¡Reencarné en un elfo! Cap. 19

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Capitulo 19. Una cena a la sombra del bosque.

En las profundidades del Gran Bosque.

“… al fin… puedo… descansar…”

Tras caer bajo la sombra de un árbol, intenté recuperar mi aliento, pero, con cada respiración, un dolor agudo penetraba mis costillas. Las piernas me temblaban y sentí como si nunca más pudiera levantarme de ese lugar.

Mientras yo luchaba por no morir de cansancio, Alakai daba vueltas entre los árboles cercanos en silencio. Noté que usaba su magia, pero no pude entender nada de lo que hizo. Cuando terminó su trabajo, abrió un paño en el suelo con todo los que nos quedaba para comer.

“No te duermas aún, debes alimentarte primero. Esta vez tenemos más tiempo.”

Como si sus palabras encendieran un foco en mí, dejé de sufrir por los dolores y me acomodé para poder comer cualquier cosa. Tomé unas frutas pequeñas y ácidas, dándoles un mordisco al tiempo que soltaba un largo suspiro.

Setas, bayas y yerbas, realmente no puedo seguir soportando esta dieta. Diez días han pasado desde que escapamos del orfanato y nos sumergimos en las profundidades del bosque. Diez días comiendo comida de cerdos y pollos.

Si solamente encontrara un cerdo o un pollo…

“Un momento… han pasado diez días y es la primera vez que dices que tenemos tiempo para comer y dormir. ¿Estoy soñando?”

“No es un sueño, diez días, ya recorrimos bastantes kilometrelfos desde esa tarde. Si hubieran tenido medios para alcanzarnos, ya lo habrían hecho, por lo que estimo que nos alejamos lo suficiente como para que el rango de búsqueda sea enorme. Al menos creo que demorarían un mes en descubrir los pocos rastros que no borré.”

Con el rostro más relajado que le he visto estos días, Alakai tomó un puñado de frutas ácidas y las comió lentamente con los ojos cerrados mientras se acostaba en el suelo del bosque.

“Veo que no te cansas de dormir en el suelo ni de comer comida cruda…”

“Nosotros nacimos para ser uno con el bosque, no para vivir en ciudades desconectados de nuestras raíces. Si eres uno con este entorno, nunca pasarás hambre, sed, enfermedades ni peligros. ¿Acaso no sientes cómo ha aumentado tu conexión con el Gran Bosque estos días?”

¿Mi conexión con el bosque? Intenté cerrar los ojos y sentir lo que me rodea. Una suave brisa trajo consigo el olor a humedad, hojas, cortezas y otros aromas que jamás había sentido antes. No había notado la gran cantidad de aves que cantaban a lo lejos, ni el agua que corría cerca, ni los insectos que estaban en todas partes…

En un instante me puse de pie y me sacudí rápidamente la cabeza, las manos y los pies.

“Ahora que lo dices… definitivamente no podré dormir tranquilo esta noche. Necesitamos hacer un campamento.” Comencé a ordenar mis ideas y pensar en las pocas cosas que aprendí en mi anterior vida que podrían ser útiles en un momento como este. “¿Podría el fuego delatar nuestro paradero?”

“¿Fuego? ¿Cómo harías fuego en primer lugar? Algo como eso deja bastante rastro, pero no hay forma en que lo puedan vincular con nosotros. Además, si realmente puedes hacer fuego, no me llamaría Alakai si no te recompensara con un gran banquete para celebrarlo.”

“¿Lo dices en serio? ¡Entonces no lo olvides! ¡Esta noche habrá banquete!”

Con el espíritu renovado, comencé a observar mi entorno y las herramientas con las que contaba. Es evidente que no traía conmigo un pedernal, gasolina ni cerillas para hacer el trabajo fácil, por lo que tendría que acudir a una gran astucia o al cansador trabajo manual…

*FRUFF* *FRUFF* *FRUFF*

 “¿Qué haces?”

Sentado con las piernas entrelazadas y con mucha concentración comencé a frotar una vara de madera en un pequeño agujero con algo de yerba seca. No pude pensar una manera más inteligente para hacerlo.

“Fuego, ya verás como incendio este hermoso bosque con mis llamas infinitas.”

