ASIGNATURA PENDIENTE

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Me sorprendió ver a Ramiro en la sala de exposiciones de Caja Madrid donde se exponían algunos de mis cuadros junto a los de otros artistas. Hacía por lo menos veinte años que no sabía nada de él ni de su hermana Mónica.

Mónica y yo habíamos sido las mejores amigas desde los diez años cuando coincidimos en el mismo colegio y en el mismo pupitre. Desde el primer día empezamos a ser inseparables y nos ganamos el apelativo de Pili y Mili, que eran dos hermanas que cantaban juntas hacía años. Siempre estábamos juntas. A menudo ella dormía en mi casa o yo en la suya y nuestras madres se hicieron amigas a partir de nuestra relación.

Con ella me di el primer beso en los labios sobre los doce años, cuando empezábamos a despertar a la sexualidad sin ser muy conscientes de ello. También fue la primera persona que me acarició los pechos y descubrió las bolitas que se me formaron en los pezones al desarrollarse y que tanto gustito me daba tocarme, aunque si insistía mucho al final me acababan doliendo. Ella, por más que se buscaba, no le salieron hasta casi un año más tarde que yo, a pesar de tener la misma edad.

Tendríamos catorce años cuando nos empezaron a gustar los chicos y gracias a la pornografía que veíamos a escondidas en la tableta conectadas a internet, empezamos a conocer lo que se suponía eran las relaciones sexuales. Algunas veces lo veíamos nos parecían guarradas.

Nos llamaban la atención las escenas de mujeres teniendo sexo entre ellas, nos excitábamos viendo cómo se acariciaban y las preferíamos a las de chico y chica follando, la verdad es que entonces nos daba un poco de miedo pensar que aquellos penes tan grandes pudieran invadirnos entre las piernas. Con el tiempo constatamos casi todos los penes eran más pequeños que los de las películas. 

Una tarde en casa de Mónica nos encerramos en el cuarto de baño con la tableta y nos empezamos a tocar con las bragas en los tobillos. Al principio cada una a sí misma, nos parecía que hacerlo en compañía nos daba menos reparo al ser una experiencia compartida. Fue Mónica quien preguntó si la dejaba que me tocara y me pareció algo normal que tantas veces habíamos visto en las películas. Empezó a tocarme y la imité.

Cada una exploraba el sexo de la otra con los dedos y se me ocurrió preguntarla que se sentirían cuando lo hacían con la lengua. Mónica me preguntó si me atrevía y la dije que no sabía, por un lado, era una guarrada porque era por donde hacíamos pis, por otro sentir algo caliente y tan suave como la lengua sobre el punto que habíamos descubierto que tanto placer nos daba, era toda una tentación.

Decidimos que podíamos lavarnos bien para eliminar los restos que pudieran quedar desde la última vez que habíamos orinado. Nos pareció que de esa manera no nos daría tanto asco. Cada una vigiló a la que la otra se lavara bien pensando que íbamos a tener que poner allí la lengua.

Fue Mónica la que se decidió a ser la primera en poner la boca en mi pubis. Me estaba pasando la lengua más arriba del sexo cuando entró su hermano Ramiro en el cuarto de baño, se nos había ocurrido poner el pestillo y nos encontró a mí sentada con las piernas abiertas y su hermana con la cabeza entre mis muslos. Se nos quedó mirando con la boca abierta y reaccionó diciéndonos que siguiéramos delante de él. Mónica le dijo que si no se iba se lo iba a contar a la madre y este contestó que haber si se atrevía cuando él le dijera lo que estaban haciendo. Más temerosa de lo contara que de que nos viera, volvió poner su cara entre mis piernas.

Ramiro se acercó a ver como su hermana me pasaba la lengua y le dijo que no sabía hacerlo, tenía que pasar la lengua desde abajo y al llegar al vértice superior, donde se juntaban los labios y hacer círculos con la lengua sobre el botón. No sé si por vergüenza o por falta de experiencia no atinaba demasiado bien y se le escapaba de la lengua. Yo la avisaba cuando me chupaba donde más gustito me daba aunque constantemente lo perdía.

