VIDA LÍQUIDA 2

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Me llamó la atención el frenesí con que María Teresa hacía el amor. Daba la sensación de que ella se hubiese estado reprimiendo duante mucho tiempo hasta estos especiales momentos y ahora qusiera resarcirse de su ayuno sexual. Por lo demás, nuestra vida conyugal siguió por unos cauces de una supuesta normaliad como muchas otras parejas de nuestro entorno, y tuvimos dos hijas preciosas que alegraban nuestra existencia.

Sin embargo un día al llegar yo a mi hogar después de una engorrosa jornada de trabajo, me encontré a María Teresa sentada en un sillón del comedor con una expresión de circunstancias como si estuviese dispuesta a darme una mala noticia, o una reprimenda. "¿Qué está sucediendo?" - me pregunté yo con inquietud.

- Tengo que hablar contigo Guillermo - me dijo ella con resolución.

Resultaba que mi mujer deseaba que nos separásemos, porque se daba el caso que ella había reencontrado a una vieja amiga suya del colegio llamada Matilde en la estación del Metro en Plaza Cataluña y ambas habían congeniado estupendamente. Tanto era así que María Teresa otro día fue a su casa y la amiga Matilde que era lesbiana se había acostado con ella y la había iniciado en un insólito juego erótico, por lo que ahora mi mujer se había enamorado perdidamente de su anfitriona y en consecuencia habían decidido hacer una vida en común.

- ¡Pero esto es demencial! - le dije yo totalmente descolocado; como si me hubiese caído un rayo encima.

- Matilde me ha hecho descubrir una parte sensual de mi persona que yo desconocía hasta ahora. Y esto me ha abierto los ojos. Me ha hecho comprender que nuestro matrimonio es una farsa, surgido de un sistema tradicional que está muerto desde hace mucho tiempo. Y ahora que hay libertad quiero dar un nuevo giro a mi vida. Por eso es conveniente que nos separemos - insistió ella tozuda.

- O sea. Que todo el bienestar que te he proporcionado en todos estos años no sirve para nada - le respondí con un temblor de piernas.

- Tú eres un buen hombre; demasiado bueno diría yo, pero no me haces vibrar. Además te he visto unos detalles que no me gustan nada, pero nada, nada...

- ¿Ah si? ¿Y de qué detalles hablas?

-No sé... Detalles en los que se refleja tu egoísmo - expresó con ambigüedad.

- Mira que cosas. ¿Y qué va a ser de las niñas?

- Nada. Soy su madre; las quiero con locura y siempre me tendrán a su lado para lo que sea. No te preocupes que ya hablaré yo con ellas.

- Oh, que buena y sacrificada eres - dije en un tono irónico-. Y bueno. ¿Cómo se supone que debo de reaccionar yo ahora? ¿Te debo de apoyar con una sonrisa de jilipollas porque de lo contrario soy un energúmeno; un hombre machista y posesivo que no te deja vivir tu espacio de libertad?

- No seas sarcástico, Guillermo.

- ¡Soy como me da la gana! - estallé al fin dando una patada a una silla que habia en la estancia.

Mas María Teresa se fue a vivir con su íntima amiga tal como lo había planeado, por lo que nos tuvimos que separar por la vía legal. Aquella burbuja en la que se movía aquella autcocomplaciente sociedad había reventado y ya nada volvería a ser como siempre había sido.

Pocos días después de aquella traumática separación fui a Pueblo Nuevo a ver a mis padres, y en el portal de aquel inmueble me crucé casualmente con Gregorio Fullat, que era el hijo del doctor que en su día me curó las anginas y quise saludarlo. Se trataba de un hombre de edad indefinida, alto y delgado, con el cabello blanco.

- Usted es el hijo del doctor Fullat que vivía aquí.

- Sí. ¿Y usted es...? - preguntó él.

- Me llamo Guillermo Pellicer; de pequeño también vivía en un piso de este inmueble, y su padre me visitaba cuando estaba enfermo.

- Ah.

- ¿Es usted sacerdote como dijo su padre? - inquirí.

- No. Lo dejé hace ya unos años. Ahora soy profesor de Filosofía y doy conferencias en medo mundo. La Teología es un montaje eclesiástico heredado de la Edad Media que nada tiene que ver con la mentalidad del hombre actual. Pero como dicho montaje del que se derivaban unos supuestos valores morales, ha sido durante muchos años una rama del Poder político, y dado que dicha fuerza política es lo que la gente respeta sin cuestionarse nada, al desmoronarse ésta y con ella los consabidos valores morales, cada cual hace lo que quiere esté bien o esté mal - dijo el señor Guillermo Fullat con una media sonrisa-. No existe ningún Dios que nos premiará o nos castigará en el Más Allá.

- Entiendo.

- De hecho, este desmoramiento empezó cuando en en el año 1889 el filósofo alemán Nietzsche anunció la muerte de Dios - continuó el señor Fullat-. Pero él no se refería a un Dios místico, sino al dios de la Razón suficiente que venía de la Ilustración. Se terminó el concepto de la Verdad absoluta que era una emanación de Dios. Y esto ha propiciado una fuerte crisis de valores que ha derivado en la vida líquida que es lo que rige hoy en día. Un líquido se amolda a cualquier recipiente sin ningún problema de un modo similar al ánimo humano que ahora se aviene a cualquier circunstancia. En la actualidad cada sujeto tiene "su verdad" que siempre es subjetiva y discutible porque a la verdad objetiva aunque ésta exista ya no se la contempla. En el presente ya no hay nada fijo porque todo está supeditado a un relativismo emotivo y hedonista. Lo que hoy es blanco mañana es negro y nada es seguro. Ya el mismo Einstein era un relativista; así como también lo es la Teoría de la Incertidumbre Cúantica. No se sabe adónde irá a parar una partícula elemental de un átomo cualquiera en la sinuosidad de su recorrido.

- Dígamelo a mí que mi mujer que se ha educado en un colegio de monjas me ha abandonado para irse a vivir con una lesbiana - le dije yo con pesar-. ¿O sea que ya no hay unos valores en los que confiar?

- Oh, siento lo de su mujer. Pero sí que hay dos valores que se mantienen en pie. El primero es la dignidad personal, y el segundo es la eficacia. Usted sea eficaz en su profesión y todo el mundo le respetará.

- Ya. ¿Y el amor?

- ¡Huy! Esto es más complicado en función de esta vida líquida. Usted procure encontrar a una buena mujer que le comprenda, pero no se duerma en los laureles, porque como ve todo puede volverse del revés.

Di las gracias a Gregorio Fullat por haberme dado aquellas explicaciones, y regesé nuevamente a mi casa.

 


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