Mi frase sonó bien, pero la realidad era bastante deprimente. En muy poco tiempo se me cansaron las manos y comencé a sentir dolor agudo en la piel. Me cuesta acostumbrarme al cuerpo de un niño pequeño, es tan blando y suave, como el de una persona que jamás ha limpiado una mota de polvo en su vida.

“Oye, detente, si sigues solo te harás daño, desde aquí puedo notar tu sufrimiento… creo que llevaste la broma demasiado lejos.”

“¡No es una broma!”

Rindiéndome de la situación, lancé la vara al aire y comencé a soplar mis palmas con aire frío para reducir el ardor.

*PAF*

Tomando en el aire la vara que lancé, Alakai se puso se pie y se acercó a mí con una mirada seria. Como la de los adultos cuando están a punto de retar a un niño.

“¿Dices que, si frotas esto lo suficiente, podríamos encender una hoguera? ¿Cómo sabes algo así? No es que no te crea, solo que jamás he escuchado de algo así. No nos conocemos, por lo que no quise reírme de ti, solo pensé que realmente estabas bromeando.”

Al ver que su mirada mostraba sinceridad, acepté sus palabras y tuve una leve idea de las divergencias de conocimientos entre el planeta del que vengo y este mundo de fantasía. Por ahora ese era un secreto que no deseaba exponer, por lo que pensé en una excusa que me fuera de ayuda en futuras situaciones como ésta.

“Aprendí observando a los adultos de la aldea de donde provengo. En ese lugar es raro ver alguien que maneje la magia con tanta facilidad como tú. Mi madre me decía que tenía que valerme por mí mismo, por lo que siempre acompañaba a los adultos en el trabajo y aprendí observando.” Fingí una cara melancólica, pero, esta se convirtió en genuina cuando realmente recordé un poco de mi vida anterior y los amigos que ya no podré volver a ver…

Antes de hundirme esos recuerdos, una mano me frotó el pelo y otra me tiró una oreja.

“No te pregunté por tu pasado, no tienes que recordar esas cosas tristes. Oye, concéntrate en mis palabras y dime: ¿Qué tengo que hacer para crear fuego con este palo?”

“Pues… necesitas que gire sobre sí mismo de manera constante en un lugar donde no se mueva. Aquí puse un poco de yerba seca que encontré, la necesito como yesca para iniciar el fuego. Con la fuerza justa, la yesca se encenderá y con cuidado hay que colocar varas secas hasta que el fuego tome fuerza.”

Mientras le explicaba el proceso, miraba con atención cada uno de los elementos mencionados, como si estudiara un complejo sistema ingenieril y pensara en cómo replicarlo a su manera.

“Déjame intentarlo.”

Me alejé unos pasos para no entorpecer. Con sus manos más desarrolladas, quizás logre en unos minutos lo que me tomaría una hora. Tomé asiento cerca de las frutas ácidas y comencé a comerlas sin placer, solo por intentar silenciar el vacío en el estómago que no ha dejado de rugir desde que escapamos. Sin embargo, con la vida en juego estos diez días, realmente me acostumbré a no saciarme del todo al comer y concentrar mi mente en solo dormir y escapar. Logré alcanzar un estado equilibrado de hambre que puedo soportar sin sufrir dolor.

*FIUUUU*

Tras solo unos segundos de alejarme, una muy suave corriente de viento comenzó a circular entre las manos de Alakai. Al medio de estas, la vara de antes giraba a un ritmo constante y poco a poco la acercó a la yesca atrapada en un agujero. Lo hizo con tal naturalidad que me confundió unos momentos, y dudé si realmente él no sabía hacer fuego de esta manera.

“¡Kalkuu mira! ¡Lo logré! ¡Realmente está saliendo humo! ¡ESTOY CREANDO FUEGO! ¡HA, HA, HA! ¡HA, HA, HA! ¡AUUUUUH!”

Como una escena de la era de los cavernícolas, Alakai bailaba y hacía ruidos extraños mientras quemaba todo lo que había cerca para alimentar el fuego. Aunque me sentí un poco intimidado por su entusiasmo, me acerqué con más leña y algunas piedras para convertirlo en un lugar apropiado para acampar.

“¿Alakai, esto significa que me gané un banquete?”

“¡Claro que sí! ¡Por mi hermano será un banquete digno de año nuevo! ¡Mantén el fuego encendido ya regreso!”