Ramiro la empujó a un lado y le dijo que le dejara a él. Nos quedamos cortadas y sin hacernos caso metió la cara en mi pubis. Cuando empezó a dar vueltas con la lengua sobre el clítoris noté líquido resbalando por mis muslos y pensé que era pis porque nunca me había ocurrido. Él no le dio ninguna importancia.

Fue el primer orgasmo de mi vida. Cuando llegó, sin saber que me estaba pasando, empecé revolverme apretándole la cabeza contra mi pubis hasta que poco a poco me fui calmando. Mónica se asustó un poco por mi reacción hasta que comprendió lo que me había pasado y que tantas veces habíamos visto en la tablet. Quiso que su hermano le hiciera lo mismo y él se negó porque era su hermana. Al final acordamos que se lo haría yo y el me guiaría. Con su ayuda fue fácil que sintiera lo que yo había sentido.

Ramiro no estaba dispuesto a irse de vacío, mejor dicho, sin vaciarse. Dijo que ahora nos tocaba a nosotras hacérselo a él y claro Mónica se negó diciendo que era su hermano. Así es como chupé un pene por primera vez en mi vida. Recuerdo que me cupo en la boca sin problemas. Él me decía como le gustaba que se lo hiciera y yo obedecía.

No me esperaba el primer chorro que lanzó y me encontré con el líquido en la boca sin saber que hacer, con el segundo no tuve más remedio que intentar tragar un poco y con tercero me atraganté. Sabía lo que era por las pelis porno y no sentí asco la verdad, me gustó el sabor y el morbo al ser consciente de que le había hecho una mamada a Rodrigo.

Repetimos más veces otros días y poco a poco empezaron a chuparse entre los hermanos. Quisimos saber lo que se sentía cuando al ser folladas y se lo dijimos. Se negó en rotundo aduciendo a que éramos muy pequeñas para tener esa experiencia, nos lo decía un chico de dieciséis años.

Me enamoré de Rodrigo y creo que su hermana también, aunque el solo nos hacía caso cuando queríamos tener sexo con él. Nosotras aprendimos y jugábamos solas con frecuencia, más de lo aconsejable. Cogimos tanto vició que repetíamos todos los días y cuando estábamos con Rodrigo hacíamos doblete ese día.

Por circunstancias de trabajo de su padre se fueron a vivir a Barcelona un año después y nos separamos. Al principio hablábamos a menudo y me contaba que seguía haciéndolo con su hermano, aunque sin mí era distinto para ellos, Dejaron de hacerlo cuando Ramiro empezó a salir con una chica. Como siempre el tiempo hizo que cada vez habláramos menos hasta que dejamos de llamarnos.

La aparición de Rodrigo en la sala de exposiciones me pasó desapercibida hasta que él me saludo, le había visto pero no le había reconocido. Por casualidad había visto mi nombre en un folleto publicitario en la recepción del hotel donde se alojaba y había decidido pasar a verme. Le dije que estábamos a punto de cerrar la sala y que me esperara y nos tomábamos algo después de tantos años.

Nos fuimos a la cafetería de su hotel y con una copa en la mano nos reímos de nuestras aventuras adolescentes y como nos había iniciado al sexo hetero a su hermana y a mí. Le confesé que era mi amor platónico de juventud y las ganas que tenía entonces de que me follara para saber que se sentía. Me había quedado con la ilusión de que fuera él quien me desvirgara.

Me dijo que si era así teníamos una asignatura pendiente y ese era un buen momento para aprobarla y pasar página. Llamé a mi marido y le dije que tenía un coctel con los organizadores de la exposición y algunos clientes interesados en comprar cuados y no sabía a qué hora llegaría. Rodrigo le dio el número de habitación al camarero para que apuntara las consumiciones en su cuenta y cogidos de la mano nos dirigimos al ascensor para saldar deudas del pasado.


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