El enigmático

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Y allí se encontraba otra vez …… 

La muchacha, cubierta de una belleza impecable que me miraba con los ojos grandes, color avellano, que al mismo tiempo me atrapaban y me deslumbraban como nunca me había pasado con nadie. Deje de jadear durante un momento, hasta que recobre el sentido, pero me seguía resultando doloroso verla descalza encima de la nieve. Sus pies pequeños dejaban la huella perfecta, y al andar el sonido era imperceptible, tan lento y meticuloso que me asombraba. Me quedaba helado, más de lo que estaba ya en ese momento.

Los copos de nieve iban cayendo lentamente encima de sus dedos, cubriéndolos sin hacerlo notar. Fui subiendo mi visión, poco a poco hasta encontrarme con sus muslos descubiertos. El vestido era fino, corto y hecho de seda.  De un color pastel blanquecino, que con el brillo de la luz reflejaban las lentejuelas que le colgaban justo alrededor de la comisura del cuello. Seguí con mi mirada, siguiendo su estructura del cuerpo. Las manos finas parecían fuertes, sobre todo para ser de esa niña, que no aparentaba más de trece añitos. 

El pelo castaño pero ondulado, lo llevaba recogido con una diadema hecha de flores silvestres. La joven asilvestrada susurre para mis adentros, con una risa en los labios, que se extendía por toda mi cara. Siendo sincero, no sabía si la joven aquella podía siquiera verme, o solo era una ilusión óptica, esos espejismos que proyectaba mi cabeza. Pero la seguí observando con paciencia y precaución, hasta que desaparecía de mi vista, sin decir ni una sola palabra, sin siquiera hacer ningún gesto. La joven asilvestrada se perdía entre la niebla y no la volvería a ver hasta la siguiente noche. Y por más que lo supiera, cuanto más pensaba en ello, más daño me hacía a mí mismo.

Me desperté en la madrugada con ganas de vomitar, horrorizado como de costumbre y quedándome parado en el umbral de mi casa, pensando y recobrando el aliento. ¿Qué es lo que había hecho mal? Hacía ya dieciocho años que seguía teniendo la misma pesadilla, noche tras noche. Intente descubrir el significado del maldito sueño, pero a pesar de haber estado en todas las clínicas de mi ciudad, haber recorrido miles de despachos, haber hablado con cientos de psicólogos y psiquiatras …Ninguno sabía la respuesta. Muchos de ellos hablaban sin saber porque, yo por mi parte en cambio, me quedaba callado. ¿Qué más podía hacer que asentir con la cabeza? 








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