CON FREDY (1/2)

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Hacía ya dos meses que me había trasladado a vivir a Tarragona por razones de trabajo y ante la imposibilidad de encontrar algo en Madrid como bióloga. Cuando me ofrecieron formar parte del proyecto de investigación sobre la reproducción de las algas en la zona del Mediterráneo catalán, no me lo pensé y en quince días me incorporé al equipo.

Todo surgió desayunado con los compañeros en el bar al que solíamos ir todos los días. Empezaron a hablar de sitios especiales para ir a comer y Fredy propuso quedar un día todos para ir a comer escargots a la llauna. Fui la primera en apuntarme a la idea porque los caracoles me encantan. La idea no tuvo éxito y nadie más se apuntó.

Ya en el trabajo recibí un correo electrónico de Fredy diciéndome que, después de comentarlo en el desayuno, se le había antojado ir el sábado a comer caracoles y preguntaba si me apuntaba. Sin pensármelo contesté que sí, entre otras cosas porque no conocía a nadie y era una forma de salir de casa el fin de semana en compañía de alguien.

Mi relación laboral con Fredy no era muy directa y teníamos cometidos distintos en el proyecto. Era muy abierto y nos reíamos mucho con sus ocurrencias y me había gustado físicamente desde el día que le conocí.

Me contestó que podíamos ir en su moto e inmediatamente le dije que me daba miedo, sobre todo por aquellas carreteras llenas de curvas bordeando la costa. Le propuse ir en mi coche, bastante más seguro y cómodo. Es un Range Rover que me regaló mi padre cuando me trasladé a Tarragona. Su respuesta fue afirmativa, advirtiéndome que en algún momento me iba a quitar el miedo a la moto. Acordamos que pasaba a recogerle el sábado a las doce en su casa y me dio la dirección.

Desde ese momento mi cabeza empezó a elucubrar fantasías. Me imaginaba que íbamos a una playa desierta y follábamos allí, unas veces delicadamente y otras como animales. La verdad es que hacía más de dos meses que no echaba un polvo y eso el cuerpo lo nota.

Decidí que no tenía la ropa adecuada para ir a comer con Fredy, ropa tenía de sobra y más siendo verano, aunque no como la que quería vestir ese día. Al llegar a casa comí algo rápido y en vez de echarme la siesta me puse a programarme las tardes que faltaban hasta el sábado.

Lo primero ir a depilarme cuanto antes para no tener marcas rojas el día de la cita y lo segundo ir de compras. Me metí en internet y busqué un gabinete de depilación cerca de casa que tuviera buenas referencias, aún no había ido a ninguno allí. La decisión fue fácil, de cuatro que había solo a uno lo ponían como muy bueno. Llamé y reservé hora para esa misma tarde.

Me hicieron las axilas, los brazos, las piernas y las ingles. La chica que me atendió me preguntó si quería que me hiciera algo especial en el pubis, me quedé pensando y aunque nunca me lo había hecho, le dije que me lo dejara limpio de vello. La verdad es que pensaba que iba a estar dos días con picores ahí abajo y no fue así. Me sentía rara pero no molesta.

Al día siguiente fui al centro comercial y me compré una falda blanca, amplía y cómoda, que me llegaba hasta medio muslo. Compré una camiseta ceñida de color rojo sujeta en los hombros con solo unas tiritas de tela. Pensé que ninguno de mis sujetadores me valía porque todos eran de tirantes y decidí comprar uno sin ellos. Se me pasó por la cabeza la idea de no ponerme sujetador y la deseché enseguida, con una talla noventa y cinco iba a ser un escándalo con solo ponerme a andar.

Al final me decidí por uno blanco que me dejaba los pezones al descubierto y solo cubría los pechos por debajo, sabía que era una provocación si llegaba a vérmelo, aunque si lo hacía quería decir que me iba a durar muy poco puesto. También me compre un tanga a juego que tapaba exclusivamente el pubis, el resto eran tiritas de tela.

Los dos días siguientes me imaginaba vestida con mi ropa nueva y fantaseaba con Fredy en distintas situaciones; metiéndome mano en el coche mientras yo conducía, o tomando una copa en algún rincón de un chiringuito de la playa metiéndome mano mientras me besaba, o en un mirador con la vista perdida en el mar mientras me la metía desde atrás. Cualquier escenario me parecía apropiado para tener sexo con él y esos pensamientos hacían que me excitara.


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