Con gran euforia se alejó corriendo del lugar y se perdió entre el denso bosque. Realmente estaba muy feliz por el fuego, digo, a mí también me hace feliz el fuego, pero él parecía haber descubierto el fuego en sí, lo cual superó todas mis expectativas.

Con la moral alta por sentir que el fuego y el humo calentaban mi cuerpo, secaban la humedad y alejaba a los insectos, comencé a armar una fogata digna de soportar un banquete. Si es lo que yo imagino, hacia la dirección que corrió Alakai debe haber un río… y donde hay un río hay pescados… pescados asados…

El mero pensamiento de comer pescado asado despertó nuevamente a la bestia del hambre que habitaba mi estómago. Comenzó a rugir y a retorcer mis intestinos ansiando una comida abundante, llena de proteínas animales y grasas saturadas. La boca se me llenó de saliva y tragué fuerte mientras buscaba las mejores estacas para ensartar los peces… no se podían quemar, no podían quedar crudos, esto tenía que ser perfecto.

El tiempo pasó mientras avivaba las llamas.

Al inicio limpié un perímetro circular para el campamento, juntando piedras, ramas y hojas en un solo lugar. Luego, me animé un poco más y dividí las brasas en tres pequeñas fogatas en triángulo alrededor para dar calor y hacer una división entre la vida salvaje y las personas. Al final, la ansiedad por el pescado me obligó a mantenerme activo y pavimenté todo el lugar con cenizas para secar la humedad del suelo.

Tras mucha espera, un sonido familiar llegó desde los árboles.

“¡Volví hermano! ¡Vaya qué fuego! ¡Este será un banquete inolvidable!”

Con un poco menos euforia, pero no menos feliz, Alakai llegó con el torso desnudo, como si se hubiera sumergido para pescar, y su polera servía como malla para todo lo que pudo capturar. La sonrisa en su cara mostraba la suficiencia del cazador exitoso.

Depositó con cuidado el saco improvisado en el suelo y lo desamarró para mostrar su preciado contenido.

“¡Setas de río! Suaves y carnosas cuando están crudas, firmes y jugosas cuando se queman con cariño. Y no solo eso, también encontré maíz rojo, camote norteño, yerbas de…”

“Setas… setas de río… entonces sí fuiste al río… entonces, dime, ¿Es tan mala es nuestra fortuna que los peces no quisieron salir a nadar hoy?” Con una lágrima solitaria rodando por mi cara, todas mis ilusiones culinarias fueron fulminadas.

“¿Peces? ¡Claro que había peces! Como en cualquier río lleno de vida en el Gran Bosque. Vi unos enormes salmones que nadaban contra la corriente, eran tantos que tuve que esperar que pasara todo el cardumen antes de sumergirme. Pero definitivamente las setas de río lo valen con creces, déjame preparar todo, no tienes que hacer nada más.”

Totalmente ignorante de mi sufrimiento, Alakai tomó los pinchos que hice para insertar los peces y los llenó con unos enormes hongos de diferentes tonos de azul. Luego tomó los camotes y los envolvió en unas hojas largas antes de enterrarla entre las brasas. Con una gran maestría, ningún ingrediente fue desperdiciado a pesar de los pocos utensilios improvisados.

Cuando estaba todo listo, me llamó entusiasmado por el resultado. Yo realmente me sentía derrumbado por dentro, no podía superar la decepción de no comer pescado ni quise aceptar que prefirió un puñado de hongos a un cardumen completo de salmones… Con el cuerpo pesado me acerqué y acepté toda la comida ofrecida, tampoco iba a dejar que todo el esfuerzo que puso en ello se desperdiciara.

Con una mano tomé un pincho de hongos y un olor fuerte llenó mi nariz. Era una mezcla entre alcachofa y remolacha. Lo comí con miedo al inicio, pero, más allá de lo esperado, realmente tenía buen sabor y textura, junto con los olores ahumados de la leña, fue una comida bastante decente.

“¿Es delicioso verdad?” Alakai desenvolvió un camote asado y lo partió en dos, soltando al aire todo su aroma dulce. Sin dudarlo, acepté la porción que me entregó y sentí un nostálgico sabor a las papas asadas de mi vida anterior.

