Los amigos de mi marido (1/2)

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Los amigos de mi esposo

Por Quilita Putita

Estábamos sentados en la sala con unos amigos que habían llegado de visita. Desde que llegaron, uno de ellos me miraba descaradamente, a pesar de yo hacía intentos por bajarme la falda, sentada en ese sofá, se me subía y dejaba ver mis blancos muslos. Algo más tarde, todos habíamos bebido, y mi marido algo más. ¿O le habían dado más?

Al rato ya estaba bien borracho, ya no se daba cuenta de lo que estaba pasando, de las insinuaciones que el licenciado Martínez me hacía.  Aunque algo menos borrachita que ellos, yo también sentía que ls cervezas se me habían subido algo. Y poco a poco mi faldita se me subía un poco más, enseñando cada vez algo más de mis piernas. Ya iba a medio muslo. Y al voltearme, o pararme, se quedaba arriba.

En un momento dado Martínez me pidió que le mostrara donde estaba el baño, al llegar, él se metió dejando la puerta abierta, y sin más se sacó el miembro para orinar, quise retirarme, pero la curiosidad me ganó y me quedé viéndolo, más bien viendo su palote. Lo vi bien y él a propósito lo sacudía para que viera lo grande y grueso que era, aún blando, era un hermoso ejemplar y grande, grandísimo. Y grueso.

Terminó y volvimos a la sala donde mi marido se había quedado dormido. Fui a la cocina a preparar café y cuando lo preparaba sentí a Martínez pegarse a mi trasero, restregándome su tranca, ya dura, bien dura. La estaba sintiendo.
-¡no por favor Licenciado¡ ¿Qué hace? ¡soy una señora casada y decente y usted es amigo de mi esposo, Por favor déjeme, no, esto no está bien, ¡aahhh¡- le decía, Aunque instintivamente paraba mis nalguitas para sentirlo mejor.
-¡Señora, es que no me puedo aguantar más, usted está bien rica, toda la noche he estado viendo sus piernotas y mire cómo me tiene, ahhh¡- y al decir esto me pegó más su duro miembro haciendo que yo moviera las nalgas para acomodar su palote entre ellas.
-¡Por favor Licenciado, déjeme! ahhhhhh, no sea malo conmigo, no me haga pecar, ¡aahhhhhh! le dije mientras me retiraba de ahí, si quedo un poco más, ahí mismo le las hubiera dado.

Llevé el café y les dije que me iba a dormir. Mi marido apenas si contestó Y me retiré a mi cuarto. En cuanto caí en la cama me quedé dormida, no supe cuánto tiempo paso. Me despertaron unas caricias por las piernas, que fueron subiendo hasta llegar a mis nalgas y panochita, apenas cubierta por un calzoncito. Adormilada me dejé hacer ya que esas caricias me gustan, y creía que era mi marido.  Sentí que me bajaban los calzones, convencida entre sueños que era mi marido, hasta levanté la cadera para facilitar, ya sin ellos sentí una boca que besaba mi ardiente papayita y estimulaba deliciosamente mi clítoris, lo que me hizo abrir las piernas y gemir incontrolablemente; entonces mis piernas fueron separadas y “mi marido” se colocó entre ellas. Sentí su verga colocarse en la babeante entrada de mi puchita.

Entonces medio abrí mis ojos y vi que no era mi marido, era el licenciado Martínez que me estaba metiendo su vergota. Más bien, ya me la había metido...
-¡No, no, por favor, no me la meta licenciado! no me vaya a perjudicar, se lo ruego, no me la meta, yo soy decente, no, no, aaaaayyyyyy, ¡cómo será…!

¡Ya me la metió toda, aayyyy!

Solo gemí al sentirme completamente ensartada por esa enorme vergota. Aunque me resistía, lo mojado de mi pucha ayudó a que esa cosota se me fuera como agua. Después cuando comenzó a meterla y sacarla, inconscientemente me empecé a mover al ritmo que mi nuevo picador me estaba imponiendo.

-¡Licenciado, ya por favor, ya… me está haciendo venirme…!  aaahhh, por favor, termine, aaahhhh, ¡mi marido me va a encontrar así! ¡aaahhhhh!.

Medio reponiéndome vi de reojo que alguien entraba a la habitación. ¿Era mi marido? El nuevo no hizo ruido. El licenciado no prestó atención y siguió cogiéndome y sacándome orgasmo tras orgasmo, que además yo anunciaba con gritos escandalosos.

-¡Aaahhhh, me vengo! me estoy vaciando en su chile licenciado, aaahhhhh, ya, ya por favor, me va a matar ¡aaahhhh¡ gritaba yo sin control ya que en verdad me venía una y otra vez.

Me tenía ensartada como mariposa.

Oí un ruidito, abrí los ojos y vi que la persona que había entrado era el otro amigo, el licenciado Ortega, que veía como su amigo de parranda me tenía abierta de piernas y me metía una y otra vez su enorme vergota. Se acercó ya sacándose el miembro diciendo:

-¡Convide licenciado, no sea egoísta! se ve que a la señora le gusta la verga. Quise protestar:

-¡No por favor con los dos no, no soy una puta, no sean malos conmigo por favor, con los dos no!.

No me hicieron caso, el licenciado Martínez quien me tenía su vergota bien cogida, me volteó boca abajo levantando mis nalgas para dejarme empinada en la orilla de la cama,

-¿Qué me van a hacer?, ¡por favor! ¿qué me quieren hacer?, aahhhhhhhhhhh¡- no pude terminar ya que nuevamente el Licenciado Martínez me volvió a meter su vergota pero ahora desde atrás haciendo que yo empinara las nalgas. Cuando abrí los ojos tenía la verga de Ortega en mi cara quien me decía

-¡Mámame! ¡mámame la verga putita, aahhhh¡

¡Y pues... ni modo... ¡Se la tuve que mamar! y así ese par de malvados me dieron verga cambiando de lugar varias veces, las que quisieron. Mientras yo le seguía implorando al Licenciado Martínez:

- ¡Adentro no licenciado, no se venga adentro por favor, no me vaya a dejar panzona, aaahhh, no por faaa…gghhh¡  

No pude terminar ya que el otro se empezó a vaciar en mi boca obligándome a tragar su leche, estaba yo tratando de pasar su semen cuando sentí los chorros en mi chochito. Trataba inútilmente de quitarme para que no me los echara adentro, pero Martínez me tenía bien sujeta, estaba bien pegado a mis nalgas.  

-¡Aaahhh, ya, ya, tómalos, tómalos todos, ya te los eché adentro putita, ojala te cuaje un chamaco para que tu marido sepa quién es tu nuevo picador, aaahhhh¡-, decía mientras terminaba de inyectarme su leche.

- ¡Como serán, aaahhh!

Apenas si podía hablar ya que tenía la boca llena. Con semen comenzando a escurrir de mi castigado monito por la fenomenal cogida que ese par de cabrones me habían dado.

Se retiraron no sin antes decirme que el próximo sábado volverían a darme lo mío. Al otro día mi marido se despertó y se fue a acostar conmigo sin saber que sus amigos me habían cogido mientras él dormía.


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