Estrené el culo de mi amiga Cinthya (1/4)

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Esto que les voy a contar sucedió ya hace algunos años, es una relato largo, pero trate de poner énfasis en cómo sucedieron las cosas fielmente, pues bien mi nombre es Alfredo, soy un hombre sencillo y normal como cualquier mexicano, moreno, chaparrito, cabello negro, 39 años, siempre me han gustado muchas las mujeres sobre todo sus culos, desde chico veía las novelas pornográficas de mi papa, ahí fue donde nació el amor por el culo de las mujeres, las leía una y otra vez, las escondía dentro de un libro grande y hacia como que leía el libro, yo en ese entonces soñaba con cogerme un culo, como lo hacían en esas fotonovelas, hasta ahora me gustan esas revistas más, incluso que la pornografía del internet, donde se coge por coger, en cambio en esas fotonovelas tienen historia, hablan obsceno y vulgar como cualquier mexicano cuando anda cogiendo.

En el 2016 me despidieron de la empresa donde trabajaba como soldador, era todavía soltero,  así que busque un local donde rentar, para trabajar por mi cuenta, Encontré uno barato como a 15 minutos de donde vivía, esto en Neza al oriente de la CDMX, trabajaba de lunes a sábado, así empecé a hacerme de clientes, después de trabajar 2 años ya me conocían en la colonia, a veces iba a la casa de los clientes a hacer trabajos de herrería, una señora que se llama Karina me pidió que le pusiera una puerta en su casa, así que fui y ahí conocí a la protagonista de esta historia, su hija, Cinthya, una mujercita de 21 años en ese entonces, bonita la chamaca, blanca, una cabellera larga hasta la cintura, se peinaba de muchas formas, ese día se peinó de fleco lo recuerdo bien, media como 1.65m, la canija tenía unas tetas de buen tamaño, tenía bonita cintura, su cola era generosa, nalga grande y paradita, esa clase de culo rico que se le antoja a cualquier hombre, esa vez ella vestía un pantalón de mezclilla azul y una blusa del mismo color, que dejaban ver el buen tamaño de sus tetas, me encanto la chamaca desde que la vi, ella en sí, era una niña sencilla, algo seria, pero linda y amistosa cuando hablabas con ella, como toda mujer cuando la tratas bien y eres atento con ella, cuando la vi por primera vez, ella me saludo cortésmente al igual que yo, como ya lo dije siempre he sentido pasión por las colas de las mujeres y pues en este caso la cola de ella era perfecta para mí, aparte de que ella era bonita, ese día mientras soldaba la puerta, ella estaba barriendo el patio, yo me daba mis tiempos para observar su cola, cada vez que se agachaba a recoger la basura la veía ese hermoso trasero, así estuve observando su belleza mientras hacia el trabajo, En una de esas nuestras miradas se cruzaron, la verdad es que no soy para nada un galán, pero en su mirada sentí algo, no sé si curiosidad, pero supe que no le fui indiferente, termine el trabajo, su mama me pago y me despedí.

Pasó como un mes, me encontré a su mama en el mercado, ella era una mujer muy sociable, me conto que su marido se había ido con otra, que ahora tendría que trabajar y que se le dificultaba con sus 3 hijos, Cinthya era la mayor de sus hijos, la señora Karina a sus 45 años todavía tenía lo suyo, pero desafortunadamente para ella, lo mío eran los culos de chavas y la cola de su hija cumplía con el requisito, poco después de esto, Cinthya empezó a vender gelatinas en la colonia para ayudar a su mama, empezaba temprano desde las 8 de la mañana, porque tenía que atender a sus hermanos por la tarde, la primera vez que fue al local a ofrecerme gelatinas lo recuerdo muy bien, llego linda con una diadema para su pelo largo, suéter blanco y unos jeans azul claro que dejaban ver lo deliciosas que eran sus nalgas, llego y me ofreció una gelatina, acepte y cuando ya se iba, la vi por atrás y me gusto como se movían sus nalgas, se veían paraditas y ricas, le dije oye Cinthya que bonitas las tienes, ella se volteó y me dijo “Ay Alfredo” y siguió su camino, yo solo veía como se iba caminando, imaginando como se vería ese culo desnudo, con el paso del tiempo las personas de la colonia, le pusieron de apodo a ella "la gelatinas”. Algunas veces oí hablar de ellas a varios hombres de la colonia, entre ellos a los que recolectaban basura, decían entre ellos “Esa vieja de las gelatinas tiene unas nalgas bien ricas, con ganas de encuerarla y cogerla”. Nunca le comenté nada de esto a ella.

Siempre que Cynthia pasaba a mi local, le compraba y me ponía a platicar con ella, En una de esas me comento que se salió de la escuela por lo de su papa y que a pesar de que tenía en pausa la relación con su novio,  todavía lo quería, así pasaron varias semanas y nos hicimos buenos amigos, siempre la andaba chuleando y a veces le hablaba en doble sentido sobre su culo, siempre no cayendo en lo vulgar, pero diciéndole de alguna manera que me encantaba su trasero, a pesar de eso, Algo que no había hecho era insinuarle directamente el tener sexo, como me había dicho lo de su novio y pues yo pensaba que ella tal vez no quería algo con un hombre mayor, además me agradaba su amistad y no quería perderla, todo eso me llevo a esperar para ver qué pasaba.

Un día viernes, abrí temprano, porque tenía que entregar una chamba, Ese día ella llego como a las nueve y media, se pasó al local, Nos saludamos y le compre una gelatina, yo no pensaba en algo más, solo en apurarme, ese día ella vestía una blusa larga café  y un mallón negro que dejaba ver lo sabroso de su trasero, con su peinado de cola de caballo que la hacía verse muy guapa, me empezó a contar sobre cómo era la gente de la colonia y sobre los hombres que le decían cosas, le dije a ella “que cosas te dicen Cinthya”, ella me contesto que había veces que pasaba por un taller mecánico y le gritaban  “quiero checarte el aceite” y otros el clásico de “que rico culo”, pensé dentro de mi “es lo más normal que te digan eso, con el culo que tienes” pero le conteste “No hagas caso a eso, los hombres  solo quieren molestarte”, en eso estábamos cuando entro una señora para pedirme que si podía ir a ver un detalle de soldadura, le iba a decir que no podía, pero ella insistió, entonces le dije a Cinthya, que si me cuidaba el local un ratito, ella me dijo que si, realmente no quería ir a ver, pero pues fui, vi rápido lo que era y le dije a la señora que lo podía hacer el próximo lunes, aun así perdí 30 minutos, llegue a mi local y Cynthia estaba con su cara colorada, me dejo un poco intrigado del porqué, le pregunte que le pasaba, me dijo “nada”, así que iba a continuar con el trabajo, entonces vi de reojo la revista pornográfica que compraba cada semana en el puesto de periódico, se me había olvidado entre las cotizaciones que hacía a mis clientes, seguramente estaba ella de curiosa revisando entre esos papeles, así que entendí por qué Cinthya estaba así, ella agarro su vitrina y me dijo “ya me voy Sr. Alfredo”, nos despedimos, sin hacer más comentarios, ese día me quede tarde para acabar mi chamba.


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