Tarde de lluvia con mi vecina

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    Esa tarde de viernes de principios de abril me asomé a la ventana. El cielo gris anunciaba lluvia, de hecho, había leído no se dónde que iba a llover durante todo el fin de semana. 

     Miré el reloj. Todavía eran las cinco y no tenía planes. Tampoco es que me importase mucho. La semana había sido larga, mucho trabajo. Pensé en leer, pero descarté la opción. Estaba en plan vago, ni siquiera me había quitado los pantalones y la camisa.

       Encendí la tele y ví que echaban una peli de los ochenta. Una chica de ciudad que decide aventurarse en la naturaleza con un guía. Justo en ese momento tenía lugar la escena en la que ella se quedaba en un bañador-tanga de lo más sexy mientras él no perdía detalle de las nalgas. Había visto muchos desnudos desde la primera vez que vi la peli. Hoy día, cualquiera puede ver cientos de videos en Internet, casi cualquier cosa que se piensa en el terreno de la fantasía sexual, por "elaborada" que sea, puede encontrarse en la Red. Aun así, hay algo en las películas del siglo pasado, que las hace míticas. Quizás tenga que ver con nuestra juventud o quizás cabe la posibilidad de que realmente sean mejores que lo que echan ahora.

     Justo antes de que acabase la cinta, el timbre de la puerta sonó.

- ¡Ya voy! - dije levantándome del sillón.

- ¡Hola!

- ¡Hola! - respondí saludando a Raquel.

- ¿Estás ocupado, puedo pasar?

      Me hice a un lado invitándola a entrar. Mi vecina, con la que había charlado en alguna ocasión, estaba muy guapa. Llevaba puesta una camiseta que dejaba uno de sus hombros al aire y unos pantalones de tela amplios, color blanco.

- ¿Qué hacías? No te habré pillado haciendo guarrerías.

Me sonrojé un poco, pero respondí como sin darle importancia.

- La verdad es que nada interesante, viendo la tele, pero vamos no interrumpes gran cosa.

- Vaaaale... pues yo igual, me aburría y me dije, voy a ver que hace el vecino. ¿No sé si he hecho bien? - me dijo fingiendo preocupación.

- No, no, has hecho bien... ¿quieres tomar algo? Vino, champagne...

- ¿Champagne? qué nivel - comentó sonriendo. - No, mejor... ¿tienes una cerveza?

- Sí claro. - dije sacando dos botellines de la nevera.

- ¿Vaso?

- No hace falta, está bien así.

La chica se apoyó en la encimera de la cocina, dio un trago y me miró con cierta intensidad.

- Nos sentamos. - dije señalando el sillón. 

- Vale... me siento a tu lado... ¿O prefieres que lo haga en tus rodillas?

- Por preferir... - dije.

Raquel se sentó a mi lado y recorrió con la vista la estancia.

- Me gusta. - dijo.

- Gracias. - respondí.

- Oye. Sé que no hace mucho que nos conocemos, pero me caes bien.

- Sí, tú también me caes muy bien.

Raquel se corrió un poco por el sillón pegando su muslo con el mio.

- No tengo planes para esta tarde... no sé, me apetece pasar un buen rato... ¿y a tí? - me dijo acercándose más.

      Mis ojos miraron su escote durante un par de segundos, gesto que no paso desapercibido para la muchacha. Estaba claro que quería algo así que decidí tomar la iniciativa (ya era hora pensarán) y besarla. Su boca sabía muy bien y cuando nos separamos sus ojos brillaban. Sacó la lengua y luego se mordió el labio inferior con deseo. Yo miré de nuevo hacia sus senos y ella, acercando sus labios a mi oído susurro.

- Tócame las tetas.

Se las toqué. Eran suaves al tacto. 

    Lo siguiente que ocurrió es que nos sacamos las camisetas y ella el sujetador. Sus pechos eran un regalo para la vista. Sin demora me ocupe de sus pezones. Sus gemidos no tardaron en llegar. Cerré los ojos unos segundos para sentir más y concentrarme en el aroma de su piel mientras trataba de no perder cada sonido.

- Qué a gusto se está a tu lado. - pensé en voz alta.

- ¿Seguimos explorando? - me dijo.

    En lugar de responder mi mano se perdió bajo sus pantalones al tiempo que las suyas acariciaban a mi miembro.


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