Elige bien antes de entrar a robar en una casa (2/2)

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La venda se desprendió de mis ojos y frente a mí me encontraba…la anciana. Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo. ¿Cómo una mujer tan vieja podía haber sido capaz de golpearme ella sola y atarme a la silla?

-¿Qué te sucede, no te gusta lo que ves? Preguntó ella mientras reía y se sentaba frente a mí en su silla de ruedas.

Mis ojos continuaban abiertos como platos ante tremenda escena.

-No entiendo nada respondí.

-Desde que compré este cuadro, han sido innumerable las veces que han intentado robármelo. Así que cansada de estar siempre sola mientras mi sobrino se va de fiesta por ahí a gastarse mi dinero, lo que hago es secuestrar a los ladrones y aprovecharme de ellos para que cumplan mis fantasías sexuales. ¿No te había dicho nadie nada?  Soy famosa en la zona, por eso dejé correr el rumor de que era una anciana indefensa y dolorida la nueva dueña del cuadro, los ladrones dejaron de intentarlo y yo me aburro muy fácil.

Intenté retroceder y alejarme todo lo que pude de ella apoyando mis pies sobre el suelo y dando pequeños golpes sobre el respaldo de la silla. Pero todo esto solo provocaba la risa de aquella mujer la cual me seguía sin cansancio alguno con su silla de ruedas.

-Qué coño me has hecho tragar puta loca comencé a exclamar

-No me llamo puta loca sino Luz y respondiendo a tu pregunta, en unos minutos lo sabrás.

Seguí intentando escapar de aquella mujer, pero terminé encontrándome con una pared, la cual me dejó arrinconado ante ella. Luz puso los seguros a la silla de ruedas y poniéndose en pie comenzó a denudarse.

Una fina chaqueta de lana de color beige junto con una camisa azul cielo y una falda hasta las rodillas de color negro eran las prendas que cubrían aquel anciano cuerpo. Sin apartar la mirada de mi ser, Luz fue quitándose la chaqueta lentamente hasta que arqueando su cuerpo ligeramente hacia atrás y colocando sus brazos paralelos el uno con el otro hizo que la chaqueta fuese deslizándose entre ellos hasta caer por su propio peso al suelo. Observando más detenidamente su cuerpo me di cuenta que de que en verdad no parecía tan anciana como lo aparentaba. Luz debía rondar los 65, pero la combinación de aquella ropa junto con el moño que se había hecho y las gafas negras de pasta que llevaba aparentaba mucho menos.

La camisa se notaba que era de las caras, sobre todo por el dibujo que hacían sus pezones sobre aquella tela. Estaban tan excitados y duros que se podían divisar a kilómetros de distancia, aquella mujer le gustaba tanto el placer que se permitía el lujo de no llevar sujetador alguno. Seguro que era de esas mujeres que está en un lugar público y empieza a pellizcárselos al mismo tiempo que fantasea con alguien de su alrededor.

Luz comenzó a desabrocharse uno a uno los botones de su camisa. Ninguno de ellos puso resistencia alguna, salvo el último, el cual parecía ser el único que jugaba a mi favor. A diferencia de la chaqueta, la camisa permaneció en su sitio, parecía que Luz intentaba torturarme con la duda de que se escondía bajo aquella prenda. Vaciló durante un rato ante mis ojos y cuando lo consideró oportuno, dándose media vuelta apoyó sus brazos sobre los reposabrazos de la silla de ruedas que se encontraba tras ella y poniéndome el culo en la cara se bajó la falda de un solo golpe.

Fue en ese momento cuando una especie de cola de zorro cayó frente a mi cara. Nada de lo que estaba sucediendo tenía lógica alguna. Dejando la falda a sus pies, Luz se sentó en la silla y devolviéndome la mirada que antes me había negado comenzó a masturbarse.

Sus piernas formaban una especie de uve doble (W) invertida frente a mis ojos, cada una de sus piernas descansaba sobre los brazos de la silla dejando a plena vista su sexo. Aquellos labios se veían usados, como si un centenar de pollas hubieran pasado por ellos, como si litros y litros de semen se hubieran corrido encima, pero debo reconocer que invitaban al sexo y a la lujuria. Una mata de pelo ocupaba la parte superior del mismo, tal era la cantidad que Luz debía cavar con sus dedos si estos querían llegar a rozar su clítoris…

Su dedo índice fue el primero en entrar en contacto con su yo interno, hasta tal punto de provocarle tal placer que comenzó a revolcar todo su cuerpo en la silla para intentar no correrse y echar a perder por completo la fiesta en un segundo. La cola de zorro parecía estar viva, se movía por momentos, tal fue mi asombro por ella que Luz decidió hacerme partícipe de ello.

-¿Sabes de qué se trata? Preguntó ella con tono morboso.

Mi silencio respondió por mí, lo que provocó su risa. Agarrando con una de sus manos la extremidad de la cola, empezó a estirar de ella a medida que iba viendo como su ano se iba dilatando poco a poco.

Aquel plug salió como alma que lleva el diablo, provocando un orgasmo que se clavó entre las cuatro paredes de aquella habitación. Al mismo tiempo que Luz permanecía anestesiada por aquel momento de placer, un calor comenzaba a emanar procedente de mi entrepierna.

