MASTURBÁNDONOS

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MASTURBÁNDONOS

Pasar una tarde de sexo con Mario consiste en no parar de masturbarte de todas las formas posibles y con el morbo a tope. Está abierto a cualquier experiencia y solo si se lo pides puede que tengas suerte y acceda a tocarte, aunque la verdad es que casi nunca lo hago. Prefiero seguir sus juegos y tener orgasmo tras orgasmo hasta quedar baldada.

Es bisexual y lo que más le gusta es la práctica del onanismo en compañía. Se que puede parecer raro, aunque como él dice, nadie sabe cómo, cuándo y dónde tocarse como uno mismo. El único requisito para ello es tener determinación y confianza en uno mismo y en la persona que tengas al lado.

Tiene un arsenal de juguetes eróticos. De todos los tamaños, con vibración y sin ella, anillas, pinzas, esposas, ropa de látex, es como un sex shop privado a tu disposición.

La otra tarde quedamos a tomar café en su casa para masturbarnos mirándonos uno a otro. Lo primero que me sugirió fue que le enseñara los pechos y me pellizcara los pezones para ponérmelos de punta, quería ver hasta que punto era capaz de excitarme con solo tocármelos. Me iba diciendo como quería que me los tocase mientras hacía lo mismo con los suyos.

Me dijo que me estirara de los pezones hacia arriba hasta que sintiera dolor, verle hacer lo mismo me excitó tanto que solo deseaba estirármelos más que él, como si fuera una competición. Dolor y el placer, tan relacionados entre sí. Llegué al límite de lo que era capaz de soportar y empecé a notar que el orgasmo estaba listo para explotar. En el momento que me ordenó soltarlos sentí un latigazo en el clítoris acompañado de un dolor mayor que cuando los estiraba. Fue devastador, tuve un orgasmo increíble sin siquiera tocarme el sexo. Él no se había corrido, seguía con el pene totalmente erecto.

Sacó dos vibradores pequeños con varias velocidades, no medirían más de diez centímetros, moraditos los llamaba por el color. Se puso la punta de uno justo en la raja del capullo y presionó al tiempo que lo ponía en marcha, diciéndome que me pusiera el otro en el orificio de mear. Se le empezó a poner morado el capullo y supe que era la antesala de su orgasmo. Por mi parte la vibración había hecho que tuviera la sensación de necesitar orinar, me había excitado de nuevo.

Con una mano se sujetaba la polla a la altura del capullo y con la otra presionaba con fuerza el vibrador, como si intentara metérselo por la rajita. Un chorro de líquido blanco brotó de la polla pringándole la polla, las piernas, las manos y el sofá.

Al verle no pude más y me corrí con él. El orgasmo vino acompañado de una copiosa micción, menos mal que me dio tiempo a ponerme en el suelo y fue lo único que manché. Empezó a limpiarse la mano de su propio semen con la lengua mientras le observaba recuperándome y ofreció la otra mano y accedí encantada. Me gusta el sabor su semen.

Cogió el bote de lubricante y se untó una buena porción en el culo. Apoyó un dildo en la mesa de cristal y presiono para que la ventosa lo dejara fijado. Se sentó encima y fue introduciéndoselo en el culo. Me dijo que cogiera otro y me lo metiese en el coño, los fluidos serían suficiente para que luego me entrara en el culo y así fue.

Una vez dilatados por detrás, me dio unas bragas de látex para que me pusiera, tenían una abertura delantera que dejaba el pubis completamente al descubierto. Me dio un vibrador para que me lo metiera por detrás apoyándolo en las bragas para que no se me saliera.

Me coloqué delante de sus narices y empecé a tocarme el clítoris. Oliéndome el coño empezó a subir y bajar el culo mientras se masturbaba a dos manos. Acerqué más el coño y se lo puse delante de la boca y empezó a hacer círculos con la lengua sobre el clítoris, muy despacio, tan despacio que empecé a desesperarme porque necesitaba más estímulo.

Me acercó una polla de goma demasiado gruesa y le dije que no con la cabeza. El mismo se ocupó de metérmela y empezó a follarme sin dejar de chupar ni de masturbarse. Al tener tan tirantes los labios vaginales, el clítoris sobresalía tensado y cada vez que movía la lengua me daban calambres. Cuando le clavé las uñas en los pezones empezó a soltar semen y al verle me corrí también.

Me preguntó que si me fiaba para dejarle hacerme lo que quisiera y luego yo haría con él lo mismo. Acepté sin pensármelo y le pregunté quería que hiciera y me hizo tumbar en el sofá, dejando el culo fuera del asiento.

Cogió un consolador muy largo de goma y lo curvo para poder meterme una punta en el culo y la otra en el coño presionado lo necesario para que entrara entero entre los dos agujeros y empezó meterlo y sacarlo. Al entrar la presión de la curva tendía a enderezarse y cada punta se desplaza a un lado, llegando a pensar que me iba a desgarrar por cualquiera de las dos entradas. 

No me desgarré y cuando empezó a pegarme en los pechos y a pellizcar los pezones ya doloridos de antes, sin esperármelo me corrí de repente. No se conformó y siguió insistiendo hasta que llegó el tercero. Cuando me sacó aquello sentí como el cuerpo se me contraía, aunque tenía toda la zona dolorida.

Saciada de sexo me dispuse a vengarme de Mario y le dije que era mi turno. Busqué el consolador más grueso que tenía y me lo coloqué en un arnés alrededor de la cintura. Le dije que se colocara apoyado en la mesa y con el culo en pompa. Me subí a una silla y coloqué la punta en la entrada de su ojete. De un solo empujón se lo metí entero y gritó, no le di tregua y empecé a follárselo. Cuando quiso masturbarse se lo prohibí diciendo que tenía que correrse sin tocarse. Me dijo que era una mala puta y me reí.

Tardó más de un cuarto de hora en correrse y cuando se lo saqué se cayó al suelo, las piernas no le sujetaban. Le hice recoger el semen del suelo con la lengua hasta dejarlo limpio como una patena.

Lo dicho, al día siguiente me dolía todo el cuerpo. El pubis irritado, el culo suficientemente dolorido como para tener que sentarme de lado y en los pechos no soportaba ni el contacto del sujetador. Aun así, hemos quedado para el sábado que viene y me ha prometido follarme con su polla hasta que me desmaye.

Mario es así, a veces ni te toca y otras es capaz de machacarte a polvos.


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