Tirar La Toalla

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En un pequeño pueblo del centro del estado, vivían unos adolescentes que se tenían mucha estima, Liliana era una joven chaparrita de curvas muy pronunciadas y Pablo era un deportista de corazón que siempre había tratado de ser boxeador profesional, hasta que un día su manager, que era una persona bien relacionada en el medio del boxeo, le consiguió una pelea por el campeonato estatal, esta oportunidad pudiera ser una catapulta para posteriormente irse a pelear a nivel nacional e internacional por bolsas de dinero mayores.
El manager, al preguntarle a Pablo que si estaba dispuesto a pelear contra el campeón, en combate que se realizaría 6 semanas después, aceptó sin dudarlo, mostrando una cara de emocionado, no lo podía creer, esta era su oportunidad, así, chocó las manos como signo de compromiso. Inmediatamente se puso a entrenar, estaba muy motivado realizando cada uno de los ejercicios que le indicaba su manejador. Cuando termino su entrenamiento se bañó y se fue a buscar a su chaparrita para avisarle la gran noticia.
Liliana al recibirla, no se alegró tanto, sabia cuáles eran los peligros que corría Pablo al enfrentar al campeón, una ocasión que habían platicado con sus hermanos le dijeron que el campeón tenía un tatuaje en forma de lagrima, porque había matado a un oponente. Ella abrazó a Pablo y le comentó lo que había oído del campeón, que era peligroso, que mejor no peleara, que ella sufría mucho cuando sabía que iba a pelear y no le gustaría estar tan nerviosa cada vez que esto sucediera. Pablo trato de tranquilizarla, pero ella lo amenazó con que iba a ir a la pelea con una toalla blanca escondida, y que, si veía que lo estaban golpeando demasiado, ella misma tiraría la toalla para terminar la pelea, él sintiéndose seguro de sí mismo, le dijo que estaba bien y como promesa le conseguiría un asiento en la primera fila para facilitarle el trabajo.
Pablo estaba entrenando tres veces al día para estar en la mejor condición de enfrentar el duro reto que estaba a la vuelta de la esquina, seis semanas se pasan en un abrir y cerrar de ojos. Él tenía muchas facultades, por eso se había animado a hacerse boxeador profesional, lo veía como única esperanza de salir de la pobreza en la que habían vivido. Sus papás eran personas trabajadoras, que solamente le aseguraban la alimentación, de manera precaria, lo demás era imposible para ellos.
Se llegó la fecha de la pelea, un día antes era el pesaje, sería la primera vez que se vería cara a cara con el campeón, Pablo al ser el retador sería el primero en subirse a la báscula, no tuvo ningún problema dio el peso exacto, el campeón al subirse a la báscula, tuvo problemas con 200 gramos, su entrenador le ordenó que se quitara la mayor cantidad de ropa para no ser multado por sobrepeso, entre 2 personas taparon la vista parándose delante de la báscula con una toalla extendida. El campeón en son de juego dijo no vayan a tirar la toalla porque sería muy penoso y soltó una risa juguetona, Pablo recordó lo que le había dicho su amada Liliana de tirar la toalla, en sus adentros sintió si sería una premonición. Con la maniobra que habían hecho dio el peso necesario y el campeón se vistió. Posteriormente se pararon frente de la tarima y se vieron las caras, posando para la foto de los reporteros que estaban cubriendo el evento. Pablo al acercarse al campeón pudo ver el tatuaje de la lagrima, símbolo de muerte.
Al día siguiente Liliana, fue a buscar a Pablo, le dijo que mejor no lo hiciera, que como quiera trabajando duro juntos saldrían adelante tarde o temprano. Pablo le contestó que confiara en él y en sus puños, que los sentía más fuertes que nunca. Pablo le entregó el boleto de la primera fila para cumplir con su compromiso y se despidieron con un abrazo largo en donde los pies de la chaparrita flotaban.
Liliana sin perder tiempo fue a comprar una toalla a la tienda de telas del pueblo, la señora dependienta, que sabía quién era Liliana, le preguntó en forma sarcástica ¿pues para que quieres la toalla? todos estamos apoyando al Pablo para que sea campeón, es muy bueno, debemos confiar en él, no vayas a cometer un error muchacha y le quites la posibilidad de ser campeón. Liliana le contestó, estoy muy nerviosa, no quiero que le hagan daño o que lo maten, Pablo es el amor de mi vida. La dependienta le contestó, nosotros lo hemos visto entrenando diariamente y puede ganar, eso dicen los que saben de eso. Liliana pago y se fue con su toalla enredada en una bolsa.
A las 8 pm, todo estaba listo, la pelea de Pablo seria la estelar, como quien dice la última de la noche. En total serian 3 peleas. Liliana estaba sentada en la primera fila desde el inicio de la función. La primera pelea fue muy mala, uno de los boxeadores se quebró la mano con el codo del oponente y se terminó rápido. La segunda pelea se fue hasta el final de los rounds, pero creó una angustia mayor para la joven, que oía los golpes que se daban los oponentes, fue mucho castigo. 
Estaba todo listo para la pelea estelar, Liliana abría su bolsa cuadrada de mezclilla en donde traía la toalla blanca para salvar a su amado Pablo. Empezó el combate, era una pelea a 6 rounds, en el primero solo se estuvieron estudiando ambos boxeadores. El manager de Pablo que era muy experimentado pudo darse cuenta que cuando tiraba la derecha el campeón bajaba mucho su guardia, así se lo hizo ver a Pablo que podría sacar ventaja de dicho defecto. Pablo lo hizo, pero sufrió un golpe de regreso que lo puso en malas condiciones, se tambaleaba del golpe y estaba aturdido, por suerte la campana sonó para salvarlo. Liliana había estado a punto de detener la pelea. En el siguiente round Pablo conectó al campeón un gancho al hígado y cuando bajo la guardia le propinó un izquierdazo en el mentón que lo dejo tambaleando, todo el público se levantó de sus sillas, en eso con un derechazo recto en la nariz acabo con el campeón. Todos gritaban por la hazaña que están presenciando, nadie en la puebla había sido campeón estatal, Pablo lo había conseguido. Liliana se sentía muy contenta, parecía un pavo real, se acercó al ring, lo beso y le dijo a Pablo en el oído, que lo esperaba en donde él ya sabía.
Dos horas después, se presentó Pablo al lugar acordado, entró lentamente, estaba iluminado solamente con velas, se podía oler un perfume muy sutil, en eso salió la chaparrita tapada solamente con la toalla blanca y con voz sexy, le preguntó: ¿quieres que tire la toalla?


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