Cuando mi putiesposa fue profesional (parte 1)

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Fui “una de las puchachas de la casa ...  ”

Por Elzita Putita

Había una fantasía de mi putiesposita querida no muy difícil de cumplir. Ya lo habíamos platicado y pensado, pero...

Vivíamos en Rio de Janeiro, una ciudad alegre y muy liberal. Debería de ser fácil hacerlo.

Consistía en que ella fuera puta profesional, en algún lugar, aceptada como una de las puchachas de la casa. 

Primero hicimos ensayos en varias boites, donde gradualmente probamos como hacerlo.   

Ensayamos ropas, nos fijábamos en las putitas del lugar, y se vistió de acuerdo, con minifaldas que dejaban ver las nalgas, con blusas transparentes que dejaban ver los pezones o con calzones muy pequeños y a la vista.

La primera vez, sentados, nos cachondeamos, como veíamos a otras parejas. Se abrió la blusa, se la quité quedándose con los pechos a la vista y agarrándome la verga. Nadie hizo ningún caso. Era otra putita igual de encuerada que varias. Algo después se quitó la falda y abrió las piernas para que La acariciara, le hiciera una puñeta. Ya bien caliente se quitó los calzones. Y se vino.

Así como estábamos, tomando una cerveza. Le pedí que me mamara, de inmediato lo hizo, sentados, agachándose de lado se comió contenta la verga, mamando con maestría. Me convencí de que ahí a nadie le importaba lo que hicieran los demás. Del lado de ella, estaban sentados dos jóvenes viéndola. Ella estaba inclinada mamando. El vecino le acariciaba las nalgas. Ni ella ni yo reaccionamos. Yo lo veía acariciando a mi puta. De repente, se voltea, se acomoda y se la coge. Fruncí un poco las cejas y no me moví. Ella tampoco.

Aceleró el guey, hasta venirse con muchos espasmos. Se salió y rápido se coloca en su lugar su compañero. Y también se coge a mi huila. Que mueve el culo contenta. Al terminar se sienta con mirada plácida.

Amorcito, creo que te acaban de meter dos vergotas… ¿Ah sí? Si… sin duda. Vi a los cabrones. ¡Ah bueno! Riéndose, estoy pensando que aquí soy puta… Si…

Después se separó un poco, caminando por el local, vistiendo solo los calzones y la blusita y esperando que alguien la tratara como puta y se le aproximara. Varios tipos la invitaron a tomar un trago, sin consecuencias, no pasó de caricias superficiales.

Después, en otras visitas, ya más adaptada, igual casi sin ropa, se acercó a algún cliente y le propuso acompañarlo, usando las frases de costumbre en esos casos: ¿Hola guapo..., solo? ¿Quieres compañía?, etc., etc.

Tanto en el Don Juan, como en el Baccarat, ni los clientes, ni las putas, ni los encargados dijeron nada.   Y no pasaba de unas caricias y pláticas superficiales.

Solamente una vez, en el Don Juan, estábamos en ese plan y necesitó ir al baño. El de mujeres estaba cerrado por lo que esperó junto a la puerta. Junto estaba un hombre como esperando. La vio y le dijo sonriente y abriendo la puerta, que entrara al de los hombres.

Ella obediente, entró y él atrás. Al inclinarse a lavar las manos, se le aproximó y le metió las manos por los lados descubiertos de la blusita, acariciando las tetas. Y las nalgas. Se quedó quieta, esperando.  En seguida le subió la faldita a la cintura y le bajó los calzones, descubriéndole el cabús. En la postura y posición en que estaba, solo cabía darle las nalgas, cualquier otra cosa sería inaceptable y quizás descortés. Por lo que se afirmó esperando la embestida del garrote que pronto sintió apoyado, rozando y haciéndole cosquillas. 

Pero... la mujer que él estaba esperando en el baño femenino, comenzó a tocar la puerta llamándolo.

Solamente exclamó riéndose: Otro día será. Y salió en medio de las reclamaciones de la mujer.

Riéndose me lo contó en seguida. No nos esperamos y me la cogí en el banco. Como correspondía.

Otro día finalmente nos decidimos y lo hicimos. Como ya conocíamos bien el Baccarat, lo escogimos para la ocasión. En una de nuestras visitas, vistiendo solamente calzones y blusa abierta, le preguntó al encargado si la aceptaría para trabajar una de esas noches.

El gerente la vio y respondió que sí, que podría ir, debiendo presentarse a las 7 de la noche, el día que quisiera.

