Relatos Eróticos III. Primer Relato de Bea: Vergüenza en la cama.

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      Marta se despertó a las 8 y 21 de la mañana y descubrió que su vecino aún seguía en la cama. La verdad es que el sexo de la noche anterior no había estado mal. Marta tenía que reconocer que Fernando, que así se llamaba el varón que dormía en calzoncillos a su lado, sabía dónde tocar y como meterla. Por un instante se le pasó por la cabeza despertarle y morrearse con él, pero eso podía sonar desesperado y lo último que quería es que él se sintiese acosado o lo que es peor, en manos de una adicta al sexo. Así que optó por acostarse de lado, retirar un poco la sábana y bajarse un poco las braguitas para dejar a la vista el nacimiento del culo, seguro que eso atraía su atención. Satisfecha con su plan, se hizo la dormida confiándolo todo a sus otros sentidos. 

      Pocos minutos después Fernando se despertó y antes de pensar, habituado como estaba a dormir solo, deslizó su mano y se rascó la nalga durante cinco largos segundos. A continuación, levantando ligeramente su pelvis, dejó escapar una ruidosa ventosidad. "Qué a gus..." empezó a decir, pero la frase se quedó a medias cuando se percató de que no estaba solo en la cama. El color rojo inundó sus mejillas y durante unos segundos aguantó la respiración. Por suerte, o eso creía él, su vecina descansaba en brazos de Morfeo. 

    Marta, por su parte, arrugó la nariz cuando el aroma de la flatulencia la alcanzó. Su primer pensamiento fue "Qué tío más guarro, se rasca el trasero y no es capaz de levantarse y aliviarse en el baño. ", sin embargo, no era el momento de estropearlo todo por algo natural, seguramente no se habría dado cuenta de que ella estaba allí. Quizás lo más correcto fuera darse la vuelta y preguntarle directamente...pero eso, sí, eso cortaría el rollo y ella no quería eso, ella quería estar en sus brazos una vez más y notar sus labios y su lengua en la piel. Además, dos cosas estaban claras, no había todavía entre ellos esa confianza para hablar del tema y además, si a ella, de manera accidental se le escapaba uno, bueno, no sería tan grave después del antecedente. Así que espero a que el olorcillo desapareciese y después, emulando a una actriz, hizo que se despertaba. 

- Buenos días.

- Hola princesa.

- Sabes, esta mañana me he levantado y lo primero que he visto ha sido un culito muy rico.

Marta se ruborizó, pero viendo la oportunidad de enrollarse de nuevo, contestó.

- El culito está triste. - y dándose la vuelta movió su trasero de forma sensual.

Fernando, como ella esperaba, no pudo aguantar la tentación y tras bajarle las bragas del todo, estampó un casto beso en uno de los cachetes mientras sobaba con su mano la otra nalga.

- Te toca a ti. 

- ¿Cómo dices? - respondió la mujer.

Fernando se tumbó boca abajo y se bajó los pantalones.

Marta tragó saliva, pensó en el episodio reciente y estuvo a punto de decir... "vale, pero por favor, no te tires otro." Sin embargo, nada salió de su boca y pronto su lengua se entretuvo en la húmeda raja del culo de su amante. "

Bea hizo una pausa.

- ¿Ya está? un poquito...

- sí...

- pero esas cosas pasan, ¿no?

- A ti te ha pasado... tú sueles... ya sabes, en la ofi, cuando no hay nadie...

- Yo... yo voy al baño...

- Seguro...

- Bueno, luego paso una encuesta anónima y confesáis... lo que os iba a decir...

- ¿El qué?

- Es que son dos relatos. - 

- ah, ok. Adelante con el siguiente.


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