CON FREDY (2/2)

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El sábado le recogí a la hora acordada y al entrar en el coche me besó las mejillas, era la primera vez nos saludábamos con un beso y me pareció un gesto simpático. Metí la dirección de destino en el GPS y nos pusimos en marcha.

No había pasado un cuarto de hora cuando me dijo que me desviara por una carretera sin asfaltar. Pensé que quería meterme en algún sitio apartado para follarme y me propuse rechazarle, tenía muchas ganas, pero dignidad también.

Llegamos a una zona de aparcamientos donde había un mirador a la costa sobre un acantilado, no era como yo lo había imaginado, aunque me pareció perfecto para que me la metiera mientras disfrutaba de las vistas. No era esa su intención, simplemente quería enseñármelo y además no hubiera sido posible porque había más gente.

Me puso la mano en la espalda para indicarme que nos íbamos. La verdad es que lo hizo bastante abajo, rozando el borde del tanga, un gesto que nunca sabes si es casual o intencionado. Volvimos al coche y retomamos el viaje.

El restaurant era una masía en un cerro con unas vistas maravillosas de la sierra. Los caracoles estaban deliciosos, nunca los había probado cocinados a la brasa y una salsa parecida al chimichurri argentino. Después comimos un delicioso conejo también a la brasa y con ali oli, todo regado con un vino del Penedés. Al acabar de comer me dijo que estábamos como para besar a alguien, sabiendo a ajo. Contesté que en nuestro caso daba lo mismo porque habíamos comido y nos reímos los dos de la ocurrencia.

A pesar de mi insistencia en pagar a medias, se empeñó en pagar él la comida diciéndome que íbamos a ir a tomar una copa a otro sitio y allí pagaba yo, era un sitio que me iba a gustar. Al ir a coger el coche y antes de montarnos me preguntó si podía probar mi alioli, no caí al principio a que se refería hasta que me acorde del comentario del olor a ajo y me eché a reír. Me acerqué a él y le ofrecí los labios.

El primer beso fue suave y corto, solo un pico. El segundo duró un poco más y en el tercero metí la lengua en su boca. Me abrazó con una mano en la espalda y la otra en el culo apretándome contra su sexo para decirme que la tenía dura y me mojé sabiendo que íbamos a follar.

Entramos en el coche y nos besamos de nuevo. Me puso una mano en un pecho mientras con la otra me acariciaba la nuca. Desabroché dos botones de su camisa y le acaricié el pecho, era suave y sin un solo pelo.

Miramos alrededor para comprobar si había gente o no para ponernos a follar allí mismo. Justo en ese momento salían del restaurant un grupo de personas mayores y nos aguó la fiesta. Me dijo que arrancara y él me iba indicando. Salimos a la carretera y al poco me señaló un camino de tierra a la derecha para que me desviara. El terreno no era muy adecuado para transitar en coche, pero el todo terreno no se resentía.

Llegamos al final del camino y me dijo que parara. Nos bajamos del coche y me preguntó si llevaba algo para sentarnos en el suelo. Saqué una sábana que había comprado a los vendedores ambulantes de la playa para sentarme en vez de hacerlo en la toalla. Unos diez metros más adelante estaba el borde de un acantilado al mar, el sitio era perfecto y las vistas increíbles.

Extendimos la sabana y antes de sentarnos nos besamos. Sus manos empezaron a acariciarme los pechos y me quitó la camiseta, al descubrir los pezones al aire se dedicó a chuparlos sin quitarme el sujetador que siguió en su sitio hasta el final de la fiesta, todo un acierto haberlo elegido.

Se agachó e hizo que pasara una pierna por encima de su hombro, retiró a un lado el tanga y e puso la lengua. Después de mi primer orgasmo se incorporó y me besó, mientras yo le desabrochaba la bragueta y le sacaba el pene. Me puse de rodillas y empecé a chupársela. Tampoco allí tenía vello y me encantó cuando le chupé los huevos, los tenía muy suaves.

Me dijo que parara porque no quería correrse aún. Se tumbó en el suelo y me dijo que me montara encima sujetándose la polla hacia arriba. Me gustó su gesto de permitir que fuera yo la que dirigiera la penetración hasta donde quisiera porque tenía la polla más gruesa y larga de lo normal.

Me la metí entera y empecé a moverme buscando la posición que más me gustaba. Empezó a sobarme los pechos y después se ocupó solo de los pezones. A medida que crecía mi excitación más presión les imprimía hasta que yo hacía algún gesto de dolor. Al final fui yo la que pedí que me hiciera daño cuando empecé a correrme. Me dijo siguiera moviéndome y enseguida sentí el calor de su semen dentro.

Nos limpiamos un poco y nos adecentamos para montarnos en el coche e irnos a su casa. Ya en el coche volvió basarme metiendo la mano por debajo de la falda para tocarme el sexo. No llevaba el tanga, se lo había guardado en un bolsillo del pantalón.

Al llegar a su casa nos fimos directamente a la cama. Pedimos comida y bebida a domicilio para dos días y pasamos el fin de semana en la casa que poco tiempo después empezamos a compartir.


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