La hamburguesa, ¿la quiere con o sin queso?

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La hamburguesa, ¿la quiere con o sin queso?

-Verás -dijo viéndome fijamente a los ojos (y después a los labios), con una pedantería y superioridad que sonsacaba hasta al más sereno de los pacientes-: cerca de 108,200 millones de personas han nacido en algún momento de la historia del mundo.

Claro que me quedé pasmado. A qué venían estos comentarios cuando estábamos entablados en una de las conversaciones más serias de mi vida, mi trabajo. Los traía a colación solo para enfadarme, para hacerme ver que con su poder adquisitivo era todopoderoso, incluso un genio estadistico, también para hacerme ver que por mi color cobrizo me tiene bien ganado el puesto en esta vida. Pero yo siempre acababa cobrándomelas bien.

-¿Y? -le respondí sin agitar un tan solo músculo de mi rostro-. ¿Con o sin…?

-Bueno -me interrumpió con una naturalidad que me exasperaba, riéndo estúpidamente-, si cerca de 7,700 millones de ellos están vivos actualmente…

Sacó una calculadora de la mochila que cargaba atrás de la espalda y, ante mi estupefacción, con la lentitud de un caracol, comenzó a hacer los cálculos.

-Según mis cuentas -dijo con gran parsimonia-, si divido 7,700 millones entre 108,200 millones, obtengo…, veamos…, muy bien…, ahora por cien, es igual a un ¡7%!

-7%, ¿eh? -repetí, harto de lo ilógico de la situación. Me ajusté la gorra. Mucha gente esperaba con impaciencia.

-¿No es acaso acojonante el dato?

-No -le contesté a secas-. Se escucha bien nerd.

-¿Sabías que Fidel Castro siendo joven recibía dinero de su padre para comprar los libros biográficos de dictadores como Mussolini, Hitler, Napoleón y autores rusos o alemanes que escribían sobre el control de las masas populares?

Fue entonces cuando la emprendí a sarcasmos por sus tonterías. Es decir, me exasperó. ¿Qué tenía que ver una cosa con la otra?

-¿Sabías que Trump, quien tenía en su mesita de noche una copia del Mein Kampf, heredada de su padre, se hizo multimillonario encorvándole la espalda a los indocumentados y a los negros?

-¡Pero qué herejías dices, coño! Si el hombre es un santo, va a la iglesia todos los domingos y nunca ha faltado a la verdad.

-Claro, the Big Lie and the Insurrection -dije en un inglés masticado para atrofiarle el apetito.

-¡Calla, calla, zopenco!

El hombre pronto enrojeció de la ira.

-En fin, ¿la hamburguesa, la quiere con o sin queso?

El hombre volvió para observarme detenidamente. Y luego, echándose unas grandes carcajadas y señalándome con el dedo, dijo:

-Ah, entiendo. Eres un negro comunista y populista. ¿Por qué no aceptas la gran verdad de que el capitalismo te quita el hambre? Mírate, ahora me sirves la comida y con ello salvas tu vida.

El brutal señalamiento no es que me ofendía, pero había que darle una tunda a este bravucón, así que decidí rebatirlo por placer, para que él se autoinmolara.

-Comunista sí, populista no. Comunistas Marx y Lenin, que empeñaron toda su vida en crear teorías económicas serias y científicas y murieron en ello; populistas Trump, Bolsonaro y Ayuso, que no han creado nada, más que repetir demagógicamente como loros las palabras “libertad, libertad”, disfrazados de ovejas religiosas, sintiéndose “víctimas” de los problemas del país, llegando al pueblo con una “solución mágica” que supuestamente los salvaría. Y no hicieron nada, más que asesinar a sus pueblos con su inmensa ignorancia.

"Aparte el capitalismo no es la gran panacea. Sólo en América, un continente grandisimo con 35 países reconocidos, existen 2 países que puedan llamarse 'ricos': Estados Unidos y Canadá. El resto vive en la vil miseria, comiendo mierda, balas y corrupción todos los días.

"Si el capitalismo en realidad fuera la gran solución, América tendría 33 países ricos y 2 pobres... ¿Con queso o sin quesito?

El tipo me quedó viendo con esa mirada que solo la he visto en la cara mortecina de Mariano Rajoy.

-Dámela con queso -me respondió serio y, murmurando entre dientes, añadió-. Maldito seas, mesero del demonio.

-Aquí tiene -le dije.

-Ahora hazme el favor de llamar a tu jefe.

-Como guste -le dije-. Solo espero que el sabor del cheddar no esté muy agrio. Y como dato divertido –añadí riéndome-: ¿Sabía usted que cualquier persona podía asistir a las fiestas públicas que el presidente Andrew Jackson celebraba en la Casa Blanca? ¡Y todo Washington iba! En la última fiesta, se comieron en dos horas una rueda de queso que pesaba 1.400 libras. La Casa Blanca olió a queso cheddar durante semanas.

Fuck off, nigger!!!


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