Escogimos el siguiente viernes. Estábamos nerviositos: Ya eres putita, pero hasta ahora solo aficionada, hoy vas a ser profesional. No se te olvide de facilitar el cachondeo, mueve las nalgas, enseña las chiches. Acuérdate de guardar la lana en el zapato. Y que no puedes decir no. Si te pagan, ¡a mamar, o dar las nalgas! Inclusive aflojar el chiquito. No se te olvide ver los preci9os en el espejo del baño de mujeres.

No te preocupes. La única diferencia es que voy a cobrar. Coger ya lo hago y de gratis. Ya se bien como abrir las piernas y dar las nalgas…

Llegamos a la hora que le dijeron, como era muy temprano para los clientes, me fui a dar algunas vueltas y a una hora decente me acerqué al local. En un bar próximo tomé una cerveza haciendo un poco más de tiempo, ahí estaba una de las pirujas, comentando que no había mucho ambiente dentro.

Finalmente entré, y sí, el ambiente estaba con muy poca gente. Me senté en un lugar al fondo de donde podía ver todo.

Me vio y calmamente acercó diciendo lo habitual en esos casos.

¡Hola! ¿Solito? ¿Me invitas un trago?

¡Hola putita! No gracias… al rato… Y en voz baja le pregunté cómo se sentía.

No hay movimiento. Respondió, vamos a esperar un poco.

Y se regresó al lugar donde estaba.

Hasta ahí yo estaba convencido que sería una noche sin más aventura que el de haber sido aceptada. Lo que ya era ganancia.

¡Estaba equivocado! ¡Y como! Fui al baño y coincidí con otro de los pocos clientes. Nos vimos y simpatizamos, de la manera que sucede andando de parranda. En dos palabras ya éramos grandes cuates. Al identificar un acento extranjero, me preguntó de donde era. Y al saberlo, se alegró y me invitó a su mesa. ¡A partir de ese momento, ya éramos casi compadres!

Al llegar a su mesa, ya estaba esperándolo una rubia artificial y pegajosa esperándolo. Pero él no la quería, ya se la había cogido y quería algo nuevo. O no lo había dejado satisfecho. No lo supe y me la endilgó.

Esa fue la oportunidad dorada de llamar a mi putiesposita. Lo hice.

Le dije a un mesero: Llama a aquella blanquita…

¿Esa? No, la blanquita de junto…

El mesero le dijo y ella se acercó de inmediato.

Le murmuré: Vas con aquel tipo. Asintió con la cabeza y se dirigió al hombre. Se sentó junto y pidió un trago. El comportamiento esperado de las putas en cualquier lugar del mundo.

A partir de ahí se procedió fluidamente. En cuanto yo manoseaba la rubia, que de inmediato se encueró, vi que mi putita ya iba perdiendo ropa. Rapidito se quedó enseñando las tetitas. Poco después, ya desnuda, el cliente también desnudo, de pie frente a ella, le estaba colocando la pescuezona en la boquita, que ella obedientemente se comió, mamándolo a rigor. Se la comía toda.

Mientras, para no hacer el feo, me estaba cogiendo a la guera oxigenada.

Cuando voltee de nuevo, estaba sentada en al banco de piernas abiertas, cogida, creo que de nuevo. Medio vi que ya se la había jodido de pie inclinada, clavada en el palo entre las nalgas, primero de frente, y después de espaldas, y también sentada en el banco abriendo las piernas y ahora, nuevamente sentada, de frente al tipo, a horcajadas en sus piernas. Después me contó que el tipo no eyaculaba, y podía tener erecciones muy largas. Cogidas de larga duración cambiando de pose a la puta.

Me senté a verla. ¡Era una verdadera putota cabrona! Muy buena moviendo el culo. ¡no les dejaba nada a deber a las profesionales del local! para diversión de todos los presentes. Era el show de sexo en vivo.

Me acerqué para cachondearla. Cuando se puso de pie sesgada hacia donde yo estaba, inclinada para mamarlo sentí que me estaba ofreciendo las nailon, me acomodé por atrás después, para diversión del cliente y se la dejé ir por el culo.

Después di unas buenas empujadas de tripas, los dos moviendo los culos y el cliente por delante bombeándola.

Al venirme, nos sentamos los tres, descansando. Estaba sentada en las piernas del cliente, encuerada abrazándolo, acariciada, más bien cachondeada suavemente.

Éste se le quedó viendo y le dijo: ¡Pero que pinche hija de puta...! ¡Que putota cabrona eres...¡

Nos reímos como si hubiera sido un buen chiste...

Mas tarde, aprovechando una pequeña confusión, quietamente nos salimos, como si la estuviera llevando al hotel.

Lo celebramos mucho. Así supimos que sí era puta, muy puta. Regresó varias veces…para nuestro goce…


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