LA AVENTURA SENTIMENTAL DE ROBINSON CRUSOE 2

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Así que de un modo instintivo, como impulsado por un resorte Robinson se acercó a aquella mujer que le miraba  fijamente a los ojos con una insinuante sonrisa y le susurró mientras le acariciaba con cierta torpeza las melillas:

- Eres ... eres muy hermosa Victoria.

En aquel momento Robinson al notar la suavidad de su blanca piel tuvo la sensación de que su idea de que el amor no era más que un deseo sexual que para satisfacerlo antes se tenía que pasar por serie de convenciones sociales se desvanecía en el aire la cual sólo servía para justificar su autosuficiencia de naúfrago, dado que la actitud de Victoria parecía sincera.

Robinson como un animal en celo, con un desbordado frenesí besó y mordió con pasión el cuello, los lóbulos de la oreja y la boca de Victoria, a la vez que le repetía sin cesar, sin darse demasiada cuenta de ello: "Te quiero, te quiero y te deseo". Habían sido demasiados años sin tener contacto con ninguna mujer. Por su parte Victoria también se implicó a fondo en aquel acto de sensualidad, por lo que se echaron en el camastro de Robinson y copularon  a conciencia. A decir verdad ellos se dieron cuenta de que sintonizaban muy bien en el plano sexual, cosa que no siempre ocurre en el círculo de las parejas.

Ahora el hombre se sentía bastante confuso porque no sabía si realmente amaba a Victoria incondicionalmente o si en realidad su entrega había sido solo furo de la pasión.

- ¡Qué! ¿También crees que nuestro amor ha sido una farsa? - quiso saber ella con ironía cuando ya estaban relajados.

- Oh, no. Pero no quiero que mi amor por ti condicione mi vida. Yo quiero un amor sin ataduras y que no me obligue a integrarme en un ambiente que solo crea  problemas.

A Victoria le molestó aquella observación tan egocéntrica y saltó de la cama como si la hubiesen pinchado con una aguja.

-¡ Huy muchacho! Tú pides lo imposible. Yo soy una mujer muy práctica y la convivencia requiere saber solucionar los problemas en común que surgen en la sociedad - le gritó Victoria al isleño.

Dos días después, cuando la decepcionada Victoria se disponía a embarcar de nuevo rumbo a su conservadora Inglaterra le salió al paso Robinson que le preguntó:

- ¿Puedo embarcar contigo? Tal vez nos podamos entender.

- No. No resultaría - le respondió ella tajante-. Tú tienes tu mundo y yo tengo el mío. Pues yo amo a Inglaterra. ¿ O es que todavía no te has dado cuenta? Espero que aquí te vaya bien.

Unos días después de la partida de Victoria Robinson Crusoe en compañía de su inseparable amigo Viernes tuvieron que enfrentarse a unos piratas que querían posesionarse de aquella isla y por eso mismo se editaron nuevos libros de aventuras de aquel especial naúfrago.


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