Sexo a cambio de dinero

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− ¿Estás segura de esto? - le preguntó una chica madura que usaba peluca negra y tenía los labios pintados de rojo chillón.

- Necesito el dinero. - respondió la joven.

- Esto no está hecho para todas. - 

- Ya... pero soy razonablemente atractiva y siento curiosidad. -

- Sí, no estás mal.

      Lucía, que así se llamaba la joven de piel pálida sonrió. Tenía pelo castaño, cara de niña buena, tetas de tamaño medio y un buen culo... o eso le habían dicho.

      La mujer sacó el móvil y le mostró varias fotografías, hombres maduros de entre cuarenta y cincuenta y tantos años. 

- Bien, estos son los tipos que podrían estar interesados.

- ¿Casados? - preguntó Lucía.

- Hay de todo... alguna preferencia.

- No... bueno sí, ¿cuál es el más solvente?

    La mujer le mostró la foto de un caballero de 50 años con entradas y un pelín de barriga. No era ni de lejos atractivo, pero los había peores.

- Tiene mirada de buena persona... ¿está casado?

- Lo estuvo... ¿importa?

- No, lo único que importa es el dinero...

- Ya... bueno, el acuerdo es el que es, ellos pueden pedir cosas, pero son caballeros ante todo... tú decides... pero empieza poco a poco, no todo es dinero y hay que dejarles con ganas...

- Ya... ¿tú hasta dónde has llegado?... digo, alguno...

- Ya no soy tan joven... el cuerpo pierde firmeza... al final los individuos con los que salgo quieren cosas menos... convencionales... 

********************************************

       El encuentro tuvo lugar en el minibar del hotel. Lucía eligió para la ocasión un modelo sencillo, camisa blanca y falda negra. Antonio, que así se llamaba el tipo, vestía con pantalón de traje, camisa y chaqueta sin abrochar. No usaba corbata. Tomaron una copa y apenas intercambiaron unas frases.

- ¿Subimos a la habitación? - dijo él.

     Lucía apuró la copa de un trago, se levantó del taburete y a pesar del nerviosismo, sonrió lo mejor que pudo.

****************

- Ponte cómoda. - dijo el hombre dejando el sobre en la mesa.

      La chica se quitó los zapatos de tacón y miró a su alrededor. Cortinas verdes, una cama grande, una pequeña nevera y una puerta que conducía al cuarto de baño.

- ¿Está todo ok? ¿Quieres tomar algo? - dijo Antonio

- Todo bien. - dijo guardando el dinero acordado en su bolso.

- Acércate. - le dijo mientras la miraba de arriba a abajo con deseo.

La mujer se arrimó percibiendo el olor a colonia masculina.

      El hombre la tomó del brazo y acercando el rostro la besó en la boca. Ella tardó unos instantes en reaccionar, pero enseguida abrió la boca y dejó que la lengua de su cliente explorase su boca. El beso tenía un sabor amargo.

- Quiero follarte. - dijo el varón sin más rodeos cuando sus rostros se separaron.

- Vale. - respondió la joven con voz sensual.

- Vamos al baño y me ayudas a ponérmelo.

    Lucía agradeció el detalle. Si tenía que "tirarse" a ese hombre, bueno, mejor saber desde el principio que le iban a meter.

      Antonio se bajó los pantalones y los calzoncillos. Bajo la tripa, rodeado de una buena mata de pelos, colgaba el miembro viril.

- Necesito que esto crezca un poco... ¿puedes quitarte la camisa y enseñarme los senos?

        De manera sensual, como si estuviese bailando a cámara lenta. Lucía se desabrochó la camisa y se quitó el sostén dejando al aire sus bonitos y firmes pechos. 

     El hombre pellizcó con suavidad uno de los pezones y luego, con algo más de ansiedad, se aplicó a la tarea de manosear de mil maneras las tetas haciendo que la chica gimiese. El miembro comenzó a animarse.

- ¿El condón? - dijo Lucía tomando la iniciativa por primera vez.

- En el cajón. -

    Lucía agarró el pene medio erecto con sus manos y comenzó a estimularlo acompañando el proceso con algún que otro chupeteo. Luego, con habilidad, desenvolvió el preservativo y vistió al pajarote que ya palpitaba.

    Loco de deseo, Antonio hizo que la mujer le diese la espalda. Le levantó la falda y le bajó las bragas dejando a la vista un delicioso culete de apetitosa rajita y tiernas nalgas.

- ¿Te gusta mi trasero? - 

- Me gusta.... inclínate. - ordenó el varón.

      Luego apoyó la mano izquierda en la espalda desnuda mientras que con la diestra colocaba el pene en posición.

Gimió al metérselo. 

- " ah" - repitió dando un nuevo empujón.

    La espalda de Lucía se arqueó y se mordió el labio ahogando un gemido mientras esperaba el tercer envite.

     Pronto el ritmo aumentó y el sonido de los genitales masculinos al chocar contra las nalgas se mezcló con los gemidos y jadeos de ambos protagonistas. Antonio no tardó mucho en alcanzar el clímax.

****************

- ¿Satisfecho con el servicio?

- Sí. - respondió el cliente.

- ¿Algo más?

- ¿Algo cómo qué?

- No sé... casi todo... por un precio.

      Antonio pensó por un instante en azotar ese culo, aunque quizás eso no fuese apropiado... era un culo demasiado bello... pero... y si ella quería.

- Una pregunta... ¿tú haces esto solo por dinero?

Lucía sostuvo la mirada durante un par de segundos y luego sonrió de manera artificial.


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