CRISTAL, MI CHICA

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Eran casi las nueve de la mañana cuando llegué a casa del trabajo. Subí a la habitación y me encontré a Cristal dormida sobre la cama en posición casi fetal y completamente desnuda. Miré a la mesilla de noche y allí estaban, el lubricante y unos cuantos billetes de quinientos euros.

Conté los billetes y me extraño que hubiera tres, mil quinientos euros era una cantidad muy elevada y preferí no imaginar lo que habría hecho para ganárselos. Cada vez que trabajaba de azafata en alguna convención, si había follado, dejaba los billetes a la vista para que lo supiera. Los asistentes sabían, porque la empresa organizadora les informaba, que si querían alquilar a una chica para tener sexo podían hacerlo sin salir del hotel donde se celebraba el evento.

Bastaba con decírselo a cualquiera de las azafatas y ofrecerles dinero. Si no estaba dispuesta a cumplir con lo requerido por el asistente, ella misma se ocupaba de decírselo a sus compañeras por si alguna quería. La verdad es que casi todas estaban dispuestas porque eran trabajos esporádicos y la que no aceptaba sexo con los clientes casi nunca volvía a trabajar para la empresa. Este era uno de los motivos del éxito de la empresa en la organización de grandes eventos.

Esa noche había tenido sexo, el dinero y el lubricante así lo atestiguaban. El dinero era lo que había cobrado y el lubricante quería decir que quería que la follara al llegar a casa. Bueno no exactamente que la follara, más bien que se la metiera en el culo, espacio siempre reservado para mí en exclusividad.

Ella sabía que el lubricante no lo iba a utilizar porque prefiero usar mi saliva, lubrica menos y te hace sentir más. Es simplemente su forma de transmitirme lo que quiere cuando llegue a casa, aunque esté dormida.

Me desnudé y me tumbé a su lado pegando la cara a su ojete, le pasé la lengua y emitió un gemido. Volvía pasársela y esta vez movió la cadera. A la tercera habló para pedirme que se lo follara duro y ya. Dejé una buena cantidad de saliva en el anillo y la introduje un poco con el dedo, entró sin esfuerzo.

Me masajeé la polla, lo suficiente para adquirir un poco de dureza y poder meter la punta. Me unté saliva en el capullo y se lo pasé por el anillo. Con sus manos se abrió los glúteos y los desplazó hacia los lados para dejar el centro a la vista. Sabía lo que venía a continuación, dolor. Un dolor que le encanta sabiendo que se va transformar en placer cuando sienta la polla entera dentro y empiece a follárselo sin piedad.

Sabía que por mucho que gritara no iba a parar hasta que me corriera en sus entrañas. Cuando sintiera el líquido caliente dentro se llevaría la mano al clítoris y se masturbaría hasta correrse, era su rutina y su forma de purificarse conmigo para que siempre fuera yo el último con el que había follado.

Puse la punta sobre el anillo y empecé a apretar, sin retroceder. Sabía que le estaba doliendo y yo seguía apretando, sintiendo como iba entrando y no paré hasta que estuve dentro por completo. Empecé a moverme saliendo un poco despacio y entrando de nuevo de un solo golpe de caderas. Cada vez que salía parecía que el anillo se desplazaba hacia afuera pagado al pene.

No tardo en pedir a agritos y lágrimas en los ojos que se lo hiciera más fuerte. Empecé a sacar más de media polla y volvía a penetrarla hasta dentro sin piedad. Entre convulsiones le vino el primer orgasmo y no paré, iba a seguir follándola hasta correrme. Se tensó al venirle el segundo y me apretó tanto la polla con los esfínteres que no aguante más, tuvimos un orgasmo simultaneo. Sintió mi semen caliente al final de su orgasmo y volvió a correrse.

Me moví un poco dentro de ella, ahora si me deslizaba dentro sin problema. Me pidió que la masturbara y presioné su clítoris con los dedos mientras se lo pellizcaba. Empezó a agitarse y se corrió otra vez.

