EL ASEDIO MENTAL 2

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"¡No me llames loco!" - se enfureció Victor provocándole a Felisa un fuerte dolor de cabeza-. Ahora te dejo para que descanses y reflexiones sobre lo nuestro y ya hablaremos en otra ocasión.

Y dicho aquello Felisa tuvo la sensación de que le quitaban un peso de encima. De momento se sintió libre de aquella presencia en su mente.

Aquella noche la funcionaria  tuvo unos sueños alterados, confusos. Igual soñaba con su exmarido, como con su última pareja, el cual de repente se convertía en el fantasmagórico Victor. Era evidente de que no descansaba como debía. Sin embargo aún quiso creer que aquel extraño personaje dejara de importunarla de una vez por todas, pero se equivocó por completo. A veces tomamos a un deseo por un hecho cuando en realidad éste no se cumple en la vida dando lugar a que nos sintamos decepcionados ya que nos parece que el destino no juega a nuestro favor.

Victor Ribas si bien por un lado era un maestro del poder mental, también por el otro lado era en el aspecto personal una lapa que no estaba dispuesto a dejar escapar a una mujer como Felisa. Era un ser contradictorio y disparatado.

`Así que la enfermiza energía psíquica de Victor no dejaba de colarse en la mente de la mujer. Estaba con ella casi a todas horas sin apenas dejarle un rato de intimidad. La asediaba en la cocina, en el trabajo, mientras veía la televisión y también cuando ella estaba en el lavabo.

Un día que un amable vecino de la escalera llamado Amadeo que tenía una relativa amistad con Felisa fue a su piso a prestarle un libro de cocina y Victor que coincidíó con él en el mismo rellano, a causa de su paranoia mal intepretó la inocente visita de aquel hombre a la funcionaria como si fuese un intento de galanteo hacia ella. El caso fue que pocos días después de aquel encuentro Amadeo sufrió un raro accidente en su coche cuando pecisamente él era un buen conductor, por lo que estuvo unos días ingresado en el hospital. ¿Habían influido los poderes mentales de Victor para quitar de en medio a aquel inocente vecino y no tener ninguna competencia en el asedio de Felisa? Aunque no se podía probar nada, ella sospechaba que sí, y se lo dijo.

"-¡Es usted un criminal! ¡Este accidente a Amadeo lo ha provocado usted! - le gritó la mujer con el pensamiento totalmente ofuscada.

"No... no es verdad... - respondió el brujo sin ninguna convicción.

"-¡ Sí! No mienta por lo menos".

" ¿Y qué si es verdad? ¿No sabes que en el amor y en la guerra todo está permitido?"

Aquella situación se hacía insoportable puesto que la actitud de Victor esclavizaba a aquella mujer. Al fin ésta desesperada le confesó a una amiga lo que le sucedia, y ésta la recomendó que visitara a un psicólogo llamado Francesc que era un vecino suyo el cual se había especializado en la Metafísica (una realidad más allá de lo físico).

Felisa decidió ir a la consulta de aquel especialista y cuando estuvo frente a él después de contarle lo que le sucedía con Victor le preguntó:

- ¿Puede usted ayudarme?

- Sí que puedo. Haremos un ejercicio mental de protección que suele dar buenos resultados. Pero también procure mantenerse a distancia de este hombre, que la puede perjudicar. Hay mucha gente tóxica en el mundo.

- Claro.

- ¿Cuál es su color preferido?

- El verde.

- Estupendo. El color de la esperanza.

Felisa como creía en la capacidad terapéutica de aquel hombre accedió de buen grado en ponerse en sus manos, y seguidamene él le sugirió que se sentara en una silla y la sometió a un estado de relajación.

- Ahora cierre los ojos, al tiempo que aspire profundamente el aire y retengalo en el abdómen; y a continuación expulse el aire lenta, muy lentamente.

Tras una pausa el metafísico siguió.

- Muy bien. Cuente del número catorce haste el uno despacio, sin prisa y deje su mente en libertad; no retenga sus pensamientos. Y observe que usted se relaja más y más.

Cuando el metafísico comprobó que la mujer estaba suficientemente relajada, la indujo a vivir un Teatro Mental reforzado con el sentimiento de confianza en sí misma.

- Es usted una mujer de mucho valor, con unos sólidos principios éticos - le dijo el terapeuta-. Ahora está usted dentro de un globo muy grande de color verde que es un reflejo de su yo, y que a su vez este es una chispa de su Creador que la protege de todo lo malo. Observe que dentro de este globo se siente estupendamente bien. Ahí tiene usted todas las cosas que le gustan. ¡Véalas y siéntese feliz!

Felisa esbozó una sonrisa complacida.

- Pero ahora ve usted la energía parecida a un rayo, que es su vecino que quiere entrar en usted - continuó el hombre-. Sin embargo vea que esta energía tropieza con la esfera del globo que la protege, rebota en ella y no puede llegar hasta usted. Él se queda afuera y no puede hacerle ningún daño. Ahora su vecino se ve contrariado mientras que usted se ve libre de su asedio.

Ciertamente Felisa se sintió libre, y no volvió a ser importunada por la energía espiritual de Victor. Desde una clásica  óptica científica se podría decir que aquella mujer padecía una obsesión de aquel sujeto con brotes paranoides de persecución. Cabría esta posibilidad si no fuese porque un día, en el ascensor de su casa donde ella coincidió con Víctor, éste en un tono plañidero le dijo:

- ¿Por qué me haces esto? ¡Por Dios, déja que te visite otra vez!

Mas ella sin hacerle el menor caso se refugió en su hogar.

Por eso yo sugiero a las queridísimas lectoras de esta página, que vigilen la fisonomía de sus vecinos de escalera y comprueben si tienen una buena mirada por lo que pudiera pasar.


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