Este no es mi concepto de banquete, pero realmente es la mejor comida que he tenido desde que llegué a esta nueva vida. Una vida que solo me ha dado desgracia tras desgracia. En ese momento, tanto mi estómago como mi corazón se sentían felices por primera vez.

“Lo es.” Sin necesidad de decir más, ambos comimos en un cómodo silencio.

Cuando llegó la noche, los sonidos del bosque cambiaron. Las aves eran cada vez más silenciosas mientras que diversos insectos comenzaron su rutina nocturna de zumbidos. En el cielo, las altas copas de los árboles apenas dejaban de ver el cielo estrellado, lo cual tenía su propio encanto.

El fuego seguía ardiendo constante y se volvió el centro de atención mientras el ambiente se enfriaba lentamente.

“Mañana al alba podríamos ir al río nuevamente. Si quieres ver salmones, será fácil verlos pasar a esa hora. Mientras los contemplamos, caminemos contra la corriente para llegar a algún lugar habitado. Con algo de suerte, podremos conseguir información de nuestra ubicación y las opciones que tenemos para evitar que nos encuentren. También nos vendría bien algo de ropa limpia, calzado y algunas herramientas básicas para ser autosuficientes.”

“Hermano mayor, admito que sin ti estaría completamente perdido. No entiendo muchas cosas del sentido común, en mi pueblo vivíamos muy aislados de cualquier otro asentamiento. Creo que, para las cosas que mencionaste, necesitaremos algo de valor equivalente, o bien, trabajar en algo que nos permita costearlo. ¿No tienen esos actos un alto riesgo de exponer nuestras identidades?”

Aunque tuviera un cuerpo de niño, mi mente seguía en sus treinta. No había tal cosa como almuerzos gratis en el mundo, pero tampoco entendía las reglas de esta sociedad, así que naturalmente me preocupé. ¿Qué nivel económico tendrían dos huérfanos prófugos?

“Al menos tienes una buena cabeza ahí. Normalmente no tendríamos otra opción que recurrir a la caridad, a riesgo de ser enviados a otro orfanato. Sin embargo, no somos totalmente pobres.”

Con una sonrisa extraña, abrió uno de los bolsillos de su pantalón y sacó un puñado de algo brillante.

“Esto…”

“Exactamente, cristales de la gema nuclear. La misma con la que rompimos el ventanal y caímos en el baño de mujeres. Si te preguntas por cuándo los tomé, solo diré que los recogí luego que todos cayeran dormidos. No me juzgues, ya había pensado que, tras el escape, necesitaríamos algo para valernos por nosotros mismos.”

Mientras estaba algo perdido recordando los sucesos extremos de ese día, Alakai comenzó a explicarme sobre el alto valor de la gema nuclear, y que cada uno de los cristales nos permitiría conseguir todo lo que necesitamos y guardar para el futuro.

“¿Has pensado algún destino después del siguiente pueblo?”

“Tengo algunas opciones en mente, pero no conozco los mejores lugares ni las rutas más rápidas. Necesitaremos preguntar casualmente a los aldeanos. Por otro lado, independientemente de lo que nos digan, las opciones reales son tres. La ciudad capital de la zona norte, las rutas de caravanas que van al noreste, o la marca fronteriza.”

“¿Marca fronteriza? ¿La frontera de qué?”

“Del bosque, obviamente. ¿De qué más sería? Pero es la última opción, es un lugar donde se vive al borde de la ley, donde la protección del bosque es más débil y definitivamente no quieres estar cerca del exterior.”

La curiosidad me produjo comezón en el cerebro. Tenía demasiada información nueva sobre este mundo que no logro asociar con nada conocido. Tampoco quise bombardear con preguntas sobre todas las cosas, no solo es algo agotador, sino que también puede exponer demasiado mis secretos.

“¿Qué estás pensando? Te lo advierto, más allá del bosque solo te espera la muerte. Normalmente no le diría esto a nadie, porque es lo más evidente, pero, como dices venir de un lugar aislado, necesitas saber que la vida como elfos que somos solo existe dentro del Gran Bosque. Más allá es tierra de fantasmas, monstruos y bestias sedientas de las almas de los vivos. Recuerda, por nada en el mundo debes ir más allá de la frontera.”

El rostro serio de Alakai reemplazó su anterior afabilidad. Podía sentir hostilidad y miedo en sus ojos mientras me daba tales advertencias.

