LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA 1

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He de confesar que cada vez que voy a visitar a mi tía Matilde Calaf, a la que siempre he querido mucho, que es la hermana mayor de mi padre, la cual es una mujer de seseinta y siete años y que en su día fue una famosa actriz de cine y de series de televisión en los años 60 del siglo pasado, en su solariega casa que está situada en Sarría que es una población adjunta a la gran ciudad de Barcelona con su propio Ayuntamiento me siento más preocupado por su estado mental.

Ella  que a pesar de su edad todavía se conserva fisicamente en buen estado; pues tiene un hermoso cabello negro, y unos ojos rasados del mismo color, se ha quedado rezagada en el tiempo; vive completamente ajena al vuelco cultural y tecnológico de nuestro presente y exhibe un glamour trasnochado de su època dorada  en el que ya pocos se fijan en él, a la vez que abriga la esperanza de que un día un  director del Septimo Arte, un productor se acuerde de ella y la vuelva a llamar para protagonizar una nueva película al lado de su actor favorito Vicente Peña con el que ella había trabajado en innumerables ocasiones y del que siempre ha estado enamorada, pero que a causa de un infundado pudor costumbrista de aquel entonces nunca se lo había hecho saber.

Cuando hoy nuevamente me he presentado en la casa de mi tía con unos dulces de la pastelería Foix cuyo propitario era un célebre poeta de la lengua catalana que sé que a ella le encantan, la mujer que la cuida llamada Angelines se ha dirigido a mí con manifiesta preocupación.

- Ay,señor Gonzalo. Su tía es una persona muy obstinada y me trae de cabeza. Hoy, después del desayuno le he propuesto de diéramos un paseo por la Rambla y se ha negado en redondo con muy malos modos - me ha dicho la cuidadora-. Se pasa el día encerrada en la habitación donde está la televisión viendo los viejos vídeos de sus películas y suspirando por el actor Vicente Peña que aparece en ellas. Su tía no se quiere dar cuenta de que en la vida las cosas cambian y que nada es ya como antes. ¡A saber lo que será ahora de este viejo galán Vicente Peña! Mire usted a ver si la puede convencer para que salga a la calle y que le toque un poco el aire porque es que a mí no me hace ningún caso.

- Claro que lo haré. Esto es insano y no puede ser- convengo yo-. Ya hablaré con ella, pero no le puedo prometer nada.

Como es de esperar al adentrarme en su "santuario" de la imagen encuentro a mi tía Matilde con la mirada fija en el televisor recreándose una vez más en las escenas de un olvidado film de antaño en las que sale su admirado actor.

- Buenos días, tía. Te he traido aquellos dulces que tanto te gustan - le digo a modo de saludo.

- Gracias, Gonzalo. Eres muy bueno conmigo - responde ella con una ligera sonrisa y mirándome de reojo para no perder ni un àpice de la interpretación de su amor platónico.

- Ahora, mientras venía aquí me he cruzado con el doctor Vila y me ha dicho que te hace falta hacer un poco de ejercicio; que te conviene pasear y que te dé el sol, el aire porque de lo contrario acabarás enfermándo de los nervios. Y creo que tiene razón - le digo yo amparándome en una falsa autoridad clínica para que mi tía viva con más plenitud.

- ¡No me gusta que digas mentiras Gonzalo! Esto no te lo ha dicho el doctor Vila. Te lo ha dicho esta mujer sargento que me habéis puesto para que me cuide que me trata como si yo fuese una colegiala caprichosa y tonta - expresa mi tía en un tono de reproche.

- Está bien. No he visto al doctor Vila - admito yo-. Pero tía. Comprende que ella tiene razón. Piensa un poco. Hay personas que aunque de entrada no nos caigan simpáticas eso no quiere decir que no puedan decirnos la verdad. Y en este caso concreto creo que Angelines hace bien en instarte a salir a pasear. Al fin y al cabo lo decimos por tu bien.

- Bueno, bueno... Ya veremos. Ya te avisaré cuando me apetezca salir a la calle - dice mi tía Matilde bruscamente más que por convicción, para salir del paso y hacerme callar. Pues en el énfasis de sus palabras se advierte una rígida postura que no admite ninguna otra opinión que a su juicio pudiera desviarla, distraerla del interés que siente por la figura del viejo galán Vicente Peña.

Como me ha parecido que en esta ocasión mi tía parece que está más obsesionada con su pasado glorioso que otras veces, me he presentado en la consulta del consabido doctor Vila, que durante muchos tiempo ha sido el médico de cabecera y amigo de mi familia para que me aconseje qué camino debemos de tomar para poder mejorar el estado de salud aquella mujer.

- ¿En qué te puedo ayudar Gonzalo? - inquirió el doctor Vila, que es un hombre afable, de seseinta años; de cabello blanco y con un venerable bigote mostacho el cual en su juventud fue un admirador incondicional de mi tía como actriz.

- Verá. Es que mi tía cada vez está más pendiente de las películas de antes. Pero yo diría que ella apenas se fija en los argumentos de las mismas, y cada vez está más obsesionada con aquel galán Vicente Peña. Vive más de fantasía que de realidad, y temo que al final pierda por completo la razón - le expuse al doctor.

- Bien. Las últimas pruebas neurológicas que le hicimos a tu tía no revelan ninguna enfermedad cerebral. Lo de tu tía es más psicológico que otra cosa. Se trata de una fuerte fijación romántica acerca de este actor con el que trabajó, asociada con una fuerte nostalgia del pasado que la hace rechazar el presente.

- Pero ésto la puede hacer perder el sentido de la realidad - objeto yo.

- Este sentimiento llevado a un extremo sí que puede hacerla perder el mundo de vista. Sin embargo tiene su razón de ser - dijo el doctor Vila-. En la actualidad las cosas, las noticias casi siempre malas avanzan de un modo vertiginoso, implaclable y apenas hay tiempo para poderlas digerir, y menos en una persona mayor como es esta mujer. Hay muchas personas de la edad de tu tía que no les gusta el modo de vivir actual y se han quedado estancadas en los años 60. Por otra parte, es muy posible que ella haya percibido que ahora se ha perdido el respeto en las relaciones humanas, y que por esto mismo haya idealizado a este actor Viente Peña que es el prototipo del héroe, del galán que respetaba a la mujer como si de un caballero andante se tratase.

 

 

 


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