Cita para subir nota. Universitarios en apuros.

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La puerta del despacho se abrió y salió una chica de cabello rubio, tez blanca y ojos azules que vestía unos vaqueros y un cinturón ancho de hebilla grande. 

 Fuera, sentado en un banco de madera, un chico de rostro agradable aguardaba su turno para reclamar.

Juan, que así se llamaba el chico, tenía 18 años y estaba en su primer año de Universidad. El primer semestre todo fue bien, estudió y fruto del estudio llegaron las buenas notas. Los resultados eran esenciales para poder disfrutar de la beca. El panorama cambió cuando comenzaron las clases de matemáticas impartidas por Marta García. La profesora de treinta y cinco años estaba buena. Cierto es que las gafas pasadas de moda que llevaba, el modo en que recogía su pelo y su carácter serio no hacían de ella un referente sexual. Sin embargo, su trasero había atrapado la imaginación de Juan desde el primer día. No era firme y respingón, al contrario, se podría definir como temblón, pero eso sí, con volumen. El caso es que Juan se dedicó más a pensar en todo lo que haría con ese culo que en estudiar. 

********************


- ¿Qué tal? - preguntó Juan a la muchacha.

Esta tomó asiento a su lado en el banco.

- Me ha dicho que espere. - dijo mirando intensamente a Juan mientras entrelazaba las manos con nerviosismo.

- ¿Te llamas Susana verdad? creo que te he visto por clase.

- Sí. - respondió la aludida.

- ¿Te falta mucho para aprobar? - dijo Juan.

- Bueno... la verdad es que yo aprobé, pero necesitaba más nota. 

- ¡Hala! una empollona. Yo me he quedado muy cerca 4,7... 3 décimas para el 5.... ¿crees que me aprobará?

La puerta del despacho se abrió en ese momento.

- A ver qué tal se me da. - dijo sonriendo a Susana.

- A ver... - respondió esta con una expresión enigmática.

Juan encontró la reacción extraña, pero enseguida tuvo que centrarse en sus propios problemas.

************

El examen estaba suspenso.

- Juan. - dijo la maestra. - no hay forma de sacar esas 3 décimas de ningún sitio. Incluso, si me apuras, podrías tener alguna menos.

El chico la miró resignado y suplicó. Y luego, viendo que no funcionaba, le contó su caso y la gran diferencia que suponía el aprobar la materia. Era eso o no poder seguir estudiando.

- Por favor. ¿Hay alguna manera? la que sea.

Marta se levantó de la silla y se acercó al muchacho, quién, incluso en la situación anímica en la que se encontraba, no pudo evitar fijarse en el escote.

- Quizás. - susurró la profesora haciendo una mueca difícil de interpretar.

Juan reaccionó agarrándose al resquicio de esperanza.

- Tu compañera Susana, también está a 3 décimas de conseguir su objetivo. Hablé con ella y tendrá problemas en casa si no aprueba. ¿Sabes que problemas?

El alumno negó con la cabeza, expectante por ver en que acababa todo esto.

- Castigo corporal. Sí, no pongas esa cara. Su madrastra es muy estricta y a pesar de que Susana ya es mayor de edad, no tendría problema en darle una buena paliza con la vara.

- ¿Perdón?... esto... - dijo Juan notando como se secaba la saliva de su boca.

- Pues bien. - continuó Marta - hoy estoy en plan conciliador y le dí una alternativa, hacer un examen la semana que viene... pero claro, hay dos problemas... primero, la oportunidad tiene un coste y segundo la condición es que el otro alumno, es decir tú, también reciba el mismo trato...

Se hizo el silencio durante unos segundos.

- ¿Qué coste? - acabo preguntando el oyente.

- Unos azotes en el culo... por supuesto azotes para ella y luego azotes para tí... bueno para tí quizás algo más... - respondió Marta apoyando su mano en la espalda de Juan y mordiéndose el labio de manera sensual.

El muchacho tardó un tiempo en responder. Todo eso no podía estar ocurriendo... ¿o sí? Sin duda alguna los azotes dolerían, pero...

- ¿Y bien? ¿Deseas esa oportunidad o no? En tus manos esta...

****************
La puerta del despacho se abrió. Susana levantó la vista, vio a Juan y se ruborizó violentamente. Sabía que el sabía y solo quedaba saber si seguía adelante o toda aquella humillación se quedaba en nada. 

- La profesora desea que pasemos para la sesión.

Susana se incorporó sintiendo como mil mariposas revoloteaban en su estómago.

****************

Marta no anduvo con contemplaciones y antes de que los universitarios fueran conscientes de lo que ocurría, los pantalones y las bragas de Susana estaban a la altura de los tobillos de la estudiante. Previamente, por orden de la profesora, se había quitado el cinturón que reposaba en la mesa.

- ¿Qué te parece Juan? ¿Te gusta el culo de tu compañera? - dijo mientras daba una palmada rápida en las expuestas nalgas.

- Pero vamos al grano... - continuó. - te voy a pegar con el cinturón hasta que me apetezca, hasta que ese culete este bien rojo. Puedes llorar si quieres. -

El cinturón impacto con fuerza sobre el trasero.

- Mantén la posición.

Nuevo azote. Y así durante cinco interminables minutos. El silencio solo roto por los golpes, las ocasionales quejas y, justo antes de terminar, los sollozos de una chica a la que le escocía el trasero. 

- Vístete y sal de aquí. Recuerda, la nota no se regala, te espero pasado mañana para el examen.

** ****

Cuando Susana salió del despacho Marta centró toda su atención en Juan. Enseguida notó el abultamiento en su entrepierna.

- Veo que se te pone dura... ¿A qué esperas? Pantalones y calzoncillos fuera. A ver, dame el cinturón que llevas... muy estrecho... vamos a tener que hacer algo al respecto...

Juan se quitó la ropa de cintura para abajo quedándose en camisa y calzoncillos. El pene, algo crecido, colgaba y de la raja del culo salía algún que otro pelo.

La profesora se tomó su tiempo contemplando y manoseando las nalgas del muchacho. Aquel hombre joven la estaba excitando.

- Por cierto... he visto como me miras en clase. ¿Te gusta el pandero de tu profesora? eh... pervertido... ¿quieres tocarlo? ... Ven aquí majete, antes de que te caliente el culo quiero que me chupes el mío y lo beses como muestra de respeto.

Juan se puso de cuclillas mientras Marta se quedaba con el culo al aire provocando que el miembro de su alumno se empinara como un mástil. A continuación, tras besar las nalgas, hundió su rostro en la generosa raja. El trasero estaba algo sudoroso y desprendía cierto aroma a pedo reciente. La profesora comenzó a gemir en cuanto noto la lengua de su alumno lamiendo sus partes.

- Se te da bien. - dijo unos minutos después.

- ¿Te puedo besar? - se atrevió a insinuar el universitario.

- Eres un... - Y sin acabar la frase abrió los labios y se morreó con él.

- Esto no te va a salvar... no sería justo...

Juan, siguiendo las indicaciones de la mujer se inclinó sobre el escritorio. El primer golpe de cinturón llegó enseguida dejando una marca roja en los glúteos del muchacho. Escocía, sí, seguro que en unos minutos tendría, como Susana, lágrimas en los ojos... pero a pesar del dolor, el calor y el recuerdo de lo que acababa de suceder mantenía viva la erección... en ese momento pensó que se correría y la vergüenza de eyacular enfrente de una mujer madura inundó su mente.


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