Un escalofrío recorrió mi espalda al imaginarme tales peligros. Hasta ahora, lo máximo que me causaba miedo en este mundo nuevo eran las personas del orfanato y las arañas del bosque, pero en este momento, todo eso parecía insignificante.

“¿Fa-fantasmas?”

De súbito, las llamas parecieron bajar en intensidad de golpe, dando un ambiente aún más tenebroso.

“Sí. Dicen que cuando los vivos dejan de respirar, su energía espiritual regresa al universo. Nadie escapa de eso, salvo dos excepciones: los seres que mueren con demasiado odio en su corazón y los que mueren a manos de los demonios. En ambos casos, un rastro de tus recuerdos se materializa en un ser espeluznante… capaz de entrar a tus sueños y llenarlos de pesadillas mientras succiona cada centimetrelfo de tu alma…”

“Grrrr…”

“¿Escuchaste eso?” Un gruñido espeluznante sonó cerca de mi cuello paralizándome unos instantes del terror. Con toda mi fuerza de voluntad, luché por dar vuelta mi cabeza, como si una fuerza invisible me sostuviera fijo en mi lugar.

“Grrrr…”

La adrenalina calentó nuevamente mis músculos y pude juntar la suficiente fuerza para enfrentar lo desconocido. Frente a mí, un animal similar a un ratón, pero del tamaño de un cerdo se acercaba paso a paso, moviendo su repugnante nariz para oler su presa.

“Alakai… dime que no es uno de los monstruos que mencionabas recién.”

Ante una bestia de ese tamaño, con mi cuerpo de niño y sin ninguna herramienta, realmente sentí que mi vida volvía a estar en peligro. Inconscientemente me puse detrás de Alakai buscando su protección… es lo único que puedo hacer…

“Buenas noches señor tapir. ¿Está buscando una cena nocturna?” Contrario a mi actitud, él se mostró muy educado con la bestia, incluso hablando de manera formal como si se tratara del anciano de una familia. “Yo soy Alakai y este niño es Kalkuu, hoy nos dimos un gran banquete de setas de río. ¿Quieres alguna?”

Como si se tratara de un vendedor de pan, Alakai envolvió los restos del banquete en hojas frescas y se acercó casualmente al ratón gigante. Contrario a mis expectativas, el animal no usó su boca, sino que tomó el regalo con una mano y enterró su nariz en él para disfrutar de su aroma. Luego, sin ninguna otra consideración, dio la vuelta y volvió a trote al bosque para disfrutar su cena.

“¿Qué? ¿Realmente crees que los monstruos pueden entrar al bosque? Te lo dije antes, mientras te mantengas dentro de las fronteras, no te faltará nada, ni comida, ni comodidad ni seguridad. Somos todos hermanos en un mismo organismo, tanto los árboles como el señor tapir son iguales a ti y a mí, sin ninguna diferencia real. No le temas a nada, solo a las personas.”

La calma regresó a mi cuerpo. La historia de fantasmas y el encuentro con ese animal extraño fue demasiado coincidente. Mi cabeza estaba totalmente agotada tras la ola de información nueva tras pasar diez días casi en total silencio. Tenía muchas preguntas, no obstante, también tenía mucho tiempo para hacerlas y digerirlas poco a poco.

Tales pensamientos me adormecieron poco a poco. Me acomodé a una distancia prudente de la fogata y me tendí en el suelo de costado con los ojos cerrados. Al fin sentía como poco a poco se llenaba el vacío eterno de mi estómago, esta será una buena noche.

“Alakai… una pregunta.”

“¿Aún sigues despierto? ¿En qué piensas?”

“¿Cómo diferencias los hongos comestibles de los tóxicos o venenosos?”

“La verdad nunca había buscado hongos antes, solo los que nos enseñaban en el orfanato. Recuerdo escuchar algo sobre unas setas que enfermaban al comer, pero, si has comido setas toda tu vida, ya te debiste volver inmune a cosas así. Porque… definitivamente comías setas en tu aldea… ¿verdad?”

“…”

“¿Hermano menor? ¿Kalkuu estás bien?”

“… creo que necesito ir al baño.”

Y así, una noche que terminaba casi perfecta, se convirtió en el inicio de mi nueva vida como elfo… como elfo con diarrea.


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