Polly Pocket vuelve a ser feliz (¡como antes!)

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Polly soñaba con Gaby, la verdad siempre soñaba con su mejor amiga, ¡la extrañaba tanto!, cuando el techo se iluminó como hacía mucho no se veía y esa luminosidad renovada la despertó. Polly estiró el pescuezo y miró hacia arriba y de pronto vio dos manitas de piel suave manoteando la nada.

   Debo estar soñando todavía, pensó Polly, porque la cara que se asomó era igualita a la de Gaby, sin embargo había pasado tanto tiempo que su amiga del alma era una apenas perceptible imagen dentro de sus recuerdos, porque de sueño en sueño lo vivido juntas iba quedando más y más atrás en el pasado. Sin duda, Gaby ahora se vería muy diferente, quizás con algunas arrugas y el pelo de otro color. Pero ahí estaba esa personita igual a Gaby, estirando los bracitos hacia ella pero sin conseguir darle alcance, a pesar del esfuerzo que hacía. Tal ves si se arrimase hacia sus manitas...

   Gaby también al comienzo tampoco conseguía darle alcance, en esas ocasiones Polly se arrimaba a sus manos sin que ella se diera cuenta; de esa manera podían a empezar a jugar en seguida. Pero un día Gaby se dio cuenta de su artimaña, ¡y ahora?, se preguntó, pero Gaby le secreteó al oído que eso sería un secreto solo de ellas dos; y así fue, hasta que llegó un tiempo en que su amiga del alma se fue distanciando de a poco y un buen día el techo se cerró y la luz se fue para siempre junto con Gaby. 

   La vocesita de la nenita la sacó de los recuerdos. 

   ¡Mami, mamí!, chilló y luego: ¡una muneca, una muneca, mami! 

   Una voz de mujer se oyó de lejos contestarle: ya voy, ya voy. 

   Y de pronto, la magia. 

   Gaby, más vieja, pero encantadora como siempre, y teñida, pero encantadora como siempre, de pronto se asomó por detrás de un hombro de su hijita. A Polly se le aguaron los ojos y seguramente gratos recuerdos habrían vuelto a florecer en la mente de Gaby, porque no más verla, también se le humedecieron los suyos. 

   Y de pronto, la magia de nuevo: Gaby la sacó de la caja.

   Polly esperaba un abrazo, una caricia; y los tuvo: un abrazo fuerte y largo y dos tiernos besos, uno en cada mejilla, para que ninguna se pusiera celosa con la otra. 

   ¡Como antes!, exclamó por dentro, jubilosa.

   Ella es Melisa, mi hija, le dijo y añadió: y sé que la harás tan feliz como me has hecho a mí, le secreteó al oído.

   ¡Como antes! Al oír esto a Polly se le formó un nudo en la garganta tan grande que aunque pudiera hablar no lo conseguiría. 

   Y ella es Polly, le dijo después a su hijita, que de inmediato la tomó en sus brazos y le dijo:

   Te quielo, Polly. Polly no pudo más contener las lágrimas y le mojó el hombro donde apoyaba su cabeza. 

   ¡Mami!, Polly ta yolando, dijo la pequeña, agrandando los ojitos como dos uvas, apenas sintió la mojadura. 

   Claro, mi amor, es de alegría, ¿no es cierto, Polly?, le dijo Gaby, con una sonrisa, mientras le alisaba el cabello a ambas.

   ¡Como antes! Era cierto, Polly lloraba de alegría, y para confirmárselo le guiñó un ojo. Otro secreto entre ambas. ¡Como antes!  


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