-Parece que lo que te he dado empieza a surtir efecto dijo ella.

-Qué me has dado repliqué.

-Es obvio cariño, viagra. Los hombres no soléis follar muy bien que digamos y yo soy una mujer muy exigente así que debo tomar precauciones…odio quedarme a medias.

Mi sexo iba creciendo por momentos y eso era algo que a Luz le estaba encantando. Sin dudarlo ni un segundo bajó la cremallera de mi pantalón y sacó mi polla por aquella apertura. El movimiento fue tan bruco que mi piel se desgarró al entrar en contacto con la cremallera de mi pantalón hasta tal punto de provocar un ligero sangrado.

-¿Te han dicho alguna vez que las heridas se cura con saliva? Y tras dicha pregunta la cual no necesitaba respuesta, Luz puso sus rodillas sobre el suelo y comenzó a chuparme el miembro. La saliva de su boca entraba en contacto con mis heridas provocándome una mezcla de placer y dolor que hacía que solo quisiera más de aquella pobre anciana. Pensándolo en frío éramos idénticos el uno al otro, yo había entrado para robar su joya más preciada y ahora ella me estaba devolviendo la jugada. Mis constantes gemidos de placer y de dolor acabaron por desquiciar a Luz, hasta tal punto de introducirme el plug en la boca.

Ahora yo era el animal en aquella sala. Intenté escupirlo, expulsarlo de mi boca por todas las formas habidas y por haber, pero Luz no me lo permitió. Quiero que me saborees me dijo. La combinación del material de aquel juguete junto a la de su ano formaban una combinación para nada desagradable a mi paladar, justamente lo contrario me atrevería a decir. Fue tal el placer que comencé a jugar con el plug como si de un chupete se tratase, ya no lo chupaba para intentar vomitarlo sino para que entrase cada vez más y más fuerte en mi garganta. 

Cansada de felar mi miembro, Luz se levantó y haciendo uso de su poder, agarró el cuadro tirándolo al suelo; todo me pareció una locura hasta que cogiéndome de la silla sobre la que me encontraba atado me lanzó sobre el cuadro. Caí despavorido, aturdido por el golpe, tal fue el impacto que creía haberme roto, pero lo que verdaderamente fue la silla junto con el cuadro.

Mi resignación por ver mi fortuna hecha añicos me hizo olvidarme por unos segundos de Luz, la cual aprovecho para introducirse de nuevo el plug en su recto.

-Oye…se escuchó a mis espaldas.

Fue entonces cuando al girarme Luz se abalanzó sobre mí y rodeándome con sus piernas como lo había hecho al principio de la noche, comenzamos a follar sobre aquella obra de Picasso. Luz se había soltado la melena, ahora parecía otra distinta; su mirada se clavaba a través de sus gafas sobre nuestros sexos, se excitaba cada vez que veía su coño engullir mi polla hasta lo más recóndito de su ser. La vagina de Luz no lubricaba para nada, tal vez sufriese de menopausia, mejor dicho, era obvia su menopausia, pero esa resequedad vaginal nos producía tal dolor a ambos que nos enfermaba a continuar. Con cada movimiento de nuestros cuerpos podía notar la cola de aquel animal que me estaba follando, no es ninguna metáfora ya que me estaba follando realmente a una zorra.

Cansado de que aquella camisa estuviera privándome de algo tan placentero como eran sus pechos aproveché mi libertad momentánea para arrancársela de inmediato. En ese momento dos pechos manchados de arrugas y estrías cayeron sobre mí. La punta de mi lengua comenzó a surcar los ríos de piel que formaban aquellos pliegues dados por la edad. Fui recorriendo todo el mapa hasta encontrarme con dos grandes islas a las cuales bauticé como pezones. Se trataban de dos circunferencias perfectas las cuales tenían una especie de saliente en su epicentro, el cual no dude en morder para estar seguro de que nada de aquello se trataba de un sueño. Un ligero gemido y arañado de Luz me hizo darme cuenta de que todo era tan real como la vida misma.

La pintura del cuadro empezó a derretirse a consecuencia del calor que emanaba de nuestro fuero interno, hasta tal punto de empezar a fusionarnos con la obra. Luz y yo comenzamos a decorar nuestros cuerpos con pintura, no solo follábamos, sino que clavábamos nuestras manos en los charcos de pintura que se creaban a nuestro alrededor al mismo tiempo que dejábamos muestras en el cuerpo del otro de que hubo un momento en el que fuimos arte.

Al igual que todo artista sentíamos que nuestra obra no estaba terminada, así que siendo yo ahora el que agarraba el extremo de la cola de zorro y Luz rodeándome con sus brazos, comenzamos a cabalgar el uno sobre el otro hasta que siendo el momento exacto en el que ambos nos corrimos, estiré lo más fuerte de aquella cola haciendo que el orgasmo de esa zorra se multiplicase por dos.

Ambos permanecimos el uno encima del otro, terminando de fundirnos por completo con la obra. Dejando que el semen proveniente de mi polla, el líquido de su vagina y la sangre de su ano formasen una nueva escala cromática. 


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