Mis recuerdos: la primera vez que masturbé a un compañero

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Han pasado muchos años, pero de vez en cuando me viene este recuerdo gratificante.

Aclarar, que yo, no soy gay pero aun así siempre que se ve un cuerpo bien formado, aunque sea de un hombre, es bonito.

Mi nombre es Javier e hice el servicio militar en Zaragoza.

Tenía un compañero delgado, pecoso, de mi estatura, de León llamado Jose María, que no disimulaba para nada su dotación.

Y era verdad.

En las duchas o cuando se cambiaba incluso en cachondeo se bajaba la cremallera del pantalón y enseñaba su pene flácido, pero de 20 cm.

A veces nos tocaba la guardia juntos ya fuera en el mismo cuartel o en un polvorín cera de allí.

En una de estas ocasiones que estábamos en el polvorín, Jose Mari sentando en la escalera de la garita y yo con él para hacer la guardia menos pesada charlando, andaba tocando a un perro que andaba por allí abandonado por algún oficial o suboficial.

- Jose Mari deja de acariciar tanto al perro. Debe de estar lleno de pulgas. Menudo sobeteo le estas pegando, lo vas a poner cachondo y tú también.

- Más quisieras vérmelo, si quieres te lo enseño para que veas que no estoy cachondo y en el caso que lo estuviera luego me consolaré cuando pueda por la noche.

Me quede pensativo ante estas palabras de Jose Mari.

Entonces sentándome a su lado en la escalera me atreví a decirle.

- Jose Mari, te voy a proponer una cosa: luego, cuando acabes tu turno de las dos de la noche y yo te haga el relevo vendré unos minutos antes. Me gustaría ver cómo te masturbas con ese pene tan grande que tienes. No soy gay, pero me siento atraído por ello.

- ¿estás seguro que no eres marica?

-No, no lo soy, y en el caso que alguna vez hubiera algo con alguna persona del mismo sexo no significa que lo sea.

- Bueno ya veremos, a lo mejor me he pelado antes que llegues.

Subí a la garita diez minutos antes de empezar mi turno.

Era una noche cerrada y el resto de los compañeros de guardia dormían.

Siempre en voz baja:

.- Jose ¿quieres o no? 

- Bueno, vale, pero no sé, nunca me había masturbado delante de otro chico.

Empezó a bajarse el pantalón y el calzoncillo.

Y empezó a tocársela lentamente.

Al poco de empezar y como yo no soy de hielo me acerqué a él y le cogí con delicadeza su pene.

Jose Mari puso sus manos en la barandilla y era yo quien le empecé a masturbar con movimientos lentos al principio.

Al cabo de unos dos o tres minutos empecé a notar como su sangre iba bombeando y se le iba endureciendo el miembro. También a mí se me iba poniendo duro mi pene.

Incrementé el ritmo un poco. 

Su pene se estaba poniendo erecto.

Lo incrementé más.

¡Uf, como se estaba poniendo! Y el mío también.

Ya estaba erecto su pene pareciéndome más grande de lo que ya era por sí.

Entonces ya el ritmo fue rápido y al mismo tiempo con la otra mano le di un par de azotes.

Yo también estaba ya a cien, estaba incómodo con mi erección dentro de la ropa.

Me puse pegado a él, detrás, para que sintiera en sus nalgas mi paquete mientras que mi mano una y otra vez, muy rápido se la meneaba.

Y entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir.

Jose Marí puso su mano sobre la mía y regó copiosamente en abundancia con su semilla los alrededores de la garita quedando extenuado de tanto placer y yo, que ya me iba, saque mi pene y eyaculé sobre una de sus nalgas abundantemente.

No nos dijimos nada pues nos quedamos a gusto. Nos limpiamos y él se fue a dormir quedando yo en el puesto de guardia.

 


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