Caminando por la vida

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Estoy coloreando mi mandala, me relaja, veo la lista de cosas por hacer y me rio. No es tensión, es pasión, no es mio, es de otros.

Es mi pareja deseando que sea feliz, y que le nutra con mi cariño, es mi hija, queriendo que sea feliz y que le mime.

Me rio, y me miro a mi misma, no quiero ser feliz, porque tengo miedo de quemar al resto.

No quiero ser feliz, por que a veces, para ser yo feliz tengo que priorizarme.

No quiero ser feliz, por que tengo miedo de mi misma.

Sigo respirando.

Sonrío, voy más allá.

Quiero ser feliz, y compartirme, y quiero ser feliz y que el resto lo sean, y quiero sobretodo que todos aprendamos a ser felices por nosotros mismos, para poder ayudar al resto a serlo.

Sabiendo que yo puedo enseñar mi camino, qué puedo caminar ciertas partes del camino y que sobretodo es el universo quien nos ama y nos ayuda a ser más nosotros mismos.

Así que ahí estoy, bajo un árbol, disfrutando de la sombra de un olivo, a un lado del camino amarillo.

Delante veo a algunos amigos, atrás veo algunos amigos y a alguna gente que creía amigos, y que ellos mismos eligieron no serlo.

Al final del camino está la ciudad donde vive la bruja del norte y donde me dijeron que estaba la clave para volver a casa.

Lo que he aprendido al caminar el camino es que casa es mi cuerpo, casa es lo que yo haga de ella. Y que por muchos huracanes que haya en mi vida. Es mi cuerpo donde vivo, y donde elijo estar en tiempo presente.

La gente va y viene, la vida sube y baja, quién soy yo es lo que permanece estable. Y lo que quiero es aceptar quien soy, con mi realidad. Y celebrarme y saber que quiero ir a la ciudad donde vive la bruja del norte, y que quiero correr aventuras.

Y lo que quiero ahora es seguir disfrutando de este rato a la sombra del olivo. Estoy sentada en un mantel de cuadros, blancos y rojos, y tengo algo de comida y bebida, además de mi cuaderno de mandalas y mis rotuladores de colores. Me siento saciada, me siento tranquila, miro dentro de mi y veo el huracán que azotó mi casa, miro fuera y veo la naturaleza tranquila, las hormigas trabajan, los pájaros trinan y el árbol me ayuda a enraizarme. Vuelvo a mirar dentro y vuelvo a ver el huracán, veo como la casa donde vivía fue destrozada, miro fuera, se que no es donde me voy a quedar a vivir, pero me gusta y disfruto del momento.

Sigo sentada y aparecen el hombre de hojalata y un león, no me sorprendo, les estaba esperando. A lo lejos veo también un espantapájaros que se acerca.

Me sonrio, no es nuevo, este cuento lo he vivido ya.

Miro dentro de mi , y sigo viendo el huracán que azotó mi casa y las ruinas de ella que quedan. León, espantapájaros y el hombre de hojalata me cuentan sus problemas, ellos han sufrido también. Les cuento mi idea, enseguida quieren decirme lo que tengo que hacer, o contarme más de sus problemas.

Yo respiro, vuelvo a mirar dentro, mi casa sigue en ruinas, y adoro esas ruinas, me fijo y veo cómo las cosas no están tan terribles como aparentaban.

Respiro, miro fuera y veo a mis nuevos viejos amigos que siguen hablando de sus problemas y de cómo solucionar los suyos, y me sonrio.

A lo que recojo mis cosas, y mis compañeros se van callando, y un silencio con una pregunta silenciosa se crea, a lo que les respondo.

-Tengo una idea estupenda ya, ¿queréis que vayamos andando y os cuento? Si os quereis apuntar, estais mas que bienvenidos.

Y en ese momento, me sentí satisfecha, me supe en casa y supe que había dado el paso correcto hacia mi misma. Que ese pequeño paso, de hecho era un paso gigante, y que la ciudad no estaba ni más lejos ni más cerca, pero yo estaba más presente y eso hacía que los problemas fueran más pequeños.

Esta vez conmigo llevaba un spray de los buenos deseos, así que estaba totalmente equipada.

Miro dentro, y veo a mis ruinas, que ahora me parecen acogedoras, miro fuera y veo caos. Miro con el ojo del corazón y empiezo a pensar cómo voy a hablar con la bruja del norte y empiezo a andar. Mis amigos, con curiosidad me acompañan.

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¿Que opináis familia lectora? <3


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