Llevé la mano su pecho y lo acaricié suavemente, era la mejor forma de transmitirle mi amor y mi cariño, sabiendo que ella le encanta. Empezó a tener la respiración más relajada y se quedó dormida con mi polla flácida aún dentro.

Conocí a Cristal ya hace dos años. Me la encontré en un banco del Retiro llorando y me acerqué a preguntarle si necesitaba ayuda. El llanto no le permitía hablar y cuando le puse una mano en el hombro se acurrucó en mi pecho. Poco a poco se fue calmando y por fin consiguió agradecerme el gesto que había tenido con ella cuando le ofrecí un pañuelo de papel.

Se acababa de divorciar de su marido, un maltratador de libro. Era once años mayor que ella, tenía un almacén de materiales de construcción y cuando lo estimaba conveniente la ofrecía a los clientes como un material más. Si se negaba la abofeteaba delante del cliente hasta que se dejara follar delante de él.

No aguantó más y le denunció. Tuvo suerte de que un antiguo cliente declaró ante el juez que la había agredido en su presencia, obligándola a que se la chupara en su despacho. El cliente rechazó el ofrecimiento y dejó de serlo. Dos días después contactó con el cliente para pedirle que testificara en su demanda de divorcio, aún con marcas evidentes de la paliza que recibió por hacerle perder al cliente.

Volvimos a quedar otras veces, siempre en el Retiro y en el mismo banco. Poco a poco nos fuimos acercando y tomándonos cariño. Un día me ofreció irnos a su casa con aire acondicionado porque hacía demasiado calor. Por el camino le cogí la mano por primera vez y ella me la apretó. Esa tarde hicimos el amor y empezamos a conocernos mejor.

Unos meses después me trasladé a vivir a su casa, la que había compartido con su marido y que ahora es suya exclusivamente por acuerdo de los abogados de ambas partes. Una pequeña casa adosada a otras con tres plantas y un pequeño jardín en la parte de atrás.

Cristal, yo la llamo así aunque realmente se llama Alicia, es una mujer dura físicamente pero frágil emocionalmente, seguramente por el trato sufrido en su matrimonio y los abusos a los que fue sometida. En el sótano tenemos aparatos de gimnasia y se machaca a diario. Mide un metro setenta y ocho centímetros y aunque no esta musculosa se nota que esta fuerte y tiene los músculos tonificados. Su atractivo es evidente y es una ventaja en su trabajo.

Al medio día, cuando me levante, estaba en la cocina acabando de cocinar. La abracé por detrás y al besé en el cuello al tiempo que le acariciaba el culo. Me dijo que no le pasara el dedo por el centro porque aún le dolía de la noche anterior.

Mientras comíamos me contó como se había desarrollado su trabajo el día anterior. Ya se estaban retirando los asistentes del congreso internacional de dentistas a sus habitaciones cuando uno la cogió suavemente del brazo y le ofreció pasar un rato con él y con su compañero en la habitación. Ella le contestó que si sabía como funcionaba lo que le proponía y la contestación fue quinientos euros. Cristal asintió diciendo solo con uno, los dos contestó él, ella dijo que mil y los otros aceptaron.

Eran alemanes y dentistas, una mezcla de circunstancias que evidenciaba su poder adquisitivo. La follaron los dos con preservativo y cuando pretendieron que se la chupara pidió quinientos euros más. Sin condón propuso uno de ellos, sin condón no, respondió ella. Acabaron aceptando.

Cristal tiene una facilidad asombrosa para hacer pasar las pollas por su garganta y presionarlas con la glotis durante más de veinte segundos de necesitar sacársela para respirar. Los alemanes quedaron encantados. Cuando uno le pasó un dedo entre las nalgas le quitó la mano y le dijo que era una zona prohibida, lo que respetaron sin nada que objetar.

Nunca deja que le chupen el sexo ni que le toquen el culo, están reservados para mí en exclusiva porque es lo que la excita. La penetración vaginal está bien para los preliminares y nunca llega al orgasmo de esa manera, por eso es lo que lo ofrece a los clientes.


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