FIESTA JAPONESA

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Iba a ser el cumpleaños de mi novia Marina y quería celebrarlo con sus amigas de una forma original, que no fuera ir a un restaurante para invitarlas cenar y después ir a algún sitio a tomar una copa. Le dije que pensara en algo para hacer en casa, yo la ayudaba en la cocina y después desaparecía hasta el día siguiente para dejarlas solas.

Me dijo que era una putada tener que irme a dormir a casa de mis padres o de cualquier amigo. La insistí y al final valoró mi idea. Dos días después me contó que las chicas habían propuesto hacer una cena al estilo japones utilizando una chica como plato, solo que en esta ocasión serían ellas las que comerían sobre el cuerpo de un chico desnudo aprovechando que iban a estar solas en casa.

No me gustó demasiado la idea porque la cosa se podía desmadrar y dudaba de como me sentiría si mi chica acabara follando con otro tío en mi propia casa. Por otra parte, tenían problemas para decidirse a que chico se lo proponían sin que se hiciera una idea equivocada de lo que querían. Simplemente les parecía un acto muy feminista y querían ponerlo en práctica. En cualquier caso no dije nada, era su fiesta y que la hiciera como le apeteciera.

Se iba acercando la fecha y no habíamos vuelto a comentar nada de su fiesta cuando me propuso que fuera yo el chico que hiciera de plato, lo dijo después de echar un polvo. Me la quedé mirando sin dar crédito a la propuesta y añadió que las amigas estaban de acuerdo, al no haber opción al desmadre. Accedí sin estar muy convencido porque no quería decepcionarla. Me prometió compensarme en la cama cuando nos quedáramos solos.

El día de la fiesta pasamos la mañana comprando artículos de decoración japoneses y varios tipos de susi, además de una tarta y sake para beber durante la cena. A las ocho de la tarde teníamos todo preparado esperando a que llegaran mientras nos tomábamos un vino.

La idea es que mientras ellas se tomaban algo yo aprovecharía para ducharme antes de hacer de plato. Marina se ocuparía de preparar la comida encima de mi cuerpo tumbado sobre la mesa del salón. Mientras las demás esperarían en la terraza.

Me cubrió con el cuerpo desnudo de comida a excepción de un ridículo calzoncillo verde brillante que ella me había comprado para la ocasión. Como en las pruebas que habíamos hecho anteriormente, era difícil estarme totalmente quieto y que los trozos de susi no se cayeran y a Marina se le ocurrió poner un poco de mahonesa en la base de cada trozó.

Aunque ya contaba con ello, tuve que aguantar las coñas de las chicas sobre todo por el ridículo calzoncillo. A pesar de todo quedaron encantadas con la presentación y se colocaron alrededor de la mesa. Cada vez que cogían susi el cuerpo quedaba manchado de mahonesa y pasaban el dedo para limpiarme. Tanto toqueteo empezó a hacer el efecto que me había temido y creído ser capaz de controlar, al final fallé.

Las chicas siendo conscientes de que mi atributo empezaba a inflamarse desbordando el trapo verde brillante y animadas por el sake, empezaron a tocarme donde ya no había comida. Sin moverme busqué a Marina con la vista porque aquello se estaba descontrolando y no conseguí verla. Aun así, permanecí callado y todo lo inmóvil que pude. Note humedad en el dedo gordo de un pie y simultáneamente en el otro. Empezaron a darme besitos por el cuello y me tuve que agarrar a los bordes de la mesa para controlarme.

Al poco, las que me chupaban los pies ya tenían las manos en las rodillas y las que me besaban el cuello me tocaban los pezones. Empezaba a molestarme la situación porque no era lo pactado con Marina y al mismo tiempo estaba encantado con la propia situación.

Reconocí a mi chica por la forma de chuparme los pezones, ya que no podía ver nada porque habían decidido vendarme los ojos. Cuando noté que me empezaban a chupar el otro pezón me resigné a aceptar lo que quisieran hacerme, sin rechistar. Escuché decir que tenían que limpiar el mantel para sacar la tarta y cuatro lenguas empezaron a limpiarme la mahonesa del cuerpo.

Dos lenguas me chupaban los muslos justo en el borde del calzoncillo por abajo y otras dos por encima de la cinturilla. Unas manos empezaron a bajarme el calzoncillo y me sentí expuesto con sensación de ridículo y un poco de pudor ante lo que estaba ocurriendo. Dos bocas volvieron a los pezones, me pusieron dos manos en los huevos y otras dos empezaron a masturbarme.

Escuché a Marina decirle a una de las chicas que no fuera guarra y no se masturbara. La chica contestó que estaba tan caliente que necesitaba correrse. Era una de las que estaban chupándome los pezones porque la escuche pegada al oído.

Otra dijo que también estaba caliente y no era mala idea hacerse una paja todas a la vez ya que no las podía ver y no sería la primera vez que lo hacían. Se hizo el silencio y empecé a imaginarme a las cuatro masturbándose a mi lado sin poder verlo. Las manos que me hacían la paja no se pararon y seguían trabajándome. Me dije que al menos una no se estaba tocando salvo que otra la masturbara con una mano mientras con la otra se lo hacía a sí misma.

Con estos pensamientos y la agitación de polla a la que estaba siendo sometido, empecé a notar que no iba a poder evitar correrme. Aguanté todo lo que pude hasta que empecé a escuchar gemidos y fue demasiado. Me dejé llevar corriéndome a chorros y empezaron a aplaudir.

Me quitaron la venda y vi que era Marina la que me había hecho la paja porque seguía con las manos en mi polla y estaban pringando de semen. Una chica seguía chupándome, más bien mordiéndomelo, un pezón y se agitaba frenéticamente con la mano entre las piernas y se corrió gritando con una teta pegada a mi cara.

Me incorporé y mi chica me beso los labios. Era el centro de atención de todas las miradas y me sentí cohibido. Marina se limpió las manos y la cara, lo que me confirmó que la corrida había sido potente. Todas tenían la cara de felicidad que se les queda a las mujeres después de un orgasmo, incluida Marina. Mi duda era como se había corrido si sus manos no habían abandonado mi polla.

Cuando las chicas se fueron y ya solos en el salón sacó el bote de aceite corporal, se puso a cuatro patas diciendo que le echara un chorro entre las nalgas y le pasara el anillo trasero. No era la primera vez que lo hacía y después me decía que esa entrada estaba prohibida y pensé que una vez más me iba a dejar con las ganas. Volvió la cara hacia mí y la escuché decirme, casi exigirme, que se la metiera y no me hice rogar.

 Aquel día, en su glorioso veintiocho cumpleaños, se la metí por el culo por primera vez.


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