UNA PRIMERO, LUEGO ELLA (1)

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"Era tal la euforia de nuestros besos, que no nos dimos cuenta de la llegada de ROCÍO, sino hasta rato después. Mi mano buscaba la entrepierna de HEIDI, acariciaba sus muslos. Ella gemía, al rozar sus labios vaginales por sobre las bragas, el placer crecía. De pronto, ella se alejó de mí. Creí se había disgustado y arrepentido, pero no, todo lo contrario. Se apartó para sacarse las pantaletas. Fue en ese momento que descubrí que ROCÍO nos espiaba en silencio, y disfrutaba lo que veía."

Pero retrocedamos un poco. Van ya meses que el vecino cambió de trabajo, y ahora se ausenta de su casa por semanas y Rocío su mujer, es quien resiente más esos viajes, ya que los fines de semana, eran anfitriones usuales de fiestas en su casa, que a su vez eran para ambos, anticipo obligado al sexo conyugal, salvaje y ruidoso. Como vecinos hemos sido testigo/oyentes involuntarios, por lo efusivo de las mismas. La ausencia de su marido, ha llevado a ROCÍO las últimas semanas, a aliarse con HEIDI y GINETTE, unas hermanas, vecinas de enfrente, y se ha hecho usual ver al trío de fiesta, tomando tragos los fines de semana en la casa de éstas, pero obviamente, sin el acostumbrado posterior sexo ruidoso de la pareja, en privado, luego de la fiesta y tragos cuando el marido está.

Hoy jueves al regresar yo del trabajo, divisé a Rocío en el centro, y ofrecí traerla a casa, ella accedió, abordó mi auto, y tomamos rumbo hacia el barrio. Platicamos de todo un poco, clima, política, futbol, mi trabajo, su trabajo, de su esposo, las ausencias de él, y obviamente fue inevitable caer en el tema de fiestas y tragos. Confirmando ella su gusto, acotó: "pues yo no me aguanté y junto con las vecinas del frente disfruto un poco, en la casa de ellas. Pícara, y tal vez creyendo yo no entendería, agregó: "y se pasa bien con las vecinas, pero es muy diferente a la fiesta cuando está mi marido, esas sí las extraño, de verdad". Yo solo pude sonreír. Llegamos al destino, se despidió con un gracias y se dirigió a su casa.

El viernes transcurrió normal en la oficina, y al filo de las 7 de la noche regresé a casa, justo en el momento que Rocío cruzaba la calle rumbo a iniciar la fiesta con las otras vecinas, cervezas en mano. Me saludó con un gesto y yo solo acaté a decir: "veo que va armada, provecho". Respondió con un "si, hoy toca fiesta" y cruzando la calle agregó: "aunque Ud. no va a fiestas, será bienvenido si quiere un trago". Alrededor de las 8:30 pm estaba en el corredor, cuando vi venir a Rocío hacia su casa, y dirigiéndome a ella dije "terminó temprano hoy", replicándome: "no, que va, vengo por más hielo, limones y algo para picar". Entró apresurada, salió con una bolsa, y repitió: "eres bienvenido por un trago, si lo deseas, le comenté a Heidi, y dijo no hay problema, así que ya sabes".

Pasadas las 9:00 pm, por alguna razón no podía quitar de mi mente la invitación de Rocío, por lo que me decidí ir a compartir un trago con las vecinas. Busqué una botella de ron, gaseosas, y me dirigí a la fiesta. Dos golpecitos en la puerta, un "con permiso" de mi parte, y Rocío y Heidi me ven, dicen al unísono "adelante, bienvenido". Ingresé a la sala, les mostré mi botella diciendo "traje ron para compartir", y nuevamente en coro en medio de unas risas sospechosas, dicen "qué bueno, pasa, gracias". Entre risas, Heidi me relata que su hermana, Ginette se acabó el tequila y la atacó el sueño, así que tal vez luego, se nos una, si se despierta.  -Ahhh, que malvadas, dije yo, ¿ese es el motivo de las risas? En parte, responde Rocío, la risa es porque Heidi va a tener que pagar una apuesta, porque apostó conmigo a que Ud. no iba a venir. -Y que pagará?, pregunté. Pues va a tener que darte un beso francés, dijo Rocío. -Ahh, entonces, es castigo, ya veo? cuestioné yo.

No, no es castigo, dijo Heidi, entre risas algo ruborizada y matizada por lo ya consumido. Rocío, asumo que tu apostaste a que yo sí venía, ¿y qué hubieras pagado si perdías? Lo mismo, acotó. Pero si yo no venía, ¿cómo lo ibas a hacer? Eso mismo dijo Heidi, así que debía ir hasta tu puerta, te haría salir y ahí en el corredor pagaría, con un beso francés. En ese instante Heidi dijo, y bueno, ¿quieren que pague ya? No, todavía no, luego, más tarde, dijo Rocío. Charla amena, chistes, el tiempo transcurría, ya habíamos consumido varios tragos, los tres estábamos bastante alegres, y en ese instante, Rocío con 3 shots de chili-guaro en mano, repartió y sentenció "bueno a pagar la apuesta, pero primero a tomarnos esto, SALUD", y de una hasta el fondo.

Heidi, en un vestido strapless, corto, rojo de flores, lucía retadora, de pie recostada a una mesa reiteró: "pago ya la apuesta o qué?". Me acerqué, me detuve a milímetros de que mi cuerpo tocara el suyo. Sentía en mi cara su respiración agitada. Sus pechos, subían y bajaban como, queriendo escaparse de su vestido, su cuerpo temblaba levemente.  Rocío que nos miraba fijamente, dio el visto bueno y dijo "venga, de una vez". Acerqué mi boca despacio a la de Heidi, y susurré sin tocarla "eres tú la que tiene que besarme". Ella sin más, juntó lentamente sus labios cerrados a los míos, cerró también los ojos, y poco a poco fue abriendo los labios, dando paso a su lengua a acariciar la mía. No sé el tiempo que transcurrió, pero cuando oímos "chicos, chicos, excelente, apuesta pagada", mi boca succionaba la de Heidi, nuestras lenguas se acariciaban y ninguno de los dos hacía nada para detenerse.

No puedo negar que fue un beso sensual y delicioso, y quería más. Reaccioné diciendo "creí que era un beso francés la apuesta", y Heidi respondió "sí, así era, eso fue". Rocío acotó "pues, a mí me pareció bien". Reiteré "pues a mí no me pareció muy francés". A ver, ven, qué llamas un beso a la francesa, dijo Heidi, a la vez que su lenguaje corporal lo exigía. Rocío, mientras sirve otros tragos, nos alienta a repetirlo, pero dijo, "esperen, ya vuelvo, voy a casa por hielo", y desapareció. A solas, Sin esperar nada, me acerqué a Heidi, rodeé su cintura con mis brazos, y la besé suave, despacio, lento y profundo. Ella, sus ojos cerrados, se abraza a mi cuello. Su cuerpo y el mío se besaban, se restregaban suave uno al otro. Mi pierna en medio de las de ella frotaban sus muslos. Su pubis se frotaba contra mi cadera. Un beso, otro beso tras otro, más erotismo cada vez, parecían no terminar. Tal era el disfrute que no nos percatamos que Rocío ya había regresado y furtivamente nos observaba sin perder detalle. Instintivamente acaricié la espalda de Heidi, bajé hasta sus glúteos, rocé sus bragas, y acaricié sus nalgas.


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