La ilusión de viajar

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Enviado el , clasificado en Ciencia ficción
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     Julio se apuntó al programa para viajar. En el pasado, cuando viajar era real, lo que más le gustaba era el día del viaje de ida, ese día interminable que empezaba de madrugada, aun dormido pero con la energía de esos nervios que hacen cosquillas en el estómago y acababa con olor a una noche también oscura, pero distinta a la de tu país. Y si además, el propósito del viaje era visitar al ser amado, entonces el revolotear de mariposas se multiplicaba, la sonrisa nacía sola y una alegría incontenible, impulsada por la fuerza de la ilusión, inundaba todo de manera contagiosa.

         El presente, sin embargo, no era así. Era un presente en el que se habían plasmado muchos temores futuros; tantos, que la única manera de escapar era sumergirse en otro mundo. Y en eso sí que había habido avances,  la realidad virtual era indistinguible, al menos eso decían, del mundo real...Bueno, de lo que había sido el mundo real.

        El día acordado, Julio se encontró en una sala junto con otras personas, personas que también iban a viajar. No estaba nervioso, ni una pizca nervioso, si acaso sentía curiosidad y quizás, un poco de decepción. La promesa del viaje estaba ahí, y en el "destino" iba a experimentar todo lo que ya no se podía experimentar en la realidad. Sin embargo, viajar sin "viaje", llegar allí en un instante, ¿era viajar? Y luego había otro detalle... ella no estaba esperándole. Si lo pensaba fríamente, a él le gustaba viajar con ella... sin ella, sin ella el mundo no tenía colores.

      Todo esto, la parte de que ella no estuviese ahí, se lo contó a la persona que le vendió el viaje.

- No se preocupe. Nosotros podemos crear a esa persona.

          Julio había mirado con incredulidad al comercial al principio, pero luego, por curiosidad, había pagado el extra.

       El lugar era increible, con colores vivos, bellos sonidos y el tacto de la brisa, perfecto. Caminó un tiempo oliendo las flores y notando la textura de las rocas.


     Al final del camino, en la puerta de la cabaña, estaba ella, más guapa que nunca. El timbre de su voz, la manera de moverse, su conversación, su sonrisa. Todo perfecto.

     De repente, el rostro de Julio cambió y un sentimiento de angustia le invadió... quizás fuese una tonteria, pero tenía que probarlo. Inició una discusión con su compañera virtual, busco enfadarse con ella, intentó romper la armonía, dañar el algoritmo. La respuesta fue muy buena, perfecta.

      Sin embargo, un sentimiento de irrealidad hizó que la angustia regresase. Ella no era así, no era perfecta, le había querido pero también le había irritado... ese algoritmo no era ella, ese maldito programa le estaba dando todo lo que él deseaba, parecía adelantarse a sus anhelos, pintaba sus sueños, lo idealizaba todo... Sin pensarlo dos veces busco el código de salida, leyó en alto la cadena de 21 números y volvió al mundo real.

Llovía, hacía frío y no había nada bonito tras la ventana de su piso. Se aferró a los recuerdos, imperfectos, quebradizos, incluso dolorosos... pero más reales, más humanos, que ese mundo perfecto al que muchos querían viajar.


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