Relatos Eróticos IV. Final. Erotismo en un Onsen.

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Marcos tomó la palabra y comenzó con la historia.

"Sayako y su alumna Paula entraron en el Onsen. El paisaje de rocas y arbustos con colores otoñales era idílico. El sonido del agua, precipitándose desde una pequeña cascada y colándose entre las rocas, el contraste entre el agua fría en una piscina y caliente en el estanque de al lado creaban una atmósfera única. Paula observó como una joven oriental, de cabello largo y liso, completamente en cueros, se metía en la piscina, otra mujer, de grandes pechos, reía con los pies metidos en el agua mientras invitaba a unirse a ella a una joven menuda de culito saltón.

- ¿Qué te parece? - le preguntó Sayako.

- Me da un poco de vergüenza... - respondió la aludida.

- Vergüenza... no te preocupes, aquí todo es natural. Vamos, quítate esa toalla y siéntate en un banquito de madera para purificar tu cuerpo.

Paula obedeció y tras desnudarse se sentó en el banquito. Sayako también se quitó la ropa. Luego se acercó a Paula y le ofreció un poco de champú. 

- Arigatou. - dijo recibiendo el líquido en sus manos y extendiéndolo por cuerpo y cabello. A continuación, haciendo uso de una ducha de mano a su disposición se aclaró mientras observaba como su compañera se lavaba.

Minutos después, ambas descansaban en el interior del estanque de agua caliente.

Paula suspiró.

- ¿Se está bien? - intervino Sayako con voz suave.

- Muy bien, este calorcito recorriendo el cuerpo, este ambiente, esta paz.

- Me alegro. - dijo Sayako.

- ¿Qué estarán haciendo nuestros hombres? - preguntó Paula haciendo referencia a la pareja de Sayako y a su propio marido.

- Entiendo que lo mismo que nosotras en el Onsen gemelo reservado para varones...

- Sí, supongo que sí. - dijo Paula. - por cierto, ¿tu conocías a mi marido de antes verdad?

- Sí, coincidimos una vez.

- Sí, algo me dijo, pero nunca me llegó a contar... tu me puedes...

- No sé... si él no...

- Venga, cuéntame... no me importa... ¿por qué no habréis...?... Bueno y si lo habéis hecho está ok para mí... entonces todavía no nos conocíamos. - reflexionó Paula.

- No llegamos a tanto... la verdad es que la situación fue un poco... bueno, digamos especial.

Paula llena de curiosidad insistió en conocer la historia prometiendo que no saldría de ahí.

- No sé... sin que él sepa... y si luego cantas.

- No diré nada, aunque me sometan a la tortura de las cosquillas chinas aguantaré.

- No conozco ese terrible castigo, pero... está bien, te lo cuento... te lo cuento si me das un beso.

- ¡Un beso! -

- Sí, un beso en los labios.

- ¿Te gustan las chicas... has...

- No, la verdad es que no... pero tengo curiosidad y tu eres tan dulce.

     Paula miró a su alrededor... la mayoría de las mujeres se habían ido y solo quedaba una mujer madura que les daba la espalda.

- Está bien, ¿cómo lo hacemos?

- Ven aquí, acércate.

      Paula se aproximó hasta tocar con sus muslos los de Sayako. Su amiga oriental apoyó una mano en su pecho y pellizcó con suavidad un pezón. 

- Tienes unos senos preciosos. - dijo haciendo que las mejillas de Paula se ruborizaran. Luego, acercando su rostro al de su alumna la beso en los labios.

- ¿Te gustó?

- Sí, no estuvo mal.

- ¿Qué opinas del tatuaje que tu marido tiene en la nalga?

Paula abrió de par en par los ojos.

- Sí, conozco el cuerpo de tu esposo, y he soñado alguna vez con él, aunque nunca llegué a tocarlo... le conocí en clase.

- ¿En clase? - interrumpió Paula con una cara de sorpresa que hizo sonreír a Sayako.

- Sí, en clase... Por aquel entonces yo acudía a una academia de dibujo y un día contrataron a un modelo, un varón, para que posase desnudo. Todavía recuerdo la mezcla de sensaciones. Por un lado, tenía frente a mí a un joven en pelotas y por otro un lienzo en blanco... no es fácil pintar... el culo, bueno, es relativamente fácil de inmortalizar... dos bolas con cierta forma y una línea gruesa representando la raja... otro tema es el... bueno el pene... no sé si era debido al calor de la sala o al verse foco de atención, el caso es que el miembro se sujetaba paralelo al suelo en todo su esplendor y daban ganas de tocarlo... todavía...

- ¿Tienes el cuadro? - intervino Paula

- Sí, supongo que lo tendré por algún sitio... ¿quieres verlo? para qué, si tienes el original.

- Oye... - dijo Paula

- Sí.

- Se me ha ocurrido una idea... después de cenar esta noche... por qué no vamos a una habitación todos y nos desnudamos...

- ¿Una orgía? - repuso Sayako en voz baja sin poder ocultar la excitación.

- Bueno, hasta donde lleguemos... entiendo que también habremos de contar con la opinión de los "chicos"...

- Su opinión... me parece bien, aunque siendo como son no creo que la idea les desagrade.

- Además, ya se conocen

- Sí, sí... han ido al Onsen y ya saben cómo es un tío desnudo.

Las dos mujeres se echaron a reír. "

- Y colorín colorado esta historia se ha acabado... Lo cual es un alivio.

- ¿Por qué? A mí me ha parecido muy sensual.

- Porque si tengo que meterme con la acción...

- ¿La orgía dices? - intervino Jose.

- Sí, esa parte es difícil de describir... ese batiburrillo de pieles brillantes, esa mezcla de olores, ese collage de sonidos eróticos...

- A mí me gustó el paisaje del... "Onsen"... dijiste Onsen ¿verdad?

- Sí, aguas termales, muy populares en Japón.

- Buff, cuánto sabes sobre Japón. - dijo Jose hablando de nuevo.

- No creas...

- ¿Cómo se dice "culo" en japonés? - preguntó Bea.

- Bea... ya estabas tardando en hacer tus "preguntitas" picantonas...

- Vaya con el hombre puro este... ni que os hubiese propuesto desnudaros.

- ¿Estarías dispuesta? - preguntó Marcos burlón.

- Oshiri. - 

- ¿Perdón? - 

- Oshiri, en japonés "culo" se dice oshiri. - dijo Yolanda.

Los cuatro permanecieron en silencio durante unos segundos.

Fuera la luna y las estrellas iluminaban un cielo sin nubes.


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