En el planeta Gleis

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Un mundo grisáceo, como si de polvo de ceniza se tratase. Todo estaba muerto, nada estaba vivo. Aquello era un desierto gris sin un sol siquiera. Al fondo se podían atisbar dos criaturas. No se podía distinguir bien su aspecto a lo lejos. Se acercaban poco a poco a Ben. Ben tomo su asti como medida de precaución.  Aquellas cosas comenzaron a avanzar hacia su posición cada vez más rápido. En ese momento podía verse que se trataba de seres tetrápodos. Parecían correr de una forma muy parecida a lo que lo harían unos pumas en la Tierra. La lejanía impedía a Ben distinguir su aspecto.

Ben se abrió de piernas con el rifle asti empuñado con fuerza hacia la posición de las bestias. Estaba tenso pero sin miedo alguno. Clara estaba a su lado observando. Tampoco tenía síntomas de estar nerviosa. Los dos miraban firmes y serios hacia el peligro.

Poco a poco se iban acercando. Ahora se apreciaba sus enormes bocas a lo lejos. Ben se giró hacia Clara, ella asintió y se echó hacia atrás, un par de pasos. Ya casi tenían a aquellos animales de ese planeta encima.  

Tenían una mandíbula enorme. Los dientes sobresalían de sus labios. Aquellas bestias eran un abuso para cualquier tiburón de la Tierra. Eran peludas, negras, oscuras y sobre todo enormes. Se abalanzaron sobre Ben. Este aprovechó las botas Kidir para dar un salto muy alto hacia arriba. Enseguida esos bichos cambiaron de objetivo, giraron su cuello hacia la indefensa y desarmada Clara.

Las dos fieras en un salto a la misma vez y coordinadas, como si dos bailadoras de ballet se tratasen se abalanzaron sobre Clara.

<< Fiuum ….fiuum>>

Los dos disparos fueron secos y rápidos, sólo dejaron un agujero de su paso por las dos cabezas de las criaturas. Cayeron desplomadas al instante, inertes, muertas, como aquel lugar.

Clara seguía tranquila en el lugar.

—Tenemos que irnos, los Ktelums no tardarán en venir.


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