Mi cuñada Wendy

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Un fin de semana, fuimos a visitar a mi cuñada, pues estaba muy mal. Se había separado de su esposo y mi mujer Estela quería pasar con ella el fin de semana para animarla.

Wendy es una linda mujer, que de verla se me antoja mucho, piel morena, pechos grandes y un culo redondo y grande, de 36 años. Mi esposa es una morena de buen cuerpo, pechos grandes y un culo hermoso.

Llegamos a la casa, Wendy salió a recibirnos. Yo me llevaba bien con ella, ese día estuvimos platicando y por la tarde la convencimos de salir a una discoteca a bailar y tomar unos tragos.

Estuvimos bailando y tomando hasta que ya entrada la noche a mi esposa se le subieron las copas, pedimos la cuenta.

Nos fuimos a casa. Subí a mi esposa a la recámara y la acomodé, mientras mi cuñada se había quedado en la sala preparándose un trago. Bajé para ver si no se le ofrecía algo y darle las buenas noches. Ella me ofreció un trago, me pidió que la acompañara un rato más y no pude negarme. Platicamos de varias cosas, me dijo que envidiaba a su hermana por tener un esposo trabajador y siempre atento a ella. La verdad con mi esposa tenía una vida sexual muy activa, me complacía en todo lo relacionado con el sexo, no teníamos ningún tabú en ese aspecto. Mi cuñada estaba sentada enfrente mío y sin querer vi sus torneadas piernas abiertas un poco más de lo normal, se veía el comienzo de sus bragas. Yo desvíe la vista, pero ella se dio cuenta de mi mirada y pensé que me iba a reclamar, pero no, ella me dijo “¿te gustan?”. Me quedé perplejo por su respuesta unos segundos y le dije que sí, que tenía unas hermosas piernas. Se paró y se sentó junto a mí.

- ¿quieres tocarlas?

Tomó mi mano y la puso en sus piernas, su piel estaba caliente, como ella. Yo creo que las copas la pusieron cachonda y tenía unos meses de no probar una verga. Le toqué sus piernas, sus rodillas y le metí la mano bajo su vestido, sentí sus bragas y le metí un dedo. Ella gimió, me empezó a besar, metía su lengua en mi boca yo le agarré una teta y se la apreté, la masajeé, se las chupé, le besé el cuello, sus oídos…

Ella gemía suavemente. Me llevó a la cocina y me quitó el pantalón. Se arrodilló, bajó mi bóxer, mi verga saltó y la agarró, se la llevó a boca y empezó a darme una mamada sensacional, pasaba su lengua por todo el tronco, me besaba los huevos, pasaba su lengua por mi cabeza, la babeaba toda. Que rico sentir su boca, mamaba como diosa. En pocos minutos me sacó la leche y se la comió toda.

Se paró y la recargué en la mesa, le quité su vestido, su ropa interior y la recosté para darle un rico sexo oral. Besé sus labios, su entrepierna, con dos dedos abrí su panocha y le empecé a pasar mi lengua por toda su raja, desde el ano hasta su clítoris, le pasaba mi lengua por su culo. Ella gemía. Levantó su trasero un poco más para que mi lengua le entrara mejor, yo estaba dándole a su clítoris de arriba abajo, a los lados. Ella se retorcía de placer.

Así estuvimos como 10 minutos hasta que arqueó su cuerpo y se vino en mi boca. Tuvo un rico orgasmo.

Se levantó de la mesa, se vistió, me dio un beso y se fue a su recámara.

Ese día fue todo, pero me dijo que esto se tenía que repetir y la próxima vez sería completo, quería mi verga en todas sus cavidades.


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