión y contesté que me había encantado y que me gustaría que siguieran haciéndolo. Eso sí, me tenían que dejar masturbarme a mí también y no como al novio de una de ellas.

Se echaron a reír y una me estampo el helado en el pecho. La otra empezó a limpiarme con la lengua la parte manchada mientras seguían manchándome el cuerpo en dirección al pantalón. Me lo desabroché y me saqué la polla. Una la untó de helado y la otra me limpió con la lengua.

Les bajé las bragas para ver a quien le colgaba el hilito del coño, le di media vuelta a la otra y la incliné hasta que apoyó las manos en la hamaca. Le quité el helado y sin pensármelo se lo restregué por el pubis y le metí la punta, la saqué y en su lugar le metí la polla. Nada más correrse me dijo que la sacara porque tenía que follarme a su amiga antes de correrme. Pregunté si no la importaba teniendo la regla y me contestó que en el culo no le pasaba nada.

Se arrodilló en el suelo de espaldas a mí ofreciéndome el culo, se ensalivó dos dedos y se los pasó por el orificio. Intenté metérsela pero estaba poco lubricada. La amiga dijo que ella se ocupaba y le paso la lengua dejando un reguero de saliva y le metió el helado, me agarró la polla y me la puso en el centro del ojete empujándome para que la metiera y le entró hasta los huevos sin esfuerzo. Empecé a follarla mientras la amiga le magreaba las tetas, haciendo entre los dos que se corriera. Una vez finalizada la tarea me dejé llevar y me corrí dentro del culo.

Sacaron unas cervezas y pasamos el resto de la mañana charlando como si nos conociéramos desde hacía tiempo.


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