Buda y el niño travieso

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La causa por la cual Siddhartha Gautama no murió de hambre durante los cuarenta y nueve días que pasó meditando bajo una higuera conocida como el árbol del Bodhi, el árbol de la sabiduría, fue un niño travieso llamado Rajiv. 

Un día mientras Rajiv vagaba por las callejuelas de Bodh Gaya arrojándole cascotes a las vacas ociosas, que deambulaban como panchas por la India, pasó delante de una higuera y vio a un hombre que parecía dormir, y como ya estaba hastiado de cascotear vacas se la agarró con él. Y eso de dormir en verdad lo era en apariencia, porque en su inquebrantable búsqueda del nirvana, la iluminación, Siddhartha meditaba. 

   El niño agarró el primer cascote que vio y se lo lanzó, pero Siddhartha, sin abrir los ojos, levantó una mano y, atrapando el cascote al vuelo, lo transformó en un racimo de uva, que conservó sobre su regazo. No creyendo en lo que había visto, o quizás por eso mismo, el niño se vio incitado a la curiosidad, así que volvió a arrojarle otro cascote. Esta vez Siddhartha, luego de atraparlo tal cual el anterior, lo transformó en un vaso con yogurt, que depositó a su lado. El niño, asaltado por la duda, se rascó la nuca durante algunos segundos e, insistiendo una vez más, le arrojó al santo otro cascote; y de nuevo Siddhartha lo atrapó como a los otros dos y lo transformó en una cucharita. En seguida abrió los ojos y mirando al niño travieso le dijo: 

   Bueno niño, ya basta de travesuras por hoy. Vete y déjame comer en paz. Rajiv se lo quedó mirando boquiabierto mientras Siddhartha tomaba el racimo de uvas, desprendía algunas uvas y las dejaba caer lentamente dentro del vaso de yogurt, enseguida empezaba a comer.

Hay que acotar que Rajiv, maravillado por aquella magia practicada por el santo hombre, todos los días, hasta que Siddhartha alcanzó el nirvana, volvió al lugar para seguir cascoteándolo.

                                                              Fin.


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