Atención Especial

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Quien podría pensar que cosas así sucederían, por azares del destino me encuentro cuidando a un paciente en un hospital, muy lejos, y donde no tenía ningún contacto.

Por cuestiones del diagnóstico permanecía 24 hrs en dicha Institución, solo salía a la pensión para familiares foráneos que se encontraba a unas cuadras del hospital, llegaba cada mes, durante una larga semana, por un año que duró la recuperación del paciente, como siempre al ingresar, como familiar, respondía a los interrogatorios médicos, era el mes de Diciembre, donde el frío en esa ciudad se sentía muy intenso, yo provenía de un estado donde las temperaturas son bastante calurosas, obviamente estaba sufriendo por frío, el médico que en esa ocasión me recibe al paciente y me pide información era muuuy atractivo y amable, ya ahí todo empezó a cambiar, su calidez y esa mirada hicieron que el frío se hiciera mínimo, continuó el día, él al parecer estaba de guardia, pasando la visita vespertina me pregunta si acaso ya fui a comer, le dije que solo salía una vez al día y que eso era ya casi al anochecer, solo sonrió, para la madrugada el frío era más fuerte y simplemente era imposible conciliar sueño, así que me quedé en el pasillo de Hospitalización, de pronto frente a mi, una puerta se abre y mi sorpresa fue ver al Médico saliendo de ahí, me lanza esta pregunta "¿aún despierta?", respondí con otra pregunta "¿le tocó guardia?", ambos sonreímos, al menos ya había vuelto a ver a esa creación del Olimpo hecha por Zeus. 

Transcurrió la noche, al día siguiente, como siempre muy temprano venía el equipo médico a pasar visita con cada paciente, después de esto, los cuidadores salimos para que nos entregaran pendientes, yo sabía que mi paciente no tenía nada por hacer, sin embargo, me llamó hacia el área de médicos, supuse que algo había pasado, solo me dio la indicación que me atendía hasta el final, cosa que me causó preocupación, me pide que tome asiento frente a él, con nerviosismo solo me salen estas palabras "¿está todo bien?", cierra la puerta y responde "Lo siento mucho, (un silencio incómodo y aunque fue solo unos segundos, me pareció eterno), dirige su mirada a mí y con una seriedad que casi le creo, comenta: "de aquí no sales hasta que vea qué mínimo te tomas esto", y saca de su bolsillo de esa bata tan pulcra, una barra de cereal y de inmediato su termo de café, mi respuesta fue obviamente unas lágrimas que el de inmediato se levantó a secar, al mismo tiempo que me decía "no te quise incomodar", solo que no veo que vayas a comer, solo estas ahí al pie de tu paciente.
Fueron tantas emociones que no supe qué decir, solo un "Gracias Doctor". 

Él espero que yo tomara el café y comiera esa barra, en esos momentos estaba en las nubes, parecía un sueño, pero no, lo supe cuando sonó una alarma, indicando que un paciente agravó, ambos corrimos, él a buscar de donde provenía la emergencia y yo hacia mi paciente.

Continuamos ambos en nuestras respectivas actividades, para esto, él ya de posguardia, podía salir temprano, para mi fortuna, me requieren unos medicamentos y gran sorpresa, coincidimos en el elevador.

Llego al piso donde los familiares debemos salir y me detiene, le dice al guardia "ella viene conmigo", me quedé en silencio y sonreí, él sabía que me dirigía a la farmacia más cercana, seguido esto, me quita la receta y con esa voz que para entonces ya me hacía temblar las piernas, "te llevo, y no te preocupes, yo te regreso también", acaso estaba yo delirando, todo me parecía increíble, en fin, me dejé llevar.

Ya en el estacionamiento del personal, frente a su auto, abre la puerta, me ayuda a entrar, me coloca el cinturón, quedaron nuestros labios muy cerca, pero ninguno se atrevió a algo más, se retira la bata, la lleva al maletero, se sube al auto, hace una llamada y me pregunta que a donde quiero ir a comer, mi pensamiento estaba en una historia irreal con él, yo no quería comer, lo quería a él, envuelto y para llevar, y con una risa nerviosa pero bastante delatadora solo pude decirle, "le agradezco sus atenciones, pero necesito ir por el medicamento", me quita la receta y me confiesa que mi paciente está bien y no requiere ningún medicamento, la receta la expidió fue para sacarme de ahí, sorprendida y un poco extrañada le cuestioné por ello, pero siendo honesta, me encantó, al final solo íbamos a comer, y así fue, llegamos a un restaurante cercano, platicamos, la mayor parte del tiempo era sobre la recuperación de mi paciente, intercambiamos números telefónicos, poca información de nosotros, pero se quedó abierta una conversación, eso nos permitía seguir en contacto.

De regreso al Hospital me dijo las cosas que le habían llamado la atención de mi, bastaron esas palabras para ponerme rendida a sus encantos (obvio no le dije, pero creo se notó).

Para el día siguiente, temprano estaba ya lista para la visita médica y más presentable que nunca, como cada mañana los familiares salíamos por los pendientes y yo salí por mi termo de café, unas galletas y una nota que decía: "hoy, ¿vamos nuevamente a comer?", para entonces solo una sonrisa y la mirada fueron mi respuesta.

Llegó la hora de comer, nuevamente salimos de ahí, comimos y en esta ocasión me muestra donde queda su departamento, ahí donde él descansa cuando no se encuentra en el hospital, regresamos muy pronto y se despidió con un beso que para mí fue como tocar el cielo, era definitivamente algo que no esperaba pero que por supuesto me agradaba.

Siguiente día y a mi paciente le tocaba un estudio que por lo regular tardaba 2 horas, él fue asignado para llevarnos, dejamos al paciente y como siempre, la sala de espera me aguardaba, ocasiones anteriores me quedaba dormida en ese tiempo, pero esta vez no fue así, le comentó al encargado de esa área que el familiar iba a traer un medicamento, que él quedaba al pendiente si algo pasaba con el paciente.

No sabía que estaba pasando, extendió su brazo buscando mis manos, lo tomé y seguí, salimos hacia el elevador y llegamos al estacionamiento, eran ya casi las 6 de la tarde, yo tenía que estar aproximadamente a las 8 de la noche recibiendo a mi paciente.
Le dije únicamente, ¿a dónde vamos?, ¿qué sucede?, me responde, regresamos a tiempo, no te preocupes.

Tantas emociones me hicieron perder noción de tiempo, lugar y de casi todo, era algo indescriptible, estaba haciendo algo que siempre soñé, pero no me atrevía, llegamos a su departamento, bastó cerrar la puerta, para besarnos de una forma que no había mesura alguna.

Está de más decirles que la ropa salía sobrando, me tumbó en su cama, y de inmediato se abalanzó en mis caderas, mis piernas y empezó a lamer mis labios, con su mano buscaba la entrada de mi vagina, la cual estaba extremadamente mojada, lubricada al máximo, solo sentía un placer indescriptible, gemía y me movía al ritmo que su boca y manos ponían.

Las sábanas fueron mi contención, solo podía pensar que esto era lo más delicioso que había sentido, me pide que siga dándole mis gemidos y mis jugos, introduce sus dedos y su lengua, con pequeños mordiscos en mis muslos, sus manos tocando cada parte de mis puntos y totalmente excitada me hace terminar, sin dejarme recuperar, me voltea, levanta mi cadera para disponer de mi vagina y mi culito, siento unas nalgadas, sus manos apretando mis nalgas con fuerza y sus embestidas que solo daban más y más placer, sigue acariciando mi trasero y dilata con sus dedos mi culo, en repetidas ocasiones, me pregunta, ¿la quites también aquí?, a lo que mi cuerpo responde y busca ese pene erecto, firme, duro y listo para penetrarme una y otra vez, en esta ocasión, yo pongo el ritmo, suave, lento y repentinamente con fuerza, una y otra vez, hasta que lo hago terminar, acto seguido, ambos caemos rendidos de placer, me abraza, besa mi espalda, cuello, mejillas y con un beso apasionado supimos que esto seguiría sucediendo.

Desde entonces, tengo su aroma grabado, la sensación de su piel sobre la mía, su boca excitando todo mi cuerpo.

Después de esto, las visitas médicas eran diferentes y especiales.

Como cada mes durante los siguientes 6 meses, ir a cuidar a mi paciente fue la mejor experiencia.


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