CIBER POLVO

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Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
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Maite y yo habíamos compartido tres años habitación en la residencia mientras estudiábamos en Madrid. Al acabar la carrera cada una volvió a su casa y seguimos manteniendo el contacto asiduo. Al menos una vez cada dos semanas nos comunicábamos por Skype y hablábamos de nuestras cosas.

Al poco de empezar a trabajar se enamoró de un compañero y se fue a vivir con él. Yo le conocí en unos de los viajes de fin de semana a verla y me hospedaba en un hotel, cuando vivía aún con sus padres. Posteriormente, cuando iba a verla, me quedaba en la casa que compartía con su novio, un tío simpático que nos dejaba nuestro espacio cuando estábamos juntas.

Una tarde me estaba en casa haciéndome una paja mientras veía porno en mi habitación en el ordenador, cuando me entró una llamada de Maite. Preguntó si me interrumpía y le dije que si y que no. Me dijo que me aclarara porque no entendía nada y le dije que me estaba masturbando pero que lo dejaba y seguía luego. Se echó a reír.

Cuando vivíamos juntas en la residencia más de una vez nos habíamos aliviado juntas en la habitación, incluso habíamos practicado sexo entre nosotras cuando la cosa se nos había ido de los manos, lo que era frecuente.

Me empezó a contar que estaban pensando en casarse a pesar de la pereza que le daba todo lo que conllevan los preparativos, el rollo de contárselo a las familias y que se conocieran, contratar salón, menús, trajes para los dos, etc. Impensable hacer una boda sencilla como les gustaría a ellos, conociendo a sus familias.

En esas estábamos cuando apareció Juan y la besó en el cuello, como siempre hacía al llegar a casa. Cuando se dio cuenta de que era yo la que aparecía en la pantalla, me saludó y me lanzó un beso con la mano, luego desapareció de la pantalla y Maite siguió contándome lo de su boda.

Al rato volvió a aparecer Juan y le dijo a Maite que le dejara sentarse en la silla y ella se sentara en sus piernas. Me preguntó como me iban las cosas y si estaba rompiendo el corazón a algún chico en ese momento. Maite le dijo que no porque si fuera así no tendría que jugar sola y las dos nos echamos a reír.

Como el pobre no entendía nada se lo aclaré. Le dije que su chica me había interrumpido cuando estaba viendo porno y haciéndome una paja y la había aplazado para cuando acabáramos de hablar. Con cierta sorna me dijo que si quería ver porno real y en directo, empezaba a meterle mano a Maite y me la acababa mientras les miraba. Esta vez nos reímos los tres.

Las manos de Juan empezaron a acariciar los pechos de Maite por encima de la camiseta con el dibujo de Snoopy que llevaba puesta. Cuando los pezones se la pusieron duros los apretó con los dedos y me dijo que me fijara como se le ponían en cuanto se los tocaba. Contesté que yo también los tenía duros y de punta desde hacía rato, debido a que me había quedado a medias cuando me llamó Maite.

Le sacó la camiseta a su chica por la cabeza y empezó a tocarle los pezones de nuevo. Me dijo que les enseñara las tetas para comprobar lo que había dicho y no tuve problema. Con los pechos al aire me cogí los pezones y me los estiré un poco. Escuche la voz de Maite diciéndole a Juan que me encantaba estrujármelos y podía llegar a correrme sin necesidad de tocarme entre las piernas, y que ella sería incapaz de soportar el dolor como yo y mucho menos excitarse.

Ante la cara de incredulidad de Juan, me pellizqué con fuerza los pezones y estiré de ellos hasta que sentí dolor e inmediatamente volví a mojarme entre las piernas. Le escuché decir que le gustaría verlo en vivo y en directo porque le parecía increíble. Nosotras nos echamos a reír.

Retiraron la silla del ordenador hasta comprobar que se les podía ver el cuerpo entero en la pantalla. Le quitó las bragas a Maite y se las metió en la boca. Ya con el coño al aire empezó a pasarle la mano y de vez en cuando aplicaba un dedo en el clítoris. Los jadeos de Maite empezaron a escucharse por los altavoces y me quité las bragas y me las metí en la boca.

Retiré mi silla como habían hecho ellos hasta comprobar que se me veía desde las rodillas hasta la cabeza e imité a Juan tocándome al ritmo que el tocaba a Maite, sin dejar de apretarme un pezón con la mano libre. Sus ojos estaban clavados en la pantalla y cuanto más se acercaba con más vigor agitaba el coño de su novia que no aguanto mucho y se corrió entre gemidos.

La hizo incorporarse y se quitó los pantalones y los calzoncillos. Tenía la polla mirando hacia arriba sujeta por la mano de Maite que se la agitaba. Me incliné hacia delante y abrí el cajón de la mesa para sacar uno de mis juguetes. Blandiendo un pene de silicona de considerables dimensiones, me puse a chupar la punta acercando la cara a la pantalla.

Juan sentó a Maite encima de él y la penetró por delante, se apreciaba perfectamente en la pantalla como entraba y salía de ella. Puse las piernas encima de los reposabrazos del sillón para mostrarme lo más abierta posible y me fui introduciendo el dildo con una mano, hasta que desapareció entero dentro. Con la otra mano me pasaba una uña por el clítoris en círculos.

Maite no perdía de vista mi coño ni yo el suyo y como tantas veces habíamos hecho en nuestros tiempos de estudiantes, nos coordinamos para corrernos al mismo tiempo, aunque en esta ocasión sin podernos tocar entre nosotras.

Juan la puso de rodillas en el suelo y acercándole la polla a la cara se la metió en la boca, mientras yo luchaba por conseguir el segundo orgasmo penetrándome frenéticamente el coño. Vi a Maite masturbándole con el capullo pegado a sus labios y la boca abierta mientras miraba a la pantalla, invitándome a que no me perdiera detalle.

Estaba a punto de conseguir mi objetivo cuando un chorro de semen le inundó la cara y la boca. En ese momento me vino el orgasmo y seguí follándome enérgicamente hasta que me relajé. Me saqué el chisme del coño y le pasé por la lengua antes de metérmelo en la boca, para deleitarme con mis fluidos.

Al final acabamos los tres riéndonos y se despidieron diciéndome que se iban a la cama a seguir follando. Nos despedimos lanzándonos besos y cuando desaparecieron de la pantalla cerré Skype y volví a mi porno, la fiesta solo acababa de empezar para mí.


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