¡YO TENGO ALMA!

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Hace escasos días que me hallaba cómodamente sentado en un sillón de la amplia sala de estar de mi casa de planta baja que está situada en la zona vieja de un pueblo del litoral catalán leyendo el periódico, cuando desde el ventanal que da a la calle que hay en la misma me llamó mi vecino y amigo Javier Rubiales, que es un hombre joven; de profesión taxista; casado y con un hijo pequeño, pero sobre todo es muy amante de la literatura de psicología profunda y un admirador del psiconalista suizo Carl Jung.

-¡Eh! Ahora estoy leyendo un libro magnífico de un psicólogo que es neoplatónico, y hace una revisión de la cultura occidental en la que hemos sido educados - me dijo él a través de la ventana como si fuésemos dos antiguos amantes de un pueblo del sur de España.

- Anda, entra en casa y no te quedes ahí. Vamos a tomar algo - le invité yo

-¡Ah! Bueno...

- Sí. Mira te ofrezco un vaso de agua del grifo que es muy buena y aclara la vista, mientras que yo tomaré una cerveza... Me la ha recetado el médico - le anuncié con jocosidad.

- Eres un cabrón.

Cuando los dos estuvimos sentados en la misma habitación tomando dos latas de aquel delicioso néctar, Javier prosiguió con entusiasmo:

- Si quieres te enviaré unos capítulos de este libro por de on-line, y ya verás ya...

-Me parece muy bien. Ya sabes que siempre me gustan los libros que me prestas - acepté yo con agrado.

- Para empezar no te extrañes de que nuestra sociedad sea tan egocéntrica. Como el Génesis dice que al ser humano se le ha heho creer que él está creado a imágen y semejanza de Dios, siempre se ha creído que él es el Rey del Mambo. Y de esta actitud tan autosuficiente se han derivado los movimientos sectarios tanto religiosos como políticos.

- Y es verdad. El discurso humano ha empezado a enfatizar su razón de ser por medio de la mitología y de la religión. Es curioso. Por ejemplo si una empresa que fabrica algo está regida por la razón y se analizan las causas sobre cualquier problema que pueda tener, en cambio en el aspecto mundano; en las relaciones humanas prevalece la emotividad de connotaciones místicas como sucede con el amor platónico y pasional, cuando la realidad siempre mira hacia otro lado - respondí yo bebiendo mi cerveza.

- Es que la gente cree en un Ideal humanístico, y esto no es así. El Humanismo no siempre es bueno y es a su vez hijo de la religión judeo-cristiana, que ahora parece que se ha quedado desfasada. - dijo mi amigo con convicción.

- Claro que no siempre es bueno. Ya sabemos que el inconsciente del sujeto está lleno de neuras, de fanatismos y con una pasionalidad codiciosa que siempre llevan al desastre social. Yo creo que estamos viviendo en lo que dijo el filósofo inglés Thomas Hobbe. "El hombre es un lobo para el hombre", y más hoy en día en que predomina la ley neoliberal de un sistema mercantilista que se cree que está por encima del concepto de persona, el cual tiene reminiscencias darwinistas.  Más que creer en este ideal de un modo radical del género humano pienso que se trata de una aspiración de la supuesta mejora del mismo que nunca va a llegar del todo. ¿Pero sabes que pasa? Que los maestros que nos han querido educar, no se han explicado muy bien. Muchos maestros de las escuelas públicas han estado influidos por las ideologías de los políticos de turno, que son unos embaucadores y sobre todo eran quienes les pagaban la mensualidad.

- Sin embargo el hombre no puede dejar de soñar - dijo Javier-. No haríamos nada si no sintierámos ilusión por algo o alguien. Y este sentir europeo está muy relacionado con la clásica mitología griega. Cada uno de los antiguos dioses de aquella época eran un reflejo del sentir, del alma del ser humano de aquel entonces.

- Por supuesto que sí.

- ¡Y yo, al igual que todo el mundo también tengo un alma! - exclamó mi amigo.

- Naturalmente. ¿Y qué es para ti el alma? - inquirí yo.

- Fantasía, imaginacion. Pero no una "fantasía" inconsistente como pueda ser ver una película de Ciencia Ficción en un canal de televisión, sino que las imagenes que yo pueda soñar una noche; lo que dichas imágenes me sugieran, sean benévolas o terroríficas revelan lo que es mi alma; lo que yo siento realmente; mi estado de ánimo en relación con el mundo que me rodea, y con la educación que he recibido. Tienen un sentido. Y estos mismos arquetipos oníricos también me dan a entender lo que yo pueda dar de sí; de mi proyección de vida futura como persona.

- Estoy de acuerdo con lo que dices. Pero hay una cosa que me llama la atención - dije de pronto-. ¿Por qué buscamos casi desesperadamente en los libros, en la Psicología la naturaleza de nuestra alma? ¿Qué nos está pasando? Poco nos falta salir a la calle con una pancarta que diga: "¡YO TENGO ALMA!" Porque yo no creo que esta búsqueda sea sólo una cuestión de simple curiosidad - apunté yo-. Este interés que demostramos por esta introspección anímica, explica una realidad que a veces no nos atrevemos a confesar y que no nos gusta nada. Durante muchos años, el concepto de alma ha estado vinculado a los dogmas de la Iglesia. Pero luego cuando ésta ha perdido vigencia en la sociedad, el Racionalismo se ha apoderado de la naturaleza humana y la ha reducido a unas cuantas pulsiones del subconsciente; digamos que la ha descafeinado; la ha despovisto de su sustancia primordial. ¿Oficialmente ya no tenemos alma? Se trata de un cientifismo reduccionista que no satisface a nadie, y por éso hoy en día lo que tú puedas pensar o sentir apenas se le da ningún valor. Tú tienes que cumplir con tu obligación y nada más. Incluso hay cientificos que dicen que la música no causa ningún efecto en la mente de una persona, cuando esto es mentira.

- Será esto que dices - convino él.

- Pero a mí no me basta con soñar. Las emociones no son tampoco la gran panacea, y no hay que subirlas a un altar como hace ahora mucha gente. En el momento en que una sociedad venera a las emociones, y no las cuestiona nada, ésta se convierte en una tirana de los demás - dije yo-. No podemos estar suspirando de pasión contiuamente por algo o por alguien. Hay que reflexionar sobre las cosas, sobre el ambiente que nos rodea, porque no somos unos animalitos del bosque que vayamos a salto de mata. Yo creo que el hecho de que se rechace con asco el hecho de pensar, es porque no ha habido una tradición filosofica ni en las familias ni en la escuela que enseñe a reflexionar.

- Claro.

- ¡Pero bueno! ¿Tú cees en algo? ¿En algún Dios? ¿Tienes fe? - le pregunté de pronto sonriendo.

- Yo... no sé...  - susurró él algo confuso.

Nos acabamos el vaso de cerveza y como ya era bastante tarde él regresó a su casa con el ánimo un tanto confuso por el contenido de nuestra charla.

 

 


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