UNA FAMILIA HISTÓRICA 3

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No era raro que en muchas familias burguesas hubiese el "oveja negra". Se trataba un sujeto que al haber roto con la sacrosanta ideología del padre, o por inestabilidad emocional se había desmembrado de ésta para decantarse hacia el lado heterodoxo o revolucionario de la sociedad, por lo que siempre lo echaban de los trabajos para terminar dando "sablazos" a sus amigos y a los más allegados como era el caso de Bartolomé. No obstante en aquella ocasión el hermano de don Carlos no venía a pedir dinero sino a que le cuidasen porque se sentía muy enfermo.

- Me encuentro muy mal, Carlos -  le dijo Bartolomé a su hermano-. Si salgo de este trance te devolveré todo el dinero que me has prestado y no te molestaré más.

- Anda, cállate - le respondió don Carlos al tiempo que comprobaba que su frente estaba ardiendo de fiebre.

Efectivamente Bartolomé estaba muy enfermo y sentía terribles escalofríos. Así que el ambiente familiar se puso en marcha con gran agitación e instalaron al paciente en la habitación de los huéspedes y se ordenó a una criada a que fuera a avisar al doctor Vila cuya consulta estaba bastante cerca de donde vivía de don Carlos.

El facultativo no tardó en llegar al domicilio de don Carlos y examinó detenidamente al "oveja negra" de la familia.

Mientras tanto todos esperaban anhelantes el acierto del diagnóstico del doctor Vila que dependía de su buen "ojo clínico" el cual consistía en una aguda sabiduría tanto empírica como inuitiva que le permitía recetar el idóneo remedio que curase al infeliz Bartolomé.

Sin embargo el diagnóstico no podía ser más desalentador.

- Este hombre tiene una grave neumonía que la lleva arrastrando desde hace días - notificó el doctor con gravedad-. Yo haré lo que pueda por salvarle, pero será mejor que vayan a buscar a un sacerdote para que le dé la Extremaución. Pues sólo el Altísimo tiene la última palabra.

Y es que a pesar del talento de los médicos, como aún no se habían descubierto los antibiióticos, la Medicina se veía impotente ante aquella enfermedad.

Con aire acongojado don Carlos mandó ir a buscar al sacerdote de la parroquia más próxima, quien no tardó en presentarse con su casulla, la estola y los Santos Óleos acompañado de un monaguillo.

El cura era un tipo alto y huesudo; de una tétrica expresión que imponía un temor reverencial, ya que se consideraba que era el representante de Dios en la Tierra y por ende la autoridad moral. Por eso cuando cruzó aquel largo pasillo las criadas se arrodillaron a su paso fervorosamente, y no tardó en adentrarse en la habitación del enfermo.

Al cabo de unos minutos salió el sacerdote y Concepción que era una mujer muy religiosa quiso dialogar con él.

- Mire, mosen que este desgraciado venir a morir aquí... - se quejó ella.

- Es la voluntad del Señor. Esto es una prueba de caridad, hija mía - respondió conciliador el cura.

-¿Y a usted cómo le va? - se interesó la mujer.

Al clérigo se le ensombreció la mirada y contestó:

- Para serte sincero estoy muy preocupado. Resulta que ahora los laicos quieren que haya escuelas en las que vayan ambos sexos, y esto es provocar la lujuria entre los jóvenes para que caigan en el peor de los pecados, y se condenen para toda la Eternidad. Porque ya sabes el refrán: "El hombre es fuego, y la mujer estopa. Viene el diablo y sopla".

- ¡Jesús María y José! ¡Cómo están los tiempos! - se escandalizó Concepción. Aunque ella por otra parte toleraba que su marido Carlos García como muchos otros burgueses de su condición se viese de vez en cuando con una "querida" con la que practicaba ciertas fantasías sexuales

- Sí. Pero esto no es lo peor. Tengo muchos compañeros que han sido amenazados de muerte por los anarquistas, que son unos enemigos de la Iglesia - contó el párraco.

-¡Que horror!

Faltaban muy pocos años para llegar al año 1909 que fue cuando estalló la célebre Semana Trágica en la que se quemaron muchas iglesias y conventos debido al envío de tropas militares a la guerra de Melilla para reforzar al ejército español que había sido derrotado en aquel lugar al ir a defender unos intereses económicos de la patronal. Pero sobre todo dicha quema de iglesias se produjo porque estaba inducida por la demagogia anticlerical del político Alejandro Leroux. a quien la clase obrera lo tenía en un pedestal.

- Y dime hija mía. ¿Has decidido confesarle a tu marido que eres cinco años mayor que él tal como te aconsejé? - le preguntó el párraco.

- Oh no, mosen. No me he atrevido - reconoció ella sintiéndose pillada en falta.

- Pues muy mal hecho, hija mía. Porque lo peor es el engaño. Y éso además de ser un pecado muy grande te puede perjudicar en el futuro - la regañó el cura.

Había ocurrido que Concepción de soltera no cuajaba con ningún pretendiente y ya sobrepasaba la edad de casarse, por lo que corría el riesgo de quedarse soltera o"para vestir santos" -como se decía-. Así que cuando conoció a don Carlos decidió ocultarle los años que tenía para poder esposarse con él, ya que la costumbre de aquel entonces era que la mujer fuese mucho más joven que el varón, para que éste mantuviera una falsa ilusión de autoridad proteccionista sobre ella.

El doctor Vila se pasó unas noches vigilando la evolución del enfermo que gracias a los fármacos que le sumistraba seguía estando con vida. Era el caso que de cada diez pacientes aquejados de neumonía, dos podían salvarse y el resto no lograba superar aquella enfermedad. Pero para sorpresa del doctor sus fatídicos pronósticos no se cumplieron y Bartolomé pudo burlar la visita de la Dama de la Güadaña.

- Gracias a mis cuidados y a la intervención Divina, la neumonía del señor Bartolomé ha hecho crisis - anunció el médico a la familia con una cansada sonrisa.

Y todos celebraron aquella buena nueva, que se inerpretó como un milagro.

En la actualidad aunque se ignore la historia de nuestros antepasados, nosotros no podemos evitar de ser las ramas del mismo árbol que se sembró en aquel ayer.

 

 


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