Semáforo en verde

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Lo mejor era salir corriendo de la habitación y no parar hasta llegar al muelle. Pero el enano, con la pistola apuntando a la cabeza de mi amigo Juanma hacía imposible que saliera de aquel lugar.

El enano en realidad no tenía ningún interés en mí.

Había pedido que me marchara.

No con estas palabras, precisamente. El cabrón usaba el lenguaje para meter el miedo en el cuerpo. "A tomar por culo, chico". Esas fueron exactamente las palabras que usó. Pero yo estaba petrificado. Y meándome encima. Juanma gimoteaba.

-Esto siempre pasa cuando un guapito cree que puede tirarse a una mujer como la mía. Es una hembra de verdad, ¿no te parece? Pero resulta que la hembra está loca por mí, por mi polla, y está loca también por mi dinero. Tengo mucho dinero. ¿A que no lo sabías?

Entonces le ordenó que fuera quitándose la ropa. Que se desnudara. Y fue en ese momento cuando me echó un primer vistazo.

Sonrió como un padre.

Lo digo en serio. Supe en ese instante que no me haría daño. Me perdonaba.

-¡Desnúdate, coño!

Juanma lloraba como una Magdalena. Se desnudó en un minuto. El enano se le acercó. Con la pistola le sobó los huevos y la polla.

-Grande. Polla cojonuda. No miente mi mujer. Ella me lo dijo, ¿sabes? Antes de que la matara me lo dijo. "Tiene una polla así". ¿Por qué me miras con esa cara? ¿Te duele saber que la maté? ¿Y qué iba a hacer con ella si cuando me lo contó todavía hablaba como si tuviese tu polla en la boca? Supe que no iba a olvidarte como a los otros. Esta polla aquí presente lo era todo para ella. Una mujer, mi mujer, y tu polla. Así que la mate pegándole un tiro en la cabeza. Bang. Ya sabes. Es lo que voy a hacer contigo. ¿Lloras por ella o lloras porque estás cagado de miedo al saber que vas a morir? Arrodíllate.

Juanma arrodillado y temblando.

El enano volvió a mirarme. Otra mirada de padre.

-Acércate, chico.

-Yo no..

-Que te acerques.

Lo hice, claro.

-¿Es tu amigo?

-Sí.
-¿También tienes una polla como la suya?

-No.

-¿Más pequeña?

-Mucho más pequeña

Le disparó en la frente.

Comencé a llorar.

El enano dejó caer la pistola.

-¿Qué hacemos aquí todavía? A la puta calle. Tengo que buscar otra hembra; y tú, que lo sepas, has ganado un nuevo amigo.

.............................

Aquí estoy, paseando con el enano por una calle atestada de gigantes. 

Compruebo que todos los hombres lo miran con miedo. Se alejan de él. Se agarran los huevos y la polla. Todos.
.......................
El semáforo para el enano siempre está verde.


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