¿ES UN ERROR SENTIR NOSTALGIA?

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Hace unos años que leí un libro autobiográfico del arisocrático y cosmopolita escritor barcelonés José Luis de Villalonga en el que defendía la idea de que no se debía de tener nostalgia de épocas pasadas, refiriéndose especialmente a unos años carentes de libertad democrática, pero en los que no obstante, a tenor de haber sufrido las desastrosas consecuencias de la Segunda Guera Mundial y de la Civil en mi país, la economía occidental empezó a resurgir con euforia favoreciendo al pleno empleo.

Por otra parte durante mucho tiempo he oído decir a un número considerable de pensadores, de sociólogos, de místicos de distinto pelaje que había que dejar de lado el pasado porque éste se había esfumado de nuestras vidas y por tanto ya no nos pertenecía. Asimismo tampoco teníamos que ser impacientes para adentrarnos en el futuro porque por la misma razón tampoco éramos dueños de este espacio temporal. Según todos estos divulgadores lo más sabio,lo más conveniente era vivir el aquí y ahora. Pues lo que durante mucho tiempo se ha estado llamando vivir en la "eternidad" no era que un día al abandonar nosotros este mundo nuestra sufrida alma residiese beatífica e indifinidamente, de un modo atemporal en un idílico paraíso celestial, sino que para ellos dicha enternidad consistía en vivir el presente terrenal con intensidad.

Sin duda este concepto de atender sólo a lo inmediato y que a mí me parece que es excesivamente reduccionista está muy condicionado a la idiosincrasia del mundo juvenil. Pues la mayoría de estos oráculos sociales son profesores docentes de Institutos y de Universidades donde ellos están en un contínuo contacto con los jóvenes alumnos por lo que no dejan de estar influenciados por el estado anímico de los mismos. Efectivamente, los jóvenes debido a su corta edad no han tenido tiempo material para crear a su propia historia, pero a su vez la van moldeando con pasión en su quehacer presente y evidentemente no tienen porque sentir nostalgia por nada. Se diría que en realidad son unos aventureros del tiempo que les ha tocado vivir.

Pero este dogmatismo de centrarse únicamente en el presente es falso; es una teoría idealizada de salón, porque de hecho todos nosotros somos historia y venimos de un pasado y no cesamos de comparar nuestras circunstancias actuales con las de un ayer y es entonces cuando puede surgir el aguijón de la nostalgia que nos acrecienta el sentimiento de la infelicidad.

Una persona que tenga que ir a vivir a otro país con unas costumbres, con un estilo de vida muy diferente al suyo, llega un punto en que echa de menos a su lugar de origen, ya que no es tan fácil adaptarse a un nuevo medio ambiente en el que no hemos sido criados, por lo que dicha persona se siente ajena a él. A mi parecer este fenómeno se debe a que hemos estado sometidos durante muchos años a una educación de un localismo antiguo y estrecho de miras, auspiciado por la política que ha fomentado en muchas capas de la población la anacrónica idea de que mi terruño es lo mejor del mundo y nada más, y no se ha contemplado el concepto de una sociedad global. Por eso que ahora nos encontramos en una situación paradógica en la que por un lado tenemos el viejo romanticismo nacionalismo de antes, y un mundo sin fronteras gracias a la tecnología punta. Pero tenemos que tener en cuenta de que lo que hoy llamamos globalización no es un invento de ahora, sino que justamente empezó en el año 1.492 con el descubrimiento de América, con todos los errores que se quiera, pero que constituyó para una parte de la Humanidad de aquel entonces una nueva manera de concebir la vida en todos los niveles hasta ahora. Por otra parte al estar inmersos en una catastrófica situación como la actual a causa de la pandemia y de la devastación económica que comporta, es inevitable sentir nostalgia por épocas mejores del pasado.

Se dice que nosotros somos demasiado subjtivos; que nuestro cerebro nos engaña y tenemos tendencia a idealizar a otras épocas pretéritas, porque si nos fijamos con detenimiento en éstas enseguida repararemos que siempre han habido tensiones, conflictos y enfermedades, y es verdad. Pero con este discurso se va en busca de relativizar las cosas. Mas en aras de esta misma objetividad histórica de la que hay que aprender pero que no se hace, y prescindiendo de teorías pseucientíficas a pesar de los límites de toda época pasada, SÍ que han existido unos periodos históricos mejores que otros y es completamente lícito evocarlos con nostalgia; del mismo modo como hay unos paises mejores que otros y se siente añoranza por las ventajas de nuetro continente, sobre todo en avances sociales y  a nivel humano.

Actualmente la psicología empieza a reconocer el derecho a la nostalgia ya que ésta es un distintivo de nuestra memoria. Ya decía San Agustín que la prueba del alma humana era la memoria, mas nosotros sin llegar a subliminar este concepto, sí que la memoria constituye nuestra razón de ser. Sin embargo a esta nostalgia hay que saberla aprovechar para poder vivir el presente. Evidentemente las cosas con el tiempo cambian; pues la vida es puro movimiento como decía Sócrates. Y lo que ayer nos llenaba de gozo - un libro, una música, una película etc.- hoy en día nos puede parecer una tontería; algo grotesco y ridículo, porque nosotros sin darnos cuenta evolucionamos y nos adaptamos al contexto de nuestro presente. Y si tuviémos que volver a vivir las mismas circunstancias de hace unos cuántos años atrás estoy seguro de que no nos gustaría nada; pero si nos empeñaramos en anclarnos en el pasado porque este presente se nos antoja hostil y no nos gusta, nos convertiríamos en unos frustrados fanasmas del presente.

Según los psicólogos, hay que tomar los felices momentos de nuestro pasado para poder utilizar la misma energía vital que éstos nos produjeron en su día para enfrentarnos al reto del presente y del futuro.

De manera que desde mi punto de vista la nostalgia no es un error como dijo el aristocrático escritor José Luis de Villalonga y otros sabios de moda, sino que es algo totalmente natural en el ser humano. Una vez alguien me dijo:

-Oh, usted es un nostalgico.

- Y a mucha honra - le respondí yo.

 


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