El primer orgasmo de Olga (parte 3/4)

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No te puedes imaginar la sensación que tuve cuando mi mano tocó su miembro. No la veía porque yo estaba pegadita a él, aunque creo que eso era aún más excitante. Pero, cuando por fin mi mano agarró aquella polla caliente, tan suave y dura al mismo tiempo, lo que más me impresionó, y hasta me hizo soltar una exclamación de sorpresa, fue el tamaño de aquel instrumento. Desde ese momento no podía controlar mis ganas de ver aquella polla, quería verla de cerca y empecé a bajarme besándole el pecho… Antes de llegar a la meta, el me levantó, me cogió de la mano y me llevó a uno de los sillones redondos. Allí me invitó con gestos suave a ponerme de rodillas delante del sillón y él se tumbó, abriendo las piernas y dejando, por fin, su miembro a mi vista… No es, otra vez te lo digo, para hacer comparaciones, pero lo que tenía delante de mis ojos, era impresionante. Era una torre de carne, vertical, palpitante, majestuosa, depilada con esmero y terminada en un maravilloso capullo rosado. Te puedo asegurar que jamás había visto una cosa igual, una cosa tan preciosa. Solo con mirarla empecé a sentir que chorreaba entre las piernas. La cogí con las dos manos y vi que aún sobraba para llenarme la boca. Con los ojos cerrados me acaricié con ella la cara, los ojos, los labios, la pasé la lengua por todo lo largo. Interminable… Olía bien era dura como un palo y suave, tan suave... Después, con los ojos cerrados aun, la cogí con la boca… Recuerdo que fue una sensación muy extraña, no podía imaginar que mi boca y mi lengua estuviesen tan acostumbradas a tu polla, a su tamaño, a su forma, a su textura y a su sabor, para que les resultase tan extraño, tan diferente, aquel miembro…

Cuando abrí los ojos vi que mi amiga y su pareja se habían instalado en el sillón de al lado. Ella a gatas, mirando hacia mí con una sonrisita cómplice y los ojos muy abiertos y el, mirándome también, penetrándola a golpes secos. En ese momento, viendo como mi amiga recibía por detrás, recuerdo que de golpe todo mi espíritu se concentró en mi vientre. Obsesionada mi boca con aquel falo no me había dado cuenta de que mi coño pedía lo suyo. Me quemaba, me dolía de tantas ganas como tenia de complacerlo. Era como si necesitase que me penetrasen para sentirme entera, para existir. Entonces fui yo quien empezó a mirar a los ojos, sin timidez alguna, a la pareja de mi amiga. Ahora me da bastante vergüenza contarlo, pero la verdad es que puse el culo lo más en pompa que pude y, sin despegar los ojos del otro mientras mi boca seguía disfrutando del italiano, empecé a moverlo invitándole a que dejase a mi amiga y viniese detrás de mí para hacerme lo mismo…

El otro sonreía, pero no se daba por aludido, o tal vez se vengaba de mi por no haber querido liarme antes con ellos… Yo insistía desesperadamente y seguía con el culo en pompa, ondulándolo, ofreciéndoselo, deseando que él o algún otro viniese detrás de mí y me penetrase con fuerza y hasta el fondo para calmarme aquel deseo tan enorme que me hacía rabiar. Te puedo asegurar que en esos momentos comprendí la leyenda de Cleopatra y que yo también, si hubiese podido, hubiese pedido una buena fila de soldados romanos, fuertes y vigorosos para que, uno detrás de otro, me hubiesen inundado el coño… Ahora me da corte contarte eso, pero es que era exactamente lo que trotaba por mi cabeza… Yo, ya no era yo, era solo sexo, era una boca, un vientre, un coño, unas tetas, un culo… Nada más…

Supongo que mi jovencito se dio cuenta de mis sufrimientos, de mis deseos, porque se enderezo lentamente, sacó su polla de mi boca, se puso en pie, se quitó la bata y después me quitó la mía y me invito, con gestos suaves a ponerme a gatas encima del sillón cama…

Ahora, así a gatas, tenía a mi amiga enfrente, muy cerquita, dando pequeños gritos de placer cada vez que su compañero entraba en ella… Yo, imaginando lo que estaba por entrar en mí, con un deseo insoportable, con el culo en pompa y sin poder dejar de moverlo, esperaba con ansias que el joven romano pusiese fin a mi sufrimiento. Quería sentir aquella polla en mis entrañas. El, creo que, para hacerme desearlo aún más, no se daba prisa… Al rato sentí que sus manos se posaban en mis caderas y me acariciaban la cintura, las nalgas, los muslos, mientras yo ya no podía más. No se me va de la mente el deseo tan insoportable que tenía en esos momentos de que entrase en mi… Ya sé que me repito, pero no puedo hacer de otra manera, quiero contarte todo lo que recuerdo, todo lo que sentí. Al mismo tiempo quiero recordarte mil veces más que no fue más que una aventura, que te quiero y que te doy las gracias por haberme permitido tener esa experiencia única... Bueno, aclarado esto otra vez, vuelvo al relato de todo lo que viví allí…

Como te contaba, el chico había empezado a acariciarme por detrás y yo estaba esperando con ansias lo que tú sabes. Fue entonces cuando sentí, por fin, algo duro y caliente presionando ligeramente los labios de mi sexo. Mantuvo esa presión, mientras me acariciaba sin empujar más adentro. Estaría así menos de un minuto, pero la verdad es que a mí me pareció una eternidad… De pronto, agarrándome fuerte las caderas, dio un empujón y su polla empezó a hacerse camino dentro de mi… Fue algo que no tengo palabras para describir, en mi cabeza trotaba la imagen de un potro montando a su yegua… Su polla se abría camino por los adentros de mi coño, llenándomelo todo entero como jamás pensé que una polla podía llenármelo. Cuando empujaba su polla contra mí, parecía que me llenaba todo el vientre. Sentía centímetro por centímetro como me iba abriendo por dentro. Era tanto el placer que cuando la retiraba, yo, sin poder esperar, empujaba enseguida mi culo contra el para empalarme, para recibir de nuevo aquella cosa caliente y dura que me dilataba el interior como nunca ninguna polla lo había hecho…


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