JHERA Y FAMILA

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Estaba cumpliendo el servicio militar en Alicante, dormía en un piso alquilado con otro compañero del cuartel, de la misma compañía, con el que compartía además de los gastos de la casa las comidas. Además, solíamos salir juntos por la tarde noche a tomar algo en los distintos garitos de la zona del castillo.

Habíamos compartido una semana con nuestras novias en el piso el mes de agosto y se acababan de marchar. Salimos a tomar unas cervezas para pasar el rato y allí estaban, en el bar, sentadas en la barra tomando un refresco, las dos solas. Sin ninguna intención nos sentamos en las banquetas que estaban a su lado, las dos únicas que estaban libres, y pedimos dos copas.

Al poco se acercó Julio hacia mí y me dijo que una de ellas no hacía más que mirarnos y la otra se había girado ya dos veces a instancias de su amiga. Empezamos a mirarlas y las saludamos con la duda de si hablaban español, porque era evidente que eran árabes por el color de piel y las facciones. Contestaron al saludo en perfecto español.

Empezamos a charlar y resultó que eran hermanas y bastante cultas. Jhera, la mayor, tenía veinticinco años y era maestra de educación infantil. Famila con veintitrés años había estudiado un módulo especializado en el cultivo de cebada para la elaboración de cerveza, a pesar de vivir en un país musulmán.

Estaban a la espera de recibir dinero del socio de su padre desde Paris porque era problemático enviar dinero desde Argelia. El giro postal se estaba retrasando y estaban empezando a tener problemas económicos durante su estancia de vacaciones en Alicante.

Las propusimos irnos a la discoteca que había el puerto, en los bajos del hotel Meliá, y aceptaron encantadas. Al entrar nos dimos cuenta de que casi toda la gente que había era árabe y no nos sentimos cómodos, no hacían más que observarnos al ser blancos y estar acompañados de mujeres árabes.

Decidimos marcharnos y nos fuimos a la zona de la Plaza Mayor a tomar copas, ya sabíamos que bebían alcohol a pesar de su religión. Entré en el bar con Jhera a pedir unos cubatas y cuando salimos Famila y Julio se estaban morreando en la terraza. Al verlos Jhera comentó que su hermana no perdía el tiempo.

Dejamos las copas en la mesa y nos sentamos un poco aparte de la parejita que seguían comiéndose entre ellos y ya la mano de la chica descansaba sobre la bragueta de Julio. Por nuestra parte, no sentimos atracción entre nosotros y nos dedicamos a charlar. Al final decidimos irnos a casa los cuatro y nada más llegar Julio se metió en su cuarto con Famila a follar.

Jhera me comentó que las dos tenían novio y que su hermana no lo respetaba demasiado, nos echamos a reír, porque los jadeos se oían desde el salón. Media hora después salieron y se sentaron con nosotros. No sé cómo se desarrolló realmente el tema pero la realidad es que aquella noche decidimos que se vinieran a casa el resto de sus vacaciones. Por prevención nos enseñaron sus pasaportes con el sello de entrada legal en España. Siendo militares no queríamos meternos en problemas.

Quedamos en el Postiguet al día siguiente a las tres de la tarde para comer algo e irnos casa. La única cama de matrimonio que había en la casa estaba en la habitación de Julio y se la dejamos a las chicas. Él se trasladó a dormir al salón y yo seguí en mi habitación sin tener contacto físico con Jhera. Dos días después, entré en la habitación de las chicas a coger ropa del armario y estaban las dos dormidas con tan solo las bragas y los pechos al aire. Me fijé por primera vez en Jhera y la verdad es que estaba preciosa.

Al día siguiente, al levantarme de la siesta, me encontré con Jhera en el salón mientras su hermana follaba con Julio en la habitación. Estaba sentada en un sillón mirando hacia la calle desde el balcón. Me acerqué por detrás y empecé a jugar con su pelo negro y rizado. Me miró y me cogió la mano. Rodeé el sillón y me quedé delante de ella, me agaché y la besé en los labios. Fue ella quien metió su lengua en mi boca.

Me senté de frente en sus muslos y muy pegados empezamos a besarnos. Empecé a acariciarle los pechos por encima de la ropa y ella misma se la desabrochó para tomar contacto con su piel. Empecé a jugar con sus oscuros pezones y poco a poco me deslicé hacia abajo para chuparlos, al tiempo que metía la mano entre sus muslos.

Me bajé al suelo y me puse de rodillas, tiré de sus piernas hacia mí y resbaló en el asiento hasta quedarle el borde a la altura del culo, metí las manos por debajo de su faldita y le quité las bragas. Ya con la cabeza entre sus piernas y la lengua haciendo que gimiese, le introduje dos dedos en el coño. Se corrió y cuando se los iba a sacar me pidió por favor siguiera, quería correrse otra vez.

Con dos orgasmos a cuestas por su parte decidimos que era mi turno. Volvió a sentarse y yo me puse de pie en el sillón, ya sin calzoncillos, dejando la polla a la altura de su cara. Me la cogió y avanzó la cara hacia mí metiéndosela en la boca. Estaba pensando en que la postura tenía su morbo cuando me dijo que la follara por la boca y no parase hasta correrme. Quería mi semen en su boca. Con mi primer espasmo me presionó el culo contra su cara y noté que la tenía en la garganta, donde descargué, mientras me apretaba con espasmos la punta al tragarse mi corrida.

Al bajarme del sillón ella se dio la vuelta y me ofreció el culo. Se untó de saliva los dedos y se los pasó por el anillo, una vez lubricado se introdujo un dedo primero y otro más después. Cuando se los saco me dijo que me pusiera saliva en la polla y se la metiera poco a poco por detrás. Cuando se la metí entera me dijo que la follara con fuerza mientras ella se tocaba el coño. Era evidente que la estaban doliendo mis embestidas y que el dolor la excitaba, a judgar por sus gritos pidiendo que la penetrara con más fuerza.

Yo estaba a punto de correrme otra vez y al darse cuanta me pidió que aguantara un poco más y me corriera con ella. La estrechez del recto me estaba llevando al orgasmo, conseguí esperarla y con su primer grito al correrse me dejé llevar dentro de ella. Después nos quedamos quietos un rato con mi polla dentro de su culo.

Esa misma noche se trasladó a dormir a mi cama y por primera vez la penetré por el coño. En el segundo polvo se colocó con las piernas totalmente abiertas y fuera de la cama, fue dulce y sin prisas. Yo me puse entre sus piernas y la penetré al mismo tiempo que le acariciaba el clítoris con la yema del dedo. Después de dos orgasmos suyos, me tumbo en la cama y se ocupó de mi polla con la boca, nunca me la habían chupado con tanta dulzura. Me corrí plácidamente mientras pasaba la lengua por el capullo y se tragaba mi placer.  

Solo les quedaban tres días de vacaciones antes de tener que volver a su país. Los aprovechamos follando como si necesitáramos recuperar los días perdidos. Al llegar a casa lo primero que hacía era bajarme los pantalones y chupármela hasta que me corría en su boca, después follábamos y cuando yo no podía más, la chupaba a ella hasta que tenía al menos dos orgasmos.

Desgraciadamente, cuando se marcharon, no volvimos a saber nada de ellas.


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