Necesito llorar I

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Necesito llorar.

Tenía un amigo, no era un amigo perfecto, pero era un amigo. Alguien que parecía que quería jugar conmigo.

No era un amigo perfecto, pero ¿quien lo es?

A mi él no siempre me gustaba, pero no siempre me gusto ni yo a mi misma.

Así que fuimos siendo mas y mas amigos, fuimos conociéndonos más, fuimos adaptándonos el uno al otro.

Él me contaba muchas intimidades, y yo algunas también.

Yo tengo un secreto, yo hago magia, yo puedo hacer que la gente se sienta cómoda y querida. Tengo ese don, entre algún otro.

Él se fue acomodando a mi y cada vez era más demandante, yo como sabía que podía ayudarle a estar a gusto, le acomodaba, le consentía, usaba mi magia, cada vez más.

Claro, que mi magia necesitaba compensarse, yo tenía que pagar por ella. Y yo me iba extinguiendo.

Al principio no me daba cuenta, hacía cosas cuando estaba con él, y no siempre me entendía yo a mi misma.

Con el tiempo, me notaba que me daba más y más pereza estar con él, pero ESA voz en la cabeza me decía, que tenía que estar con él, por él, que era mi único amigo, que tenía que jugar a sus juegos, según sus reglas y estar para él, por que como yo era mágica, se lo debía.

Hasta que un día, él se enfadó, me dijo que yo estaba siempre cansada y que siempre llegaba tarde y que ya no le gustaba como amiga.

Ese día me quedé sentada en su portal, esperándole, a que bajara, a que me dijera que era broma, a que me dijera que todavía me quería.

Y no bajo.

Me senté en un banco, determinada a esperarle, sin saber que otra cosa hacer. Habíamos sido amigos por tanto tiempo, que para mi era como una parte de mi.

Pensaba más en él que en mi y ahora que ya no estaba él, no sabía qué hacer.

Así que seguí sentada en el banco.

Como el no bajaba, me puse cómoda, me saque el sandwichito que tenía para comer, y primero me comí todos los mocos, me limpie la cara y poco a poco me fui comiendo el sandwichito, lo había hecho para compartirlo con él, estaba hecho más a su gusto que al mio.

Cuando le había dado un par de mordiscos al sandwich, decidí dejarlo a un lado. No era lo que yo quería.

Lo gordo es que no tenía muy claro lo que quería, había estado tan absorbida, tan centrada, en complacer a mi amigo, que no sabía lo que quería.

En ese momento empecé a llorar otra vez, al darme cuenta que realmente, era yo la que había provocado ese momento.

Debía estar absorbida por mis propios gimoteos que no me di cuenta de lo que pasaba a mi alrededor. Hasta que una mano confortadora me tocó el brazo. Por un segundo pensé que era mi viejo amigo, y miré esperanzada. Y lo que vi me confundió todavía más.

Era un hombre, todo vestido de blanco, con una túnica, con una barba larga y el pelo larguísimo también, era todo tan blanco que de hecho no se distinguía que era ropa, y que era pelo. Le miré sorprendida, emanaba una calma, que era contagiosa. Su mirada era triste.

Me lo quedé mirando, la blancura de su piel y de sus ropas, al igual que la serenidad que emanaba, me atraía. Solo con mirarle, me fui calmando y me di cuenta que el pasado no importaba, el futuro tampoco, solo el momento, y me centre en respirar y disfrutar.

Y me gusto lo que respiraba, así que seguí respirando, nada más, no se por cuanto tiempo, solo me centre en disfrutar.

En algún momento el hombre blanco se empezó a reír, y dijo:

-Pero Maria, ¿hace cuánto que no te cuidabas? Si que estabas necesitada de cariño. Sigue respirando tranquilamente.

En ese momento no entendí, y seguí respirando.

-Al respirar te llenas de lo que tengas alrededor, si estas rodeada de cariño, es cariño de lo que te llenas. - Me explicó el hombre.

Yo le miré con sorpresa, sin terminar de entender, y en ese momento vi como su blanco era todavía más resplandeciente.

Alargué mi mano para tocarle, queriendo comprobar si era real, y entonces vi mi mano, yo también estaba llena de blanco.

Me miré las manos y nunca las había visto así, de hecho, nunca me había visto así. Mis manos, mis brazos, mis piernas y mi tronco resplandecían, toda yo estaba hecha de pequeñas bolitas de energía en forma de luz, algunas más cálidas y otras más frescas. Algunas se movían a unas velocidades más rápidas y otras a velocidades más lentas.

Verme me produjo alegría y activó mi curiosidad.

Volví a mirar a mi nuevo amigo. Esta vez me fije más y vi, como él también estaba hecho de bolitas de energía, la mayoría eran blancas, las que estaban en la superficie al menos. Me quede mirando y vi, que si me fijaba con atención, había muchas capas y de muchos diferentes colores.

De repente, oí una risa, y me quede corta de respiración, le mire a mi amigo, me asuste un poco, dándome cuenta de lo diferente del momento y de la relación. Y vi que mi nuevo amigo se reía.

-Tienes una sed insaciable de saber pequeña María. Eres muy especial, cuídate, para poder seguir siendo siempre así de especial. - Me dijo.

Yo sin entender nada le miraba, con curiosidad, en parte no podía quitar los ojos de el, empece a ver como con los movimientos rítmicos de la respiración, lo que me había parecido blanco, era en realidad multicolor, con chispitas de todos los colores, como un arcoiris lleno de unicornios y hadas jugando, bailando y esparciendo su polvo.

Seguí mirándole, y prestando especial atención a su barba y su pelo, parecía un parque de atracciones para las hadas y los unicornios.

Sin darme cuenta, me olvide de mi, de mi amigo, de quien era yo, y me centre en esos seres que vivían en mi nuevo amigo. Era fascinante como jugaban, como saltaban, poco a poco empecé a oír sus chillidos de